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 Gabriela  Bruch

Por Gabriela Bruch

Es poeta residente en el gran Buenos Aires, Argentina. Tiene tres libros publicadas : "Naturaleza de lo Oscuro" (2000) ; "Open Door , los poemas del hospicio" (2006) y " Agosto, Febrero, diciembre"(2008).  Durante el año 2013 publicó el tríptico “Nagual “de poesía.

Coordina talleres literarios, desde hace 10 años y es editora de “Ediciones de La Iguana”, que  nace como extensión de la revista literaria “La Iguana “que ya lleva 11 años en el medio, sin interrupciones.
La Iguana tiene una versión digital, a la que hay que suscribirse al siguiente mail: revlaiguana@yahoo.com.ar y una grafica, que sale cuando las condiciones económicas lo permiten , ya que carece de subsidio o apoyo económico.
Tiene varios premios y menciones a nivel nacional.

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Pedro Montealegre

 
 Pedro Montealegre

21.05.2014 11:55 |  Bruch Gabriela  | 

Pedro Montealegre es periodista y licenciado en comunicación social por la Universidad Austral de Chile. Ha egresado del doctorado Lengua y Literatura Hispánicas en la Universitat Jaume I de Castellón. Residió en Valencia desde el año 2001 y regresa a Chile en enero de este año. Como poeta ha publicado los poemarios Santos Subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998); La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005); El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006); Transversal (El billar de Lucrecia, México D. F. 2007); Animal Escaso (Ediciones Idea, Las Palmas de Gran Canaria, 2010) y La Pobre Prosa Humana, (Ediciones Amargord, Madrid, 2011). Por su primer libro le fue otorgada la medalla Fernando Santiván, de la Universidad Austral de Chile; con su segundo libro ganó el IV Certamen de poesía César Simón, de la ciudad de Valencia, y por el mismo le fue concedida la mención honrosa en el Premio Municipal de Poesía de Santiago, el año 2006. Ha sido publicado, entre otras, en las antologías El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente 1965 - 1979 (Filodecaballos. Conaculta, México, 2005); Voces del Extremo, Poesía y Vida (Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, 2006); Diecinueve -poetas chilenos de los noventa- (J.C. Sáez Editor. Santiago, 2006); y en Sin red ni salvavidas. Poesía contemporánea de la América Latina (Secretaría de Cultura de Colima-CONACULTA, México, 2009) y, PAÍS IMAGINARIO. Escrituras y transtextos POESÍA EN AMÉRICA LATINA (1960-1979). Selección y notas: Mario Arteca, Benito del Pliego, Maurizio Medo. Edición a cargo de Maurizio Medo). Ha sido invitado a numerosas lecturas, charlas, talleres y encuentros en Chile, en España y en Francia. Ha hecho trabajos críticos, sobre autores chilenos en la página web nacional, Letras 5, http://www.letras.s5.com/archivopedromontealegre.htm en donde también consta parte de su trabajo poético. Actualmente prepara 2 publicaciones poéticas más, que saldrán en editoriales españolas.

Del Inédito HIGH LANDS

Por Pedro Montealegre

13 Qué haces ahí: el caracol en tu lóbulo
Cuando migra (¿o es galápago?) y hace agujero, túnel por donde
Se dirige –cruzando el caletre, o ajana, el tercero– al otro
Oído y dice: “Hola qué tal, soy Caracol, parásito y prócer,
Gasterópodo henchido de letra Ce, o Ele: su rostro en éxtasis.
¿Valentía?, ¿bondad?, ¿es otro huésped? Tu miedo acicala,
Hace pompas, acrósticos, trampas con jabón. Compone leyendas,
Caldos de sentido, frases accesibles
Por medio de plantillas –llámense azúcar, llámense píldora
De viento, virtud– várices cada lengua, cada acto de locución.
La misma contextura del molusco, túneles,
Pequeño ángel y astrolabio, luces reacias a apagarse,
Facturas de electricidad, enrolladas en tubo, sujetas al agujero
Del duodeno en llamas: no dignes en volcarte, serás uno con el ácido.
Adónde esta costra, esta cal, este escriba
Diminuto de la mordedura, su molde: escarabajo
De cobre verde –te roe, te ríe– traspié como sandalia. No barro
Este llorar legítimo. Lágrima de polvo, doble Ele, dos
Piececitos apuntando hacia delante, perpetrados
Por la visión y el vaciar: merienda de hormigas, moscas azules
Como zafiro o zarza, heridas de carácter aéreo. Así
Te vi en la desnudez, sujeto a la fragancia de tu letra.

Así nos va en la comparsa. Así mismo nos vestimos –dignidad de herrero– sudando el metal de la significación. ¿Supera la pregunta? No; sí: similar a estos suecos como dos trasatlánticos (son un horno los pies) listos a declarar: así eres tú, ésta es la causa primera de arder: combustiona tu lengua, tu paladar con su gancho; así te verán: no lo permitas: el perro del loco no muerda tu nalga: habrá amanecer. Tu talento para alzar una ballena con las piernas muchas veces es útil, pero siempre te chafa –en el credo real– la salvación, el dolo. Tengo un caracol marino en la memoria; una escolopendra –mi corazón– enrollada contra su presa, devorándosela como un signo de negación y verdad: la rata y el terrario, la ilusión de su vidrio

13.1 Así te recordarás: en la Te de terrario, pero él no es causa.
Solo proceso, herida y no final, otra ruta de diamantes
Con su corte y su dureza, el acto mismo del secreto,
El artificio
Y la cura.

14. Cuando venga lo cierto, su cuajo de engrudo:
Se pegará al paladar –paladearla despacio: dureza: empalago:
Timo y tamiz– dijiste lo saben: vendrán. Su jeringa
Meterán dentro tuyo –tú con tu piel, ladrarán por tu boca–
Cuando digas agua, cuando digas potro, casa en el bosque
Donde dormir: lluvia. Oír lluvia. Escuchar el zinc,
Sus ojos de celdillas negras, panales los ojos de las moscas
Y dentro de ellos abejas de oro. Vendrán, oh Coraline,
A cosernos botones –lo negro– en los párpados, aguja la falange
Metálica –no hueso, no exceso– y dirán: es tu culpa,
Tú lo provocaste, acción, reacción, efecto: ciruelas.
Tú dirás eso –precisión de astrónomo– y pensaré en ciruelas.

14.1 El hueso duro del fruto, mucho antes cabeza de ángel,
Pomo dorado de puerta, y antes el cuerpo de Freud insinuado
En los meandros del cerebro. No negación. No evasión, niño bonito:
Rata de augur, roedor expuesto a la rabia. El jeringazo de Dios
Como si la hada Campana enseñara su vagina, su pene de paño,
Flor de hibisco –su pistilo interroga– aritmética del hermafrodita.
Dentro de la flor, una corona de púas. En el aro boreal
De la testa, una almendra perfectamente redonda. “¿Se ha visto eso?”,
Dice Hypatia, la blanca, trazando la elipse, el mismo pantocrátor
Del silencio y su mímesis. La revelación de esto: la masacre.

14.3 Agujero de jeringa es masacre. Impulsa a un hombre
–A su vez compuesto por pulsos de luz, gotitas de pegamento
(Tú les llamas lágrimas), gemas del pequeño sol: una planta
carnívora. Cuando vino la verdad, el exterminio saludó.
Y él qué es: un invernadero, flores sin sexo brotadas
De conchas abisales, todo en los términos de la exageración:
Medidas, decimales, letras para que tú con tu inteligencia, tu física,
Hagas algo: alfanjes de algas, algarabía y alhaja: nada más
Que falsa idea de fárrago. La fuga no avisa, eso carnoso
Del miedo te empala: metidos en mí, página entintando
Tu arder y historia: ¿recuerdas ciruelas? Recuerdo ciruelas.

17 La rabia, su constatación: golpearte
La testa –tantas veces como trizas, muros
Como glóbulos– retrocediendo hasta su astro:
Geometría de los huesos: posibilidad
De su quiebre, anulación de conciencia,
Convulsión –vuelta a la masacre–, la prosodia
Del espermio, botella de ginebra
–De la herida un rubí: si tuviera olor
Sería de breva– quebrada contra el musgo,
La nariz de un cerdo, ventosa adherida
A la mampara. Rubí. Sangre. Rabiar.

La nariz
De un cerdo, un muchacho rapado
Hambriento de cal.
La sangre casca –y cascada– la vértebra
Desviada hacia el vórtice. Podría
Desplomarme en una bala.
Pero balo y balada –como oveja– bacilo
De Koch quisiera. Siglo
Diecinueve, lo romántico: bytes
Como bombas, acupuntura o lapsus.
Las teclas –tragármelas– acróstico, agnóstico.
Amnésica en mi frente
La locura de los simples:
La fortaleza del mendigo
–Piedras partiéndote
En piedras más pequeñas–
Más simple: porque yerro,
Saco punta a los carbones,
los mojo con imágenes
Para difuminar la línea:

17.2 Es la causa: se motea tu piel, pelos
De animales extintos –su prurito– hinchazón
De membrana: parte el fango de la prótesis.
Se motea el exceso. La cólera exuda su posibilidad.
Mojo un lápiz en lágrimas: retrocedo a la pura
Idea de lo cierto: acogido a su silicio, el súmmum
Privado del procaz, diminuta huella de cantárida,
Una rata de barrio –dientes que roen
Un envoltorio de bombón– desmayada, la rabia.
Tu lengua roedora con su énfasis.

19. Una ristra de ajos (su péndulo): la jeta
De una perra carlino: se comió una piraña atrapada en polvo,
Partículas redondas, hojas secas –son palmas–
Albergando un átomo. No comodidad. El alejandrino,
Un tarugo, su hueco de bala. Miradas burguesas
Tras posibilidades ídem: tendencia al esteticismo.
Miradas sobre jarrones, amapolas secas, un plato
Giradiscos, la defensa siciliana o la apertura española
Mientras llueve. El aeropuerto.
¿No te cruje, acaso, la verdadera ausencia?

19.1 Tu enormidad en la filacteria, ¿se accionaría algo?
Lo informe del pulso: motivar lo concreto: un reloj
Digital sobre la mesita de noche. Un autor. Su poemario
Mientras los muertos (Puerto Príncipe o Concepción). Dueña
Del hábito –Lamia o Lídice, arroja purpurina. Sarna,
Túneles nimios: unen el cosmos al tilde. Unto
Margarina sobre la tostada. Llueve. La humedad,
Sus moluscos por mi fémur, ruta de aerolitos.

Fémur o fábula. Su leve resquicio donde se asila el músculo, donde se asila la sílaba, su procedimiento de niebla. La perversidad, la jalea donde esquía una mosca, sangre coagulada en la terminación de un libro. No son asociaciones, querido escriba; simplemente esto: atar con lo invisible otras cosas visibles. O imaginar el déficit, plantearse en lo secreto: cactáceas parecidas a plantas del jurásico se reproducen sin control terraza abajo, perversas, abonadas con el excremento de los gatos. No es indispensable abrazarse al mioporo, ni engañarlo con el ilang-ilang, ni creerte del todo, delicioso poeta, ahora que vamos congelándonos por El Retiro. Algo burgués como pensar en un jardín, lo mismo que un bonsái, pero con el consorcio del espacio, mejor dicho, la atmósfera: cuando se poda un seto en el fondo –en el fondo– se lo está peinando; se le lavan los dientes; se lo domestica en términos de lo sanguino y la elegancia. Lo siento: no tuve valor para decírtelo allí, pero fui condescendiente contigo, oh guapo, aunque te hubiera golpeado con la encuadernación de Marx.

19.1 Fémur o fábula, su leve resquicio. La catalepsia cuando los buses amarillos interurbanos –bananas o féretros– parten rumbo a la ideología.

19.2 No estoy seguro de que empalmes, y veas crecer ante mí tu fruto. Yo estoy viejo, hablo con las polillas, las salamanquesas me ofrecen con bondad un ala que no han querido morder.

19.3 Resulta burgués pensar en polillas parecidas a sábanas, manteles en miniatura o algo por el estilo, mientras ladra y ladra la carlino en medio de la mímesis.
 
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