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EL UNIVERSO LITERARIO DE MARÍA JULIA DRUILLE. Por David Sorbille
22.07.2026 00:17 |
Noticias DiaxDia |
María Julia Druille nació en Villa Maza. Pcia. de Bs. As. Es Licenciada, Profesora en Letras (UBA); Traductora Pública de francés (UBA); Profesora en distintos niveles de la enseñanza y en Institutos terciarios de CABA. Actualmente, coordina el taller literario Rizoma especializado en poesía y narrativa desde el año 1994; conduce el programa de radio de la Federación por el arte y la cultura de la República Argentina (FACRA) por esta radio; dirige la editorial Tersites, que edita poesía y ficción. Entre múltiples actividades académicas y literarias, es de destacar que se desempeñó como Vicepresidente de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil, hoy ocupa el cargo de Vocal 1era. Poemas y cuentos de su autoría fueron galardonados con premios de diversas instituciones. Publicó numerosos libros: Porque habitaste la palabra (Enigma Ediciones, 2018); Un extraño se desliza por mi habitación (Enigma Ediciones, 2020); Gramática del tangram (2007); Sobre rocinantes fieles a causas perdidas (2008); Dispositivos del desencanto (2010); Cicatrices del viento (2017); Jeremías. El arco iris en los bolsillos (2017); Hinojos salvajes (2018); Memorias de un país invisible (2020), entre otros.
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Al referirme al libro de María Julia Druille: Hinojos salvajes (2018), resulta muy grato la elección de su prologuista, es decir, Graciela Maturo, pues excede lo que cualquier otro escritor pueda redactar sobre esta producción de trascendencia social y hondo lirismo.
Se me ocurre, entonces, aproximarme a las constantes de un obra luminosa, con la precaución del que sin alarde de descubridor, hilvane cercanías literarias o simples pensamientos que encaminen una propuesta acorde con esta amable invitación.
María Julia crece en nosotros, como una herbácea de frutos virtuosos; una amalgama de acordes musicales que se entrelazan con versos plenos de sensibilidad; un abanico de miradas certeras en un mundo que algunos se atreven a identificar con la pos verdad, ese neologismo colmado de mentira.
El universo de nuestra poeta, es parte de una simbología que estalla en verdades de a puño; cuestionamientos que van al hueso de la historia y desnuda el itinerario de oprobio e injusticia que nos rodea.
Pero, la pasión poética de María Julia, es abarcadora de vitales sentidos, metáforas que humanizan, visiones que amplían horizontes, caricias que ennoblecen, rituales que explican esta manera tan particular de sumar voluntades alrededor de lo que se escribe y cómo se dice lo que resulta imprescindible para seguir viviendo.
Hinojos salvajes, es una válvula de oxígeno que convierte las cosas perennes, los estímulos vacuos, los credos limitados, en sensaciones que ennoblecen el peregrinaje cotidiano por los caminos del estío.
Es así como, este poemario formado por cuatro partes que se refieren al mundo, a las pérdidas y desencuentros, a los viajes, y sobre la palabra-pala y los modos de decir, se puede resumir en el epígrafe que inicia la cuarta parte y corresponde a una cita de Alejandra Pizarnik: “la poesía es el lugar donde todo sucede”.
La propuesta de María Julia es abarcadora, contemplativa y también comprometida con una visión humanista, solidaria y crítica del malestar de la cultura, como diría Freud, que no es otra cosa que la debacle de un mundo injusto, sumido en la hipertrofia de valores donde los delirios de una casta de enriquecidos magnates han globalizado la miseria y la estupidez.
“Pero hay milagros en la vida / hay sorpresas / no todo tiene que salir tan mal”, nos participa el poema Lampedusa, y por supuesto, es la esperanza la que siempre está presente, nos consuela ante la realidad esquiva, nos abriga con sus dones.
Y los arrullos, las charlas con los afectos más cercanos, los ademanes y signos, las anécdotas y los atajos de la memoria, las fronteras del deseo, el agua cristalina de los sueños más amados, los viajes a cielo abierto, la mañana puneña curtida de tristeza y verdades ancestrales, el sonido de una cuerda de violín en la vigilia de los días, la pretensión del poeta que busca retener el tiempo ido y lo que está por venir, el credo sincero que nos sostiene en momentos de zozobra, y la poesía, siempre la poesía que nos cobija, nos interpreta, nos hace sobrevivir, como la lectura imprescindible de este magnífico poemario.
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Los 22 cuentos breves y 3 microrrelatos que integran Memorias de un país invisible (2010) de María Julia Druille, son una clara demostración del alcance que una escritora puede lograr “con el esmero de un orfebre de la palabra”, como bien lo escribió Piero De Vicari en la contratapa.
A través de recursos de estilo de indudable singularidad, nos encontramos con un escenario donde se desarrollan diversas cuestiones guiadas por una cosmovisión plena de matices y sensibilidad.
La precisión narrativa que alumbra en cada una de las historias reunidas, le otorgan un rasgo de originalidad superlativa y un dominio muy particular de la esencia poética que generan dichas travesías.
María Julia comparte con suma eficacia la belleza, la imaginación y la observación metafísica, parafraseando a la prologuista Ana María Oddo.
Por tal motivo, no cabe duda que estamos ante una obra de notable proyección y ejemplaridad en una muy cuidada edición.
Vaya pues, mi sincero saludo a nuestra genuina poeta y escritora, como un simple lector agradecido.