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Rosa Oviedo

Por Rosa Oviedo

 Profesora de lengua y literatura. Crítica literaria. (UBA)

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Novela: El Imperio del agua.Cuando las alertas conforman una telaraña temática

 
Novela: El Imperio del agua.Cuando las alertas conforman una telaraña temática

05.05.2019 19:48 |  Oviedo Rosa | 

 La novela de Claudia Ainchil es circular, una conexión entre los personajes y sus vivencias del principio y final, donde hay un recorrido evolutivo en las experiencias narradas. 

Desde el titulo como indicio, la narradora en la piel de varios tipos de narradores, nos transporta en espacio y tiempo a una telaraña temático- poética a través de una gigantesca   metáfora de la historia. En esa inmensidad representada por un imperio que cobra otros nombres  como laberinto y carrusel, fluye la palabra.
 
En un elegante juego espacio-temporal aparece la multiplicidad de citas, de personajes y situaciones mediante un lenguaje cuidado y pensado.
 
El enfoque memorioso con un reloj interno invita a descubrir a los sujetos de esas realidades, es una dialéctica continua entre ellos y los narradores. El narrador protagonista  nos orienta en el recorrido del imperio que guarda celosamente tanta palabra dicha. El narrador omnisciente por su parte nos remite al viaje desde el pasado al presente, nos sumergimos a través de los sentidos, escuchando voces, murmullos, sonidos inesperados y transitamos atentos  hora a hora, minuto a minutos, año tras año en una desmedida y necesaria vigilia con memoria viva para que el pasado no se nos escape, para que los discursos de distintas épocas afloren. Hay una necesidad imperiosa del archivo presente de principio a fin.
 
"Hay que jugarse el pellejo" dice la voz del principal actor en ese laberinto espacial donde las alertas  son el hilo conductor de la telaraña, (el preso)
 
Seguimos atentas/os y desembocamos en una interrupción, tomamos otro cauce que nos presenta (palabras sueltas en un anotador cualquiera) que ademas propone una incógnita a definir; siempre en paginas impares, los mismos funcionan como tratados que pueden leerse en forma independiente, son los ecos anotados como una ayuda memoria en el discurrir histórico con cierta reflexión filosófica.
 
Nos encontramos entonces en un todo, en una cámara sin pausa, en un develar el misterio que hay en la palabra, con vertiginosas citas, en un intensificador registro que debe deslizarse. Nada al azar en esta memoria dialéctica, presencias múltiples de miserias humanas, de palabras vanas o estériles, de roles y existencias que marcaron la historia para pronunciar las alertas. Ellas son la médula, el núcleo narrativo desnudo sin blindaje mediático.
 
No olvidar, recordar, poner sobre el tapete es el compromiso de la narradora con la afirmación de comienzo a fin: "Hay que jugarse el pellejo".
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