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Analía  Becherini

Por Analía Becherini

Lic. Ciencia Política
Foto: Oscar Barraza

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Dispersión del texto

 
Dispersión del texto

29.03.2019 13:37 |  Becherini Analía  | 

El análisis textual no es la crítica literaria que se esfuerza por encontrar un sentido al texto conforme a la verdad que considera escondida dentro del texto. Desde hace años se busca la forma correcta de analizar textos. La forma correcta de clasificarlos para que todos entren en alguna ventanita. Nosotros, aquí, vamos a hacer todo lo contrario. Trataremos de extraer las diferencias, la cosa que hace únicos a los relatos. Buscaremos lo que designa la individualidad de cada texto. Una diferencia en la que cada texto es el retorno: someteremos a cada texto a una tipología fundadora. Nuestra evaluación sólo estará ligada a la escritura como práctica.  El valor que le otorgaremos es el de la re-escritura: lo que nos pasa a nosotros con ese texto. La idea es pensar a la literatura como trabajo, la responsabilidad del escritor aquí es no pensar al lector como consumidor (web 1.0), sino pensarlo como un productor del texto que lee (que opina, web 2.0). Dejaremos de pensar al lector como un ente pasivo que recibe al texto, pensaremos a un lector transitando el texto.
 
Interpretar un texto tiene que ver con apreciar lo plural. Esto es, visualizar las redes que coexisten dentro del texto con sus respectivos códigos:  son sistemas de sentidos que se van apreciando y que se relacionan con cuestiones que se encuentran fuera del texto. Son redes adentro del texto que conectan con sentidos del afuera. En este tipo de interpretación no hay estructuras preconcebidas, el texto se expande. Los código se van entrelazando y esparciendo. Cada texto tiene su ADN.
 
Roland Barthes nos habla de lexías  que son cortos fragmentos considerados unidades de lectura. Dichos fragmentos son arbitrarios y se extraen del significado que el lector le otorga. El sentido que le damos a los fragmentos no implica ninguna metodología más que la de apropiarse del texto y re-escribirlo. La lexía es una envoltura semántica, no importa el tamaño de la frase sino el código. Esto es, de qué habla esa sección del texto. Y se va leyendo develando los sentidos que van apareciendo.  Como vemos, el análisis textual no es una explicación del texto a la manera de las escuelas tradicionales en las que se puede apreciar una suerte de plan del texto.
 
El análisis textual no es estructuralista. Más bien es una suerte de detección de códigos según los cuales los sentidos son posibles. El texto se contempla como una red de códigos entre los que algunos predominan y se reiteran. En lugar de buscar  la verdad del texto, su estructura, se rastrea lo plural del texto, las unidades de sentido, las connotaciones. Se sigue el hilo del relato considerando dichos códigos. Este procedimiento es sumamente revelador, es una acción que deshoja al texto de una manera única ya que se prioriza la subjetividad.
 
La connotación es la base teórica sobre la que se sostiene el método que aquí nos ocupa: análisis textual. La connotación es una determinación, una anáfora, un rasgo que tiene el poder de referirse a menciones preliminares, consecutivas o exteriores (concretas de afuera del texto), a otros lugares del texto, y a otros textos. No hay que confundir la connotación con ideas ligadas a mis experiencias personales.
 
Los códigos en el análisis textual son campos asociativos, son una suerte de organización supratextual de claves que imponen una cierta idea de estructura. En un enunciado hay muchas voces, varios códigos que se vinculan a las voces. Los códigos son esencialmente puntos de partida de lo ya leido. Son los puntos de partida de una serie de significantes. Ese supuesto carácter inconexo de los códigos no contradice la estructura, más bien es la parte integrante de la estructuración. La posibilidad de dispersión del texto es justamente la clave en el análisis textual.
 
La lexía en este tipo de análisis es el instrumento de trabajo, es una unidad de lectura. La palabra lexía se toma de un verbo griego: lego-lexo, recoger-decir; lexis, discurso-frase. Se divide el texto en segmentos y se enumeran para facilitar el trabajo. Dichos segmentos el mejor espacio posible en donde se puedan observar los sentidos. Es una selección arbitraria ya que su dimensión depende de la densidad de las connotaciones que es muy variable. En conclusión, si se quiere estar atento a lo plural del texto, hay que renunciar a estructurar el texto en grandes bloques, a la manera de la retórica clásica.
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