El 12 de mayo de 1906 marcó un hito fundamental en la historia arquitectónica y política de la Argentina, con la inauguración del Palacio del Congreso de la Nación, considerado uno de los edificios más imponentes del país por ser el recinto símbolo del Poder Legislativo y una referencia del patrimonio nacional.
El acto inaugural fue encabezado por el entonces presidente José Figueroa Alcorta y coincidió con la apertura de las sesiones ordinarias de aquel año. Sin embargo, el edificio se habilitó sin estar completamente finalizado. Detalles de gran envergadura, como la emblemática cúpula y los revestimientos finales de mármol, se completaron recién hacia 1946.
El Palacio es obra del arquitecto italiano Vittorio Meano, quien resultó ganador de un concurso internacional convocado en 1895. La construcción comenzó en 1897 y su diseño destaca por su escala monumental y riqueza ornamental. Por su valor estético e histórico, el edificio fue declarado Monumento Histórico y Artístico Nacional en 1993.
Antes de la existencia de este palacio, la actividad legislativa se desarrollaba en el Antiguo Congreso Nacional, ubicado en Balcarce 139, recinto que había sido inaugurado por Bartolomé Mitre en 1864. Con el crecimiento del Estado, se hizo necesaria la mudanza a la actual ubicación en Avenida Entre Ríos 51, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Una parte muy importante de la Biblioteca del Congreso forma parte del Palacio Legislativo. Por un lado, el Salón Oficial, una verdadera joya arquitectónica de uso exclusivo para los legisladores y asesores del Congreso. Y también la Sala de Colecciones Especiales (conocida también como Sala Reservada), que custodia libros antiguos, raros, primeras ediciones del siglo XIX y materiales del acervo peronista. Es un espacio de consulta especializada y estudio enfocado en el patrimonio histórico y legislativo.
A más de un siglo de su apertura, el Palacio del Congreso continúa siendo el escenario principal de la vida democrática argentina y una pieza clave de la identidad urbana porteña.