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El diablo del desierto

 Por UNO DEL OESTE

29.09.2017 10:33

Anda a caballo junto a cuatro amigos (amigos o secuaces según de qué lado se cuente la historia). Corre el año 1909, es época en donde los conflictos en la Patagonia son reiterados. El natural no bajó la guardia del todo como pretendían en el Estado Argentino, el “otro”, el bandolero no se hace cargo que las leyes estén vigentes en ese territorio que pretende, es de él. La ley no alcanza por estos pagos. Neuquén es una provincia nueva, ya que el impulso del gobernador Carlos Bouquet Roldán  en 1904, de mudar la capital a la zona de confluencia, provoca el crecimiento de la región.
 
El nuevo orden estatal, por otro lado, teñía de sangre a Buenos Aires, por la represión de una marcha el 1 de mayo.) día en el qué los trabajadores, socialistas y anarquistas son violentados y las consecuencias atroces, 8 muertos deja el saldo de aquella manifestación. En consecuencia se declara una semana de huelga general. Este hecho se denominó “la semana roja”.
Figueroa Alcorta, presidente argentino, mantuvo el poder hasta 1910. En esta escalada de violencia es asesinado el 14 de noviembre el jefe de Policía, coronel Ramón Falcón.
 
Hay que tener en cuenta que en esa época el término “Bandolero” difiere del significado que se le da en la actualidad.  Los bandoleros eran en su gran mayoría los “extranjeros”, gente que por causas de la nueva administración del país se había quedado sin tierras, y no contemplaba con malos ojos robar al usurpador, al verdadero extranjero que comenzaba a habitar las suyas. Este término, bandolero, se puede emparentar con el “bárbaro”, usado en el imperio romano para denominar a todos los extranjeros, sobre todo los del norte, mayormente de origen germánico que luego serían los responsables de la caída de dicho imperio. 
 
Por otro lado, hay que tomar con pinzas el robo en esas épocas. Los naturales dueños de las tierras y los pobladores que cuidaban las fronteras. En su gran mayoría guachos que, al no seguir las normas del nuevo Estado Los habían destinado a cuidar, de los indios, las fronteras no muy precisas del sur. Los primeros, por cuestiones de supervivencia y porque no, de venganza, robaban las cabezas de ganado para llevarlas al otro lado de la cordillera y venderlas. Mientras que los vigías en los fuertes precarios cumplían la orden del Juez de Paz de salvaguardar las tierras, sobre todo de estos naturales que aún no se daban por vencidos
Juan Balderrama se llama el bandolero, es un jinete que anda en un zaino negro al que los pobladores le atribuyen poderes mágicos. Dicen: 
 
“El animal le anticipa las nevazones y las tormentas, lo guía por los cerros en las noches sin luna (…) El caballo vuela por los cerros cuando se le acerca la milicia (…) Cuando él se acuesta, el caballo le hace campana y si hay un peligro lo despierta de un relincho. Lo cierto es que Balderrama forma parte de una banda de hombres que no están preparados para vivir bajo ninguna ley. Sobre todo cuando ésta está ideada para ir en contra de los pobladores y los nativos”.
 
Los otros cuatro compañeros o secuaces son: Desiderio Troncoso, Juan Sepúlveda, Clodomiro Parada y Luis Navarrete. Todos hábiles jinetes. Roban almacenes de extranjeros ubicados en Neuquén por orden de las nuevas leyes. (Ley de enfiteusis, que fuera puesta en rigor a partir de la campaña del desierto que llevó adelante Julio A. Roca). Los robos son violentos, y en un corto periodo de días. Se calcula que en menos de un mes desbordó de sangre el desierto en base a sus atracos. Todo comenzó con el robo a una mujer; la dueña de un almacén en Andacollo fue para el 23 de julio, a ese le siguió el primero de los asesinatos. 
 
Los hermanos Curra, los árabes; eran los beduinos de la Patagonia, pero en consecuencia de los incesantes robos deciden levantar un almacén en Neuquén. Es allí en donde guardan sus ganancias, entre ellas oro y armas. Balderrama y sus seguidores son alertados de ello y es entonces que arrematen contra los Curra. Estos se resisten y los bandoleros  los asesinan. A esos crímenes y hurtos le siguió el asesinato de un policía por parte de Juan Balderrama que ya tenía pedido de captura. Lo terminó de seis balazos a quemarropa. Balderrama entonces montó en su caballo y se perdió en la espesura de la noche sureña.
 
En un atraco que salió mal y en el qué intervino la policía cae Luis Navarrete. Ahora son sólo cuatro. En principio buscan refugio entre las rocas de desierto, pero luego se apropian de las casas de sus víctimas por un tiempo prudente para luego huir con destino desconocido. 
El contexto anárquico y de constantes enfrentamientos que vive la Patagonia es moneda corriente, en todo el territorio la violencia habita como el desierto y sus vientos gélidos. Un territorio demasiado extenso como para que el nuevo Estado pueda llegar con leyes claras y sobre todo poder hacerlas cumplir. Por eso es que la policía incluso no está del todo equipada.
La leyenda de Juan Balderrama toma ribetes de semidiós, de bandido super poderoso, había matado a un policía y los mismos compañeros de la fuerza le comenzaron a temer. Incluso los dueños de los almacenes esperaban la “visita” de los bandoleros con la Winchester siempre a mano. Los mismos policías se envalentonaban convenciéndose de la siguiente manera:
 
 “Balderrama es un hombre más, como ellos, No tienen que temerle, no es el diablo. ¿Qué tiene un caballo rápido? Sí, pero no tiene poderes especiales. No vuela”
 
Fue una tarde. Neuquén duerme la siesta que se duerme en las provincias. El viento congela las manos. No ladran los perros. Las partidas policiales habían desplegado todo su poderío para dar caza con los bandoleros, pero en especial con Juan Balderrama. Y fue entonces que el destino quiso que esa labor la llevaran a cabo dos policías que lo encontraron de casualidad, el subcomisario Tránsito Álvarez y el agente Guerrero.
Balderrama descansa en una tapera, ellos al verlo lo alertan de no mover una pestaña o disparan; como es de esperar el bandolero no acató la orden. Entonces los policías abrieron fuego. Lo hieren. Acto seguido es llevado a la prisión de Tierra del Fuego.  Tremenda noticia conmociona a la provincia, habían capturado al demonio del sur, junto al caballo de los poderes del diablo.
 
La historia dice que al intentar fugarse murió por un disparo en la espalda que le propinó un guardia de seguridad, sucedió el 30 de noviembre de 1914.
Lejos de allí, en la isla Hoste de Chile, Desiderio Troncoso luego de escapar de la cárcel encontró la muerte a manos de un oficial.
De Clodomiro Parada aún sigue en incognito su paradero. Diferente suerte corrió Juan Manuel Sepúlveda, quién fue embarcado en el “Vicente Fidel López” con destino a Río Gallegos el 19 de febrero de 1918.
 
El caballo de Juan Balderrama tuvo un destino inesperado; al comprobar que corría más rápido que los propios, fue tomado como botín de guerra y finalmente formó parte de las fuerzas del orden de la provincia de Neuquén.
 
Nombre: Juan Balderrama
Fecha de nacimiento: Incierta
Fecha de su muerte: 30 de noviembre de 1914
 
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