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Un Macbeth para complacer al Pro

En un teatro del Estado porteño, Javier Daulte propone una versión de Macbeth que empuja sutilmente el imaginario del espectador hacia una lectura por demás politizada. 
 Un Macbeth para complacer al Pro
Mónica Antonópulos y Alberto Ajaka

08.03.2013 06:35 |  Bordegaray Lucho  | 

Más allá de lo que se pueda decir sobre su obra, sus motivaciones y sus intenciones, con solo leer los títulos de las obras de William Shakespeare alcanza para darnos cuenta del uso que hizo de los sectores dominantes para basar sus historias.
Ahora bien, ¿quería él hablar de la política de nobles y monarcas o usó sus figuras para exhibir las miserias de quienes se consideraban por encima del resto de los mortales? No lo sé. Y que nos den esa respuesta quienes investigan su obra. Aquí alcanza con saber que las obras de Shakespeare –como toda obra de arte– son permeables a las lecturas políticas, incluso las que se pretenden ajenas a toda representación y a toda ideología. 
Con este criterio voy a referirme a la puesta de Macbeth que dirige Javier Daulte en el Teatro San Martín, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Unas enormes estructuras de aluminio dominan el gran escenario anunciando una puesta alejada de su época original. Esas galerías y balconadas y escaleras, esos tanques que parecen de gas licuado hablan de una estética cercana a la industria, más precisamente al esplendor que la arquitectura industrial había alcanzado antes de la Segunda Guerra Mundial. La progresiva aparición del elenco trae consigo el vestuario que, aunque algo ecléctico, podría también enmarcarse en la segunda mitad de la década del 30 del siglo pasado. Todo eso nutre la puesta con evocaciones referidas al totalitarismo, al igual que el escudo con la inicial de Macbeth y la música que tiene resonancias de dark ambient y algo de rock industrial.
La lícita extemporaneidad de la versión de este clásico viene acompañada por elecciones raras, como las que derivaron en una Lady Macbeth chic sin protagonismo, un Macduff que asume con serenidad zen la noticia de que han sido asesinados su esposa y su hijo, un portero que pasó de cinco líneas de texto a tener un inaudito intermezzo en clave de stand up, etc.
Pero lo que queda muy claro es el final. Para entenderlo, insisto en el contexto sociopolítico ya advertido: los totalitarismos. Porque este Macbeth culmina con una disposición de los cuerpos sin vida del rey y la reina que recuerda claramente a los cadáveres de Benito Mussolini y Clara Petacci colgados en la Plaza Loreto de Milán. Cabe señalar que Shakespeare da indicio de la muerte de Lady Macbeth por boca del médico que la atiende, pero ese es el último dato que hay de ella, de manera que el hecho de su muerte y tanto más la aparición de su cuerpo es elección del director. 
El ajusticiamiento del fascista matrimonio real es más que elocuente en estos tiempos de la política argentina y ni siquiera necesita interpretación alguna. Más allá de la crudeza, bienvenidas sean las relecturas ideológicas, incluso las brutales, aunque sorprende esta porque viene de un artista que exactamente una semana antes del estreno de esta puesta aseguró, al agradecer un Premio ACE, que su única ideología es tratar bien a los actores.
Lucho Bordegaray
 
La ficha artística y técnica y la información de las funciones de esta puesta de Macbeth las encontrarás actualizadas en http://www.alternativateatral.com/obra24528-macbeth
 
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