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17 de octubre. Por Carlos Boragno

Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.
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23.08.2019 14:24 |  Noticias DiaxDia  | 

Provengo de familia peronista, pero el primero se podría decir, fue el tío Juan.
Él si que dio la vida por el General.
Vivía en el sur. Avellaneda, para ser precisos, a dos cuadras de la sede del Club Independiente.
Uno de sus tantos amigos el día de su velatorio le comentaba a mi abuelo
como había sido aquel 17 de octubre de 1955 .

Ese iba a ser el primer 17 de octubre sin Perón y para el tío y sus
cuatro amigos reunidos en ese viejo bar, frente a la plaza de Avellaneda, era:
“Hacerle ver a los milicos que el pueblo salía a la calle por su líder ese primer 17 de octubre sin Perón”.
Todo el sur se haría presente ese día. Sindicatos, obreros, niños, mujeres y hombres.
Todas las unidades básicas de la zona. La marcha vendría desde Lanús, por Pavón hacia la Capital. Ahí se empezaría a juntar la muchedumbre al grito de Perón Perón!

Épocas en que la marina con sus aviones patrullaban noche y día el conurbano Sur y Oeste de Buenos Aires.
En horas de la mañana, la avenida y sus calles adyacentes se colmaron con una gran multitud.
Muchísimas banderas con las caras de Eva y Perón, jóvenes cada vez más eufóricos, sin imaginar el final de ese primer 17 de octubre sin el General.

Al mediodía, Pavón en el cruce con el puente ya estaba repleto. Miles y miles de compañeros. Los vuelos de los aviones de la marina cada vez eran mas rasantes, arriba mismo de nuestras cabezas. Cuando menos lo esperábamos, de repente…una patrulla del ejército. Camiones y camionetas se apostaron con sus armas frente a la multitud, a unos cincuenta metros, ocupando todo el ancho de la avenida, irrumpiendo desde las calles laterales varios tanques de guerra. La muchedumbre avanzaba desconcertada, cantando la marcha peronista. Las banderas flameaban en lo alto y en ese momento comenzaron a disparar las ametralladoras de los tanques sobre todos nosotros. Todos nos quedamos sorprendidos. Juan a mi lado seguía cantando, gritando a toda voz la marcha sin entender como el ejército argentino disparaba al mismísimo pueblo. Los tanques giraban en círculos, y asi, iban cayendo los compañeros entre bala y bala. Gritos y desesperación. Todos corríamos, mujeres y hombres, no había distinciones. En ese preciso momento sentí que a mi lado caía el compañero Juan. En un charco de sangre, levantando su puño ensangrentado y su rostro altivo y sereno, gritando ¡Viva Perón!… -mirándolo a sus ojos respondí gritando- ¡Carajo!!



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