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Omar Ramos

Por Omar Ramos

 Escritor / Periodista

El Silencio de los Porteros de Pablo Mourier. Por Omar Ramos

                                                                                  Editorial Barenhaus, 2017

                    TODOS CALLAN: EL GOBIERNO, LA JUSTICIA, LA IGLESIA, LOS SINDICATOS.

04.04.2018 15:08

La novela contemporánea, admite estructuras y registros múltiples que pasan desde lo clásico de contar una historia lineal con un narrador omnisciente, hasta narrar la trama en forma oblicua, lateralmente, incluso invisibilizarla, haciendo hincapié en los personajes, son ellos el tema, o lo es el lenguaje o el tono, como en “Respiración Artificial”, la novela emblemática de Ricardo Piglia.
En el caso del “El Silencio de los Porteros”, de Pablo Mourier, sin llegar a ser un texto de ruptura, su novela oxigena la estructura clásica, poniendo en duda la premisa de que el lector tiene que creerse lo que lee. Su escritura bordea los límites de la verosimilitud, con una historia cargada de ironía y suspenso, no exenta de delirio, en situaciones que en apariencia podrían catalogarse como de lugares comunes y efectistas de no ser por los acertados elementos alegóricos que las atraviesan. La señorita Frías, “sus pechos desbordaban la censura”, “llevábamos dos horas en la cama, lo vi tomar varias pastillas, acababa y volvía a empezar”. O la historia risueña de “¿Request in Pacem?, ambientada en el cementerio de la Recoleta, remite a un subtexto donde la trama se abre como un abanico próspero que agiliza la imaginación, a partir de un suceso irrisorio e intrigante, un grafiti católico que transporta a uno de los personajes a las proclamas del Mayo Francés, a la Resistencia o “a reunirse entre muertos ilustres para defender privilegios conquistados en otro tiempo”.
Las peripecias desopilantes que narra Mourier van desde complots de los porteros de la Recoleta, que conocen la parte oscura de los ricos, “la Recoleta va a temblar”, esos hombres sencillos, que vigilan los edificios donde vive la clase alta, “están tramando algo grande”, un golpe contra los propietarios que despertará la adhesión de los barrios más humildes, hasta el asalto comando a un banco y el saqueó a las cajas de seguridad. La información sobre estos hechos y otros que se narran sin respiro, serán siempre interpretados en forma parcializada por una prensa que crea otra realidad que hoy denominamos posverdad. Otros personajes analizan los sucesos mencionando “viejos resentimientos de clase”, o como un plan próximo a la religiosidad, asociándolos al regreso del romanticismo y las utopías.
En la página final, “Todos Callan”, el narrador explicita su mensaje. Si bien la conspiración de los porteros ha sido acallada por los poderosos y hasta por los propios encargados de edificios, porque ellos saben que tarde o temprano el gran golpe ocurrirá.
La novela de Mourier, en apariencia estructurada por episodios de aventuras, intrigas e incidentes, donde no se escatiman las amenazas, los robos y las muertes, connota detrás de esos sucesos un significado distinto al que expone, de eso se trata lo simbólico, y es ahí donde el autor hace pié y el texto logra su espesura literaria.

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