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Homilía de San Cayetano del Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires. 7 de agosto 2026

07.08.2026 16:24 |  Noticias DiaxDia  | 

«San Cayetano, aquí está tu pueblo»
Como todos los años, hoy nos volvemos a reunir en este santuario de San Cayetano al que sentimos como nuestra propia casa; como un hogar en el que podemos descansar la vida, las angustias, los anhelos, las broncas acumuladas, la impotencia, la esperanza y también los agradecimientos. Todo junto, todo a la vez, porque así está nuestro corazón, y delante del patrono del pan y del trabajo, no hay secretos, no hay simulación. Al contrario, hay mucha confianza, y entonces, como familia, como comunidad le decimos San Cayetano, aquí está tu pueblo.
Un pueblo esperanzado, que a pesar de las dificultades no pierde la fe, y sigue acercándose a pedir paz, pan y trabajo.
San Cayetano, aquí está tu pueblo, un pueblo cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida.
San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, un pueblo que sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el trabajo es dignidad. Por eso el Papa León XIV dice que la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal.
San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias.
San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, un pueblo creyente con la fe heredada de los abuelos, que sabe que la responsabilidad y la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie. El evangelio de hoy nos dice que una gran multitud acudió a Jesús:
paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos enfermos más (cfr Mt 15, 30).
Nosotros como aquel gentío también venimos al santuario a ser curados. Porque estamos un poco paralíticos cuando perdemos las ganas de seguir adelante y de buscar caminos de fraternidad y paz entre los argentinos.
Estamos lisiados porque nos duelen las heridas del odio, de la descalificación constante y de la discriminación. Ciegos cuando vemos todo oscuro, desesperanzados, cuando la mirada está empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana que la gente sencilla y de a pie conoce muy bien porque la padece todos los días.
Mudos cuando ya no gritamos lo que nos duele, cuando pasiva y silenciosamente nos resignamos a que las cosas aumenten: el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos. Mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer. Atragantados de bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común.
Pero, aún con esta realidad y, aunque parezca extraño, no bajamos los brazos, seguimos adelante, somos un pueblo esperanzado, que hace suyas las palabras del profeta Isaías cuando en la primera lectura dice: Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán. (Isaías 35, 6.10)
El relato evangélico nos dice que a Jesús le da pena la realidad de la multitud hambrienta, le duele el corazón (cfr Mt 15, 32). Se compadece, tiene una profunda empatía con el dolor de la gente; hace suyo el sufrimiento de los pobres. Y no quiere despedirlos; se hace cargo. Hoy también le pedimos a San Cayetano no ser indiferentes, no maquillar el sufrimiento, no empujarlo debajo de la alfombra para que todo parezca limpio y ordenado. Le pedimos a Dios que nos regale la empatía y la solidaridad, el compromiso y la amistad social.
Y es por todo esto que venimos hoy a Liniers; porque sabemos que San Cayetano no es indiferente frente a todo lo que nos pasa. Hay un pacto de amistad entre el santo y su pueblo. San Cayetano, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro.
Ayudanos a no dar la espalda ante el dolor de los que sufren, ayudanos a ser empáticos con los más necesitados, ayudanos a trabajar por una Patria de hermanos donde nadie sea descartable, donde nadie sea desechable; por eso con el Papa León decimos que la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona.
Jesús sabe que siete panes y unos pocos pescados son muy poco para tanta gente, pero apuesta por la solidaridad y el compartir, porque lo poco que se pone en común se multiplica, como, por ejemplo, cuando cada noche muchas parroquias y otras organizaciones comparten un plato de comida caliente con quienes están en la calle.
En la lógica del mercado, esos panes y pescados no alcanzarán nunca para dar de comer a una multitud; pero en la lógica de la fraternidad y el compartir, es mucho. En este tiempo, ante el sufrimiento, la soledad, la pobreza y las dificultades de tanta gente, ¿qué podemos hacer nosotros? Lamentarnos no resuelve nada, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos, podemos ofrecer lo que somos. ¿Quién de nosotros no tiene sus “siete panes y algunos pescados”? ¡Todos los tenemos! Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarían para que en el país haya un poco más de amor, de paz, de justicia, de alegría. Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos de solidaridad. Que celebrar hoy a San Cayetano nos anime en el deseo de compartir lo que somos y tenemos, para que realmente todos se sientan invitados a la mesa grande de la Argentina.
Y así como Jesús multiplicó aquellos panes y pescados, le pedimos, por intercesión de nuestro santo patrono, que en nuestro país se multiplique el diálogo, se multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales para los jóvenes, se multiplique el bien común; en definitiva, que se multiplique la justicia social, aquella a la que León XIV define como una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio.
Al final, y luego de que la multitud comió hasta saciarse, el evangelio relata que se llenaron siete canastas con los pedazos que sobraron (cfr Mt 15, 37). Hoy, como aquellas canastas, queremos volver a nuestros hogares, llenos de Dios; desbordantes de esperanza, llenos de alegría y profundamente agradecidos, porque tenemos la certeza de que Jesús nos conoce y se compadece de nuestros sufrimientos, y no se desentiende de nosotros. Tenemos la convicción irrenunciable, como pueblo creyente, que San Cayetano escucha nuestro clamor, nos sostiene en la esperanza, y nos anima a seguir apostando por una Argentina grande, por trabajo para todos, por salarios dignos, por paz para nuestras familias.
También hoy queremos celebrar con alegría el próximo viaje en noviembre del Papa León XIV a la Argentina. Para ir preparándonos para tan linda visita, quisiera finalizar esta homilía con palabras suyas referidas a la realidad del trabajo: Me gustaría retomar una expresión que, por así decirlo, he «heredado» del Papa Francisco: “Trabajando, nosotros nos hacemos más personas, florece nuestra humanidad, los jóvenes se vuelven adultos” Estas palabras nos recuerdan que en el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional. Esta centralidad, constantemente afirmada por la Doctrina Social de la Iglesia, debe tenerse muy presente en toda programación y planificación empresarial, para que los trabajadores y las trabajadoras sean reconocidos en su dignidad y reciban respuestas concretas a sus necesidades reales.
Que San Cayetano, interceda para que estas palabras del Santo Padre se hagan realidad en nuestra Argentina.


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