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LA POESÍA DE MARÍA JOSÉ PAAST, por David Antonio Sorbille

29.05.2026 07:33 |  Noticias DiaxDia  | 

María José Paast, nació en Canelones, República Oriental del Uruguay, en 1952. Desarrolló su vocación por la naturaleza, el paisajismo y el arte a través de varias disciplinas y en distintos ámbitos. Concurrió, entre otros, a talleres de Historia del Arte e Historia de las Civilizaciones con el profesor Jorge López Anaya. Es asistente del taller Literario Tangerina coordinado por la escritora Ana Guillot. Publicó: Mujer afuera de su ropa (2013), El Pan de mi Hondura (2022) y Hebras de azafrán (2024).

Mujer afuera de su ropa (Botella al Mar, 2013)

La poesía inicial de María José Paast, implica no solo admiración, sino afirmar un concepto de decir y compartir la buena nueva de una obra de arte que inaugura una serie de eslabones virtuosos. De ahí que, Ana Guillot define a este primer libro, como un: “largo poema en movimiento en el que la autora construye un cosmos multidimensional al tiempo que despliega su intimidad.”

La experiencia de la vida, las voces propias del acontecer, los dolores y alegrías que acompañan cada vicisitud, son un compendio de situaciones y actitudes que nos marcan muy dentro. La escalada torrencial de un discurso lírico en donde las metáforas, el intertexto, la recurrencia, la novedad, y el afán expansivo que se procura construir, alcanza un nivel prodigioso, como ese cuadro que con sus versos María José: “pincela/ antepone matices/ le pide verde/ azul profundo/ vuelca en el mar/ rojo vivo/ fluye la sangre/ oro/ abraza/ integro el universo/ al fruto.”

El Pan de mi Hondura (Vinciguerra, 2022)

Dice Rubén Balseiro en la contratapa: “Suelo pensar la poesía como una epifanía que se presenta y nos deja en el silencio, ese espacio del pensamiento donde el lector transforma en propio el poema y lo reconstruye”.

Y en este concepto preclaro, el lenguaje de los sentidos nos sigue deslumbrando, desde los hallazgos íntimos hasta la reivindicación femenina en su rol indelegable.

Y aún más, la visión frente al dolor y la insensatez que acompaña los desatinos y crueldades humanas; pues, la poesía conmueve cuando los instrumentos son convincentes y absolutamente sensibles.

María José revela el misterio de las palabras, nos envuelve en esa magia que cicatriza nuestras heridas y nos brinda un espejo en donde volver a mirarnos y concebir una respuesta desde la sinceridad, sin soberbia y discriminación, siendo nosotros mismos en el acto más humilde de celebrar la vida.

Hebras de azafrán (el arte del erotismo) (Vinciguerra, 2024)

“Hebras del capullo como hilos que traman, que todo el tiempo tejen el deseo y su órbita.”, nos dice Ana Guillot.

Y la visión del deseo se expande, asume un escenario de filigranas y de arpegios conmovedores, como si estuviéramos contemplando un ritual sobre la vida entera.

Y Carlos Norberto Carbone reconoce que el erotismo de esta magnífica obra le permitió subir “a ese decir, a esa cadencia arrolladora, esa manera de ir acariciando que tiene todo el libro”.

El goce no puede ser mayor, que cuando tenemos el privilegio de palpitar la dimensión de un lenguaje poético muy personal y a la vez, de notable plenitud.

María José Paast nos enseña desde su propia y permanente iluminación y concluye: “/trama la brisa/ colgarse del árbol/ la rama/ la sostiene/ aprovecha y sopla/ las hojas/ de azafrán / sonríe/ hoy/ es huracán/.”

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