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LA POESÍA DE ROXANA MARÍA PALACIOS, POR DAVID ANTONIO SORBILLE
30.04.2026 00:57 |
Noticias DiaxDia |
El acto de escribir implica el reconocimiento del otro, del semejante, de aquel que se atreve a dar una respuesta como lector, al sentido primordial de la escritura. De ahí que, al determinar el concepto que origina este ensayo sobre la poesía de Roxana María Palacios, también nos encontramos con la idea del ser como una sensibilidad que indaga en el universo de lo humano.
La cosmovisión de nuestra poeta, implica percibir la intensidad de la palabra como fundamento de una razón subyacente, que adquiere un vuelo poético en función de la experiencia fragmentaria de una situación determinada, cumpliendo con el axioma de Macedonio Fernández: si un fragmento es una obra de arte, “debe ser construido como si fuese una totalidad”.
En su primer libro: Marca sobre marca (Ed. Del Dock, 2001), hallamos la esencia de su desarrollo creativo al reparar en la consideración de Laura Massolo, cuando dice que la poesía de Roxana María Palacios: “manifiesta, con absoluta nitidez, la lucha que significa elegir entre la creación y el mismo entorno que la delimita, la severa ruptura que supone la exploración lingüística en toda forma de ordenamiento racional”.
En su segundo libro: En el fueracampo (Ed. Del Dock, 2003), demuestra la singularidad de una cosmovisión que refleja lo que sucede en la periferia de lo tangible; donde la observación y la interrogación tienen importancia fundamental en poemas que se van construyendo a través de argumentos posibles e improbables en un original estilo; un lirismo depurado y sugerente que indaga sobre los actos y las digresiones del acontecer. Por eso, tomamos conocimiento del registro de “todo lo que está fuera de la escena”, como nos dice Liliana Diaz Mindurry, y también participamos de la opinión de Vilma Brugueras, al señalar que se trata de “un organismo vivo de donde aprehendemos el significado interno de las cosas”.
En su tercer libro: casa que ves caminar/ the house you see walking (Ed. Del Dock, 2008), coincidimos con el Prof. Roberto Ferro, al decir que: “La multiplicidad de sentidos de los poemas de Roxana María Palacios no radica en su profusión temática, sino en la diversidad de motivos que descubre y la hondura con que los profiere”. De modo que, en esta obra descubrimos la formulación de un pensar entre líneas; una experiencia personal que tiene sentido en la condición poética de una mujer que atrae la atención del lector a través de una poesía que trepa por los bordes de la vida. En un lenguaje que se desliza entre la memoria y el misterio, nuestra poeta describe las emociones desde la profundidad que habita en un mundo de luces y sombras, en donde existen historias que se bifurcan como las raíces que nutren el terreno fértil de las obras de arte.
En su cuarto libro, Saquemos a mamá del cielo (Ed. Del Dock, 2010), Roxana reinicia su camino por esa alfombra que era la memoria de la casa, pero en un espacio compuesto por fragmentos, por presencias y ausencias que trascienden la mera imaginación. Al respecto, Javier Adúriz destaca la poderosa imaginación constructiva de la autora, al referirse a la sombra de lo no dicho, “algo que horada por debajo y fractura la percepción, y la pone en silueta de un espejo desaforado”.
Comprobamos, también, que todo se inscribe y se repite con lucidez demoledora; y el epígrafe de Eliot es como la puerta que se abre a una experiencia de vida que no se agota, sino que continúa en poemas que transgreden los límites, promueven nuevas visiones en la diversidad de una mirada que siempre procura instalar un criterio que excede a las mismas palabras. De ahí que, Roberto Ferro nos dice: “Saquemos a mamá del cielo de Roxana María Palacios reúne una madeja de voces líricas que anuncian la presencia imposible del otro. Decir al otro, pensar al otro, nombrar al otro, por más fugitivo que se encuentre, es atraparlo en la palabra imperfecta, labrada más acá de la memoria y más allá de la imaginación”.
La ausencia del Padre es el tema, pero debe contemplarse en el marco simbólico de su imagen recuperada, porque “la sombra no muere”, señaló Alejandra Pizarnik; y también es el antecedente de aquella casa que se hacía al andar, y se complementa con esta otra memoria que debe encontrar su sitio, porque al decir de Hugo Mujica: “hay días en que nombrar no basta”. Roxana nos ofrece el producto de un cautivante juego de palabras que incluye los detalles del acontecer, las cosas inútiles y el gesto sensible, los sonidos del silencio, el amor, el hogar y la esperanza, los secretos de la tierra y el cielo, la bruma que rodea a los objetos que se vuelven intangibles. Asimismo, el lugar común y las piedras del pasado, la soledad y la inmanencia de los seres amados, el humo denso y la absoluta nitidez de las estrellas, el perfume de los sueños, la persistencia del mar y los libros que florecen en jardines y abrazos, el canto para superar el miedo, el cincel que desnuda los dolores de la realidad y la compañía ponderada de la Madre.
Su quinto poemario Delta (Ed. Del Dock, 2012), es un testimonio poético de honda significación que Roxana dedica a la figura del eximio poeta y amigo Javier Adúriz, en versos que entablan un constante diálogo con la vida, con los seres amados y las diversas situaciones que se van sucediendo, como si fueran los vasos comunicantes entre los hallazgos y las pérdidas, los recuerdos que se hacen presentes y las distintas fragmentaciones en que se manifiesta la existencia. La percepción de la realidad y la que transita por senderos indescifrables, alcanza en nuestra poeta un nivel superlativo que se consagra al cincelar con imágenes y sentidos, el ciclo virtuoso de su arte.
En su sexto libro Ocho días después (Enigma Editores, 2019), lo antedicho alcanza el cénit de la plenitud, en un espacio en donde la sensibilidad y el sentido cristiano de la vida, adquiere notable relevancia. La descripción precisa del acto de recordar y escribir, son objeto de un tono de intenso lirismo, como lo demuestra el poema Catedral, que confirma el estilo y la dimensión de un libro que está impregnado de “melodía y bendición”, como lo expresa Roxana en el último verso del citado poema.
La partida a la eternidad de la Madre, no solo se detiene a rememorar una trayectoria filial, sino que nos hace participes de emociones y hallazgos que modifican el rol del propio lector. El ser ausente trasciende la finitud de la materia para convertirse en un espíritu presente a cada paso, en cada íntimo momento redivivo por la autora, y en el misterio que rodea la misma posibilidad de convertir en escritura el manantial de imágenes que nos provee este libro admirable. La soledad, la noche de la espera, la plegaria, la meditación, el acompañamiento esencial de los evangelios, la sagrada invocación y el afecto de la hija única a su Madre en el momento crucial de su último viaje, nos estremece más allá de toda interpretación. “El cuerpo de la letra y lo inefable del misterio”, no solo será el título elegido por Roberto Ferro para adentrarse en la temática de Ocho días después, sino la demostración del efecto virtuoso que provoca su lectura en el propio lector ante “una poesía que teje el concepto en la tela de las palabras”, como bien define.
Por eso, el sentido primordial de este libro es absolutamente vinculante, en donde nadie puede quedar exento a la hondura del texto propiamente dicho; es decir, una consecuencia relevante de las obras imperecederas.
Roxana María Palacios es docente, poeta y psicoanalista. Dirige el área de Letras del Círculo Médico de Lomas de Zamora y Casa Scherpa, Arte en el Sur, además de realizar eventos en favor de la convivencia humana y el conocimiento en todas sus dimensiones.