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Poemas  de ...

Por Poemas de ...



Poemas de Emilia Bertolé (Santa Fe)

 

09.08.2017 20:45

EL VIAJE 

Este es el barco que espero desde niña.

Y el mar, cuyo sabor aún no conoce mi boca madura.

Me ciñen apretados adioses

y en el aire, detenida, se ha quedado mi mano desnuda.

El cielo va tomando el color de los cielos

que he mirado entre sueños,

cuando apagan el paisaje los velos grises de la lluvia.

Un hombre se inclina para tomarme entre sus brazos,

blando puente piadoso en el que apoyo, sumisa,

mi sien húmeda.

Barquero que ya tiene la misteriosa orden,

para que la travesía se cumpla.

Voces me nombran para retenerme;

mi corazón dormido ya no escucha.

Este es el barco, amigos, que espera desde niña

la mujer fatigada que no ha viajado nunca.

 

VIAJE

He aquí mi mar nocturno

en el que viajo absorta,

viajera inmóvil,

tibio ovillo de sombra.

 

Cómo brilla la luna de diciembre

en el movible espejo de las olas

tan al alcance de mi mano yerta

y de la brasa de mi boca.

 

Afuera el alto cielo, el viento triste

en mi terraza silenciosa.

 

NOCTURNO

Oscurece, tu voz me llega

como el rumor de la noche misma.

I tus ojos, que han contemplado todos los paisajes de la tierra

viajan ahora por mis sienes tibias,

por mi boca madura, ávida de conocer qué misterioso cielo

te oculta mi sonrisa.

 
Te escucho i siento cómo, a pesar mío,

tus palabras me invaden, lianas estremecidas.

 

Estoy así, frente al sutil acecho

de tus palabras i de tus pupilas,

lleno el pecho de luna i de un oscuro anhelo,

vacilante, perdida…

 

Alma, dame la deslumbrante zona sin frontera

de tu silencio i de tu fantasía.

Alma, clara columna, en la que aún se apoya

desgarrada, mi vida.

 

PALABRAS

Vanidad de las calles,

de la gente que pasa,

con la torpe acechanza de los hombres

y de sus miradas

que se posan tenaces como moscas

en mi piel pálida.

 

Y el encuentro imprevisto

con el pobre amigo de cara trágica,

que me cuenta su angustia

mientras yo le hablo con mi voz más cálida

del amor a la vida:

yo que no espero nada.

 

¡Ah, la tortura íntima

de esta escena diaria!

Tener el alma muerta

y regalar palabras.

 

YO EN 1935

Alma para los viajes sin itinerario,

¿hacia dónde? ¿hacia qué?

Alma inestable y ávida la mía

¡audaz y tímida a la vez!...

 

Continente de sueño; episodios de sueño…

Quizá un sueño apenas yo también.

 

Más que a la muerte temo a la cárcel del límite

y a la desesperanza de conocer

tras la imaginación que me inventé horizontes

donde hay alta pared.

 

He perdido el humano instinto de conquista

¿Acaso lo tuve alguna vez?

Siempre he mirado con pena de ausencia

las cosas que he querido poseer.

 

Y en la vista colmada de los otros,

más que viva certeza quiero ser

el liviano tesoro de un cambiante,

sutil, triste recuerdo de mujer…

 

MIS MANOS

Mis manos, ciertas veces,

dan la rara impresión de cosa muerta.

 

Palidez más extraña no vi nunca;

marfil antiguo, polvorienta cera,

y en el dorso delgado y transparente

el turquesa apagado de las venas.

 

Carne que bien podría

si la rozara una caricia ardiente,

deshacerse en ceniza

como esas flores frágiles y tenues

que en el fondo oloroso de los cofres

en fino polvo ámbar se convierten.

 

¿En qué siglo remoto florecieron

estas dos pobres rosas extinguidas?

¡Un milagro, sin duda, las conserva

aquí, sobre mi falda todavía!

 

INSOMNIO

Estoy insomne en esta noche larga,

larga como ninguna.

Estoy insomne y hago a las tinieblas

una grave pregunta…

 

Puntos verdes, azules, en las sombras

fingen los ojos curioso que escrutan mi dolor.

A todos hago la pregunta ardiente

y me responden: No!

 

En caracteres esmeralda,

en escarlata abrasador,

en volutas extrañas se entrecruza

el fatídico No!

 

Cierro los ojos en la noche fosca

para llorar mejor!

 

A UN EXTRANJERO

Acabo de leer tu libro, oh extranjero,

a quien no veré nunca.

Y aún estoy escuchando, estremecida,

tu voz de olvido y de aventura.

Tu roja voz cargada del terrible

atractivo de las cosas inseguras.

Así tu verso lúcido, que se torna

/evasivo

sin que yo logre asir su esencia oscura.

Así tu rostro claro, que de golpe,

se me enturbia.

Has encendido un fuego en la tiniebla

y huyes sin defender su llama pura.

 

Sé que me voy a dormir en esta noche

de cautelosa lluvia:

Tus ojos y tus versos me han traído

la pena más absurda!

 

VERSOS A LA NOCHE IMPOSIBLE

Más allá

de este cielo de chimeneas

está la noche,

pienso inmóvil i tensa.

No la noche sofisticada,

de la ciudad ebria;

turbia del aliento de los hombres i de sus huellas;

sino la alta, pura,

profunda noche verdadera.

La siento aquí, en mi pecho sofocado,

como una presencia.

En el latido de mi sien,

en la ruta violeta de mis venas,

su soplo antiguo crece,

desesperada sed en mi boca que tiembla.

Con qué dolor oigo cómo me nombra el viento

más allá de las paredes que me cercan!

Con qué amargo delirio le echo llave a la puerta!

 

EL VIEJO LIBRO

La lluvia, el viejo libro y tu recuerdo

oh amigo, me han llenado de tristeza.

 

Se diría que en estas claras páginas

que están como impregnadas de tu ausencia,

vive un poco de tu alma, de tus ojos,

de tu sonrisa entre viril y tierna.

Y pienso que este libro, amigo mío,

es el único lazo que en la tierra

une mi vida frágil a la tuya

silenciosa y serena.

 

Lentamente he cerrado el viejo libro

y el alma toda se me ha vuelto niebla.

 

ELEGÍA DE UN SUEÑO

Construyo

con livianos colores imprecisos

un fino rostro de hombre, delicado y viril.

Podría ser un marino

si mi mano trazara a sus espaldas

la gris arboladura de un navío.

Pero me duele aislarlo en la verde lejanía del mar

y en su olvido.

Mejor un bosque, pienso, un bosque de altos árboles negros

en un crepúsculo sombrío

para que se destaque como laminado

su voluntarioso perfil esquivo.

Lo nombraría así, el Cazador nómade,

o el Soñador a quien ha detenido

inmóvil un instante la afelpada

soledad del camino.

Pero le temo a la sigilosa sombra del bosque

y a su desvarío.

Y una ciudad que levante sus muros

deslumbrantes y lisos?

No quiero encarcelar su altiva sien desnuda

en un geométrico laberinto.

Ni en la luz sosegada de una alcoba

desdibujarle todos los caminos.

Vencida, ya no dibuja mi mano;

sólo palpan mis dedos, perdidos,

el fino rostro de hombre que ha quedado por siempre

desnudo de paisaje y de destino.

En tanto ya la lenta marea violeta de la tarde cubre mi pecho estremecido.

 

RETRATO

Pesada cabellera

de reflejos metálicos

enmarca el rostro fino;

y los ojos sonámbulos

son de ese verde turbio, casi negro

de los pantanos.

 

Inquietante la boca

hecha para la risa y el sarcasmo,

es de color carnal, caliente y vivo

de los rojos geranios.

 

Y a pesar de la vida poderosa

que fluye en ondas de su cuerpo blanco,

hay en esta mujer que charla y ríe

no sé qué de macabro.

 

CANSANCIO

La ciudad, amigos, me clavó sus garras

Y así soy ahora / de turbia y extraña.

Tornáronse crueles / mis pupilas claras

Y amarga se hizo/ mi boca rosada / que solo sabía

Compasiva y buena / de dulces palabras.

Ocultan mis manos / bajo el guante tibio

de piel perfumada / las uñas agudas

cual finos puñales / como una amenaza.

Y tras la sonrisa / -sonrisa brillante, perfecta, mundana

bosteza el profundo / cansancio de mi alma.

 

CASAS

Casas enormes llenas de letreros,

casas eternas,

que veo diariamente cuando paso

por esta calle vieja;

un día indiferente,

sin un temblor en vuestra dura piedra,

veréis pasar despacio

envuelto por el agua y por la niebla,

el enlutado coche de los muertos

donde he de ir bien descansada y yerta,

camino del olvido,

camino del reposo y de la ausencia.

 

ATARDECER

Aquí estamos

Tejiendo antiguos sueños.

Ya la tarde ha caído; está azul la ventana

Y hay una fina sombra morada en torno nuestro.

 

Nos borramos en la hora, amigo mío;

ni tu cálido acento

Logran ahuyentar esta espectral atmósfera

en que, como la luz, nos disolvemos.

 

Mi cabellera es como un humo pálido

Y humo tus ojos negros.

Somos dos sombras en la sombra, en tanto

Se deshace la rosa del silencio.

 

LLUVIA

Otra vez la lluvia,

otra vez la extraña

música

del agua.

 

Detrás de los vidrios,

apoyada en ellos mi mejilla pálida,

de mí misma ausente,

miro sin ver nada.

 

Sobre el cristal frío

que mi aliento empaña,

escribe mi mano, al descuido,

no sé qué palabras.

 

VIAJE

Abandonada la cabeza sueño.

No sé

por donde anda el pensamiento ausente.

Acaso, sin querer,

en el camino se me va quedando

como el humo del tren.

 

Blandamente el paisaje se deshace

en el atardecer.

El olvido piadoso,

sobre mi corazón deja caer

en esta hora peligrosa y triste

gota a gota su miel.

 

Incorpórea, distante,

ahora yo también,

entre los rojos brazos del crepúsculo

sólo soy un recuerdo de mujer.

 

EL RETORNO

Final de fiesta, largas

despedidas se lleva el viento frío.

 

Traigo en mis tibias manos

El corazón de un hombre como un pájaro herido.

El deseo de todos

Me sigue como un perro en el camino.

 

Pero yo vuelvo indiferente y triste;

los ojos, la noche sin estrellas, perdidos.

 

LUNA

Oh, la luna encendida como un gran globo ardiente

en esa noche llena de sugestiones cálidas

y este viento que ondula como enorme serpiente

y se enrosca a mis sienes sudorosas y pálidas!

 

Entrego mi cabeza cansada de teorías

a la caricia larga que me torna indolente.

Ah, cómo os vais en humo viejas filosofías

bajo el profundo cielo de azul fosforescente!

 

Ah, no estar en un bosque milenario y salvaje

para cantarte, oh noche, mi pagana canción;

danzaría desnuda entre el negro ramaje

en vez de darte en versos medida mi emoción!

 

ENSUEÑO

En la borda de un buque

soñando despiertos…

Mi mano delgada oprimiendo

tus dedos morenos;

mi cabeza leve

reposando apenas sobre tu hombro recio,

sin dolor, sin amor, sin deseo,

ni en la carne triste

un estremecimiento…

Nada más, amigo,

nada más que tu alma y la mía

en suspenso.

¡Más allá de la vida, del espacio y del tiempo!

Y cerca y lejos,

el misterio verde del mar visionario

y la melopea larga de su acento…

 

¡Prodigioso sueño,

claridad divina de este sueño mío

tejido en silencio,

mientras voy viviendo esta vida amarga,

llena de torturas, rueda de tormento!

 

LLOVIZNA

Paseo, humilde paseo,

te contemplo todavía

mientras el tranvía sigue

despacio su ruta fija.

 

Estás más triste que nunca

bajo la tenaz llovizna.

Hasta de aspecto has cambiado:

hoy pareces una isla,

alguna isla remota

de cuento o de pesadilla.

 

La lluvia me da en la cara;

yo apoyo en la ventanilla

ante el asombro del guarda

mi cabeza dolorida.

 

Agua de lluvia, qué bien

lavas mis viejas heridas!

Emilia Bertolé nació en la provincia de Santa Fe (1896/1949). Pintora, retratista y poeta.  Fue amiga de Alfredo Bufano, Alfonsina Storni y Horacio Quiroga. Formo parte del grupo Anaconda. Su libro de poemas, Espejo en sombra, lo publico en 1927.

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