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ANNA RUCHAT / Binomio fantástico (Barnacle, 2026) por Pablo Queralt
El grito del vértigo.Traducción de Pablo Ingberg
18.08.2026 00:01 |
Noticias DiaxDia |
Una intensidad de acción mental y de cuadros de vida suceden en la escritura del libro “Binomio fantástico” a una velocidad de vértigo. El hecho de parir te hace madre o madre se hace? Las preguntas vienen a tropel en este estar madre-hija-familia, una narración que avanza de ella a ella, como un artefacto visual en imágenes una tras otra marcando un travelling de la mirada. Descriptiva, minuciosa trama en detalles minimalistas, como cuadros que pintan las escenas que se suceden. “Un ascensor amplio, lento, con vidrio esmerilado en la puerta, deposita a “Ellayella” en el último piso en el umbral del salón grande y vacío de un café-restaurante. Todo alrededor es un ventanal.” Y sigue “Ellayella sentada a una mesita arrimada a la ventana, el lago gris, la montaña en la otra orilla, la media luna del domingo, la espuma blanca del capuchino.” Casi cinematográficamente el tiempo, el miedo, crujen en los puntos cardinales son la casa que va con uno, en el deambular donde no se puede escapar. Hacen un diario estas anotaciones de vida interna y externa, que recorren playa, habitaciones, casas, rutas, el camino del desapego. Un minucioso relato en prosa poética de largo aliento, y del hilo que sostiene una relación de la cuál alguien quiere cortar queriendo llevar la noche adentro, es un lanzarse entre las olas con sus dosis de dolor, de días llenos de tormento en la oscura senda de la tristeza. Novela, poema, relato, una cabalgata por un campo existencial donde confluyen, transcurren las escrituras enriqueciendo la forma y fondo del texto. Intimidades y rutinas, preguntas y respuestas se suceden en el camino del desapego. La lengua materna, filial, del espacio vivido y el cuerpo materno son la carne de la sensación, el relato familiar, ritornelos, rostros. Son los atractores en el caos del trabajo para vivir, las consistencias enunciativas, las intensidades, bajo el estado de lo naciente, lo que transmuta. El enclave de lo mudado, sacarse lo pasado, en un no poder ir más allá. Ningún espacio, ninguna habitación, ninguna casa ofrecen el refugio, ningún rincón, a un frio que se mete dentro de toda la vida. El poemario como un cuerpo que se expande por toda la casa, sin reglas en una mente que no sabe dónde poner la mirada. Es un diario de la confusión, de lo sórdido, de lo encendido y lo apagado. Como fondo de escenario transcurren en la realidad o en la mente las estaciones, las casas y los rumbos que toma el coche, vacaciones o trabajo con sus medidas de tiempo del teatro cotidiano. Como excavadora de la memoria las sombras de los cuerpos en la sorpresa y la rendición ante una quimio que plantea donde acabó el verano con un otoño de pájaros migrantes y hojas amarillas, al borde de un tiempo que se cierra, una mujer que se esforzó por ser feliz y fue puntual en el momento de irse.
Todo comienzo es torpe
En el principio Ella pare a ella y son tres. Él un tiempo trabaja, luego, casi de repente, muere.
Ellayella vuelve a ser una sola y quiere tirarse para abajo. La baranda del balcón espera una mudanza. Los años caen a plomo en la nochecita. De improviso la casa se llena de gente.
Con una de las dos cabezas Ellayella intenta sonreír. La mano contiene en la otra boca un grito.
El borde de ese precipicio sabe a albahaca.
Ellayella cambia de casa.
Querrá decir que viviremos más tarde
Las vocales no dialogan con los números en el nuevo departamento. El piano es una caja negra, pero los plátanos nudosos del paseo fluvial tienen caras amables. Cuando el miércoles a la mañana Ellayella va al mercado, entre un árbol y el otro hay puestos con diversas mercancías: fruta, verdura, quesitos, harina para polenta, mermeladas. Pero son los árboles lo interesante. Al pasar Ellayella les adivina el nombre; en la corteza pálida, blanca y llena de manchas grisáceas se reconocen los rostros.
La cara más oscura y alargada se llama Luigi, Lia está allí, donde en el tronco hay una especie de mueca y después está aquel semblante que parece decrépito, él se llama Giuseppe, como el abuelo.
Es primavera cuando Ellayella se toma esas pausas, porque luego compra un ramo de muguetes y se va a la obra.
Una página de cielo
Principios de la tarde de un día de verano. Dos niños aferrados al damasco se volvieron invisibles. Las madres están reordenando el sótano y amontonan maderas viejas en la plaza. Luego algunas ramas junto con el pasto cortado, bajo el árbol. Madres jóvenes en pantalones ligeros encienden un fuego de paja y maderas, charlando de hombres y futuras vacaciones.
El fuego cobra fuerza, lenguas anaranjadas suben por el tronco, hacia los pies de los niños. Los niños gritan, asustados. Las chicas alzan la mirada y se ríen, y de la risa se doblan en dos.
Luego una manguera riega el fuego, a los niños y las madres.
El traje de baño
Cuando Ella vuelve de los Estados Unidos es invierno.
Para deshacer la valija espera a que ella llegue de la escuela. Entre vestidos, medias y zapatos, entre los libros y el estuche con el cepillo de dientes, hay una bolsa con bolitas plásticas de colores que los estadounidenses usan como arena en los jardines de infantes. Dos muñecas muy pequeñas de plástico duro, como no hay todavía en Europa, y un traje de baño para ella, de señorita, un traje verde lima que se ata en la nuca.
Pascua tardía
Todavía hace bastante frío. Ella y ella van a Liguria a ver el mar.
No hay nadie en la playa y ella con el traje de baño nuevo, estadounidense, se lanza entre las olas corriendo. Ella está en la orilla mirando, enfurruñada por algo que salió mal en el trabajo o tal vez sólo entristecida por la superficie de agua gris y por esas vacaciones que separan el verano del invierno, el mar de la playa, a Ella de ella.
La cosa es que luego se van a toda velocidad y el traje estadounidense queda allí, pegado a la roca. Una señal de futuro.
La clave es la luz
Tal vez debido a la montaña
que entra en la habitación
el espacio en la vieja casa
no ofrece refugios.
La doble altura es un calambre
de nostalgia
cuando el otoño
anticipa el oscurecer
y se enciende la lámpara tenue
en el rincón de la escalera.
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Es frío de invierno
el pequeño estudio
en lo alto de la escalera de terracota
Tal vez por eso Ella
mete ahí dentro toda la vida de antes
fotografías cartas
viejos proyectos
Todo en las cajas
y bajo
la mesa de dibujo,
como para una mudanza
suspendida entre remordimientos
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La habitación de ella está en la torre, la parte más antigua de la casa, el piso es de terracota áspera, todo cuarteado pero liso, de un rojo pastoso. La habitación está llena de vida y la ayudaría si su mente no estuviera envuelta en un abrigo, verano e invierno.
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El cuerpo de ella se expande sin reglas
ni medida en ese espacio dilatado de la casa
en donde la comida entra a hurtadillas
mientras
distraídamente las costumbres
se deshacen
entre las charlas
bajo una luz aturdida
que junta en sí
los extremos.
Epitafio
Te esforzaste mucho
por parecer
una mujer feliz
y aun así
no alcanzaba
Pero a esa cita
fuera
del cemento de los días
querías llegar puntual
y solo cuando te fuiste de verdad
cuando la secta de ángeles
cerró las batientes
con unas horas de anticipación
a la fecha fijada
entendiste
que ibas hacia el vacío
sin medida
ni tiempos
Anna Ruchat (Zúrich, 1959), formada en filosofía y literatura alemana en Zúrich y Pavía, comenzó su trayectoria literaria como traductora del alemán (libros de Friedrich Dürrenmatt, Victor Klemperer, Nelly Sachs, Paul Celan, Thomas Bernhard, etc.), para iniciarse luego en la escritura de narrativa, a partir de los cuentos de In questa vita (En esta vida, 2004, Premio Chiara), y de poesía, a partir de Geografia senza fiume (Geografía sin río, 2006). En 2019 ganó el Premio de Literatura Suiza con los cuentos de Gli anni di Nettuno sulla terra (Los años de Neptuno en la Tierra, traducido parcialmente al inglés). Su última novela es Spettri familiari (Espectros familiares, 2023). Una anterior, Volo in ombra, fue traducida al castellano por Pablo Ingberg (Vuelo a la sombra, Pre-Textos, 2024).
Pablo Queralt
Es médico y poeta nacido en Buenos aires donde reside. Es curador de poesía y organizador del Ciclo de Poesía en la Biblioteca en San isidro y creador y curador del Festival de Poesía de San isidro, es colaborador del diario noticias día x día, de la revista Diafanis, todo es literatura de España, de Agencia Paco Urondo y fue colaborador del suplemento cultural del diario El pregón de Jujuy y diario punto uno de Salta, en el diario digital Jujuy al momento, Vallejo &Co, Periodico de la Unam y administra yvespoetryclub. blogspot.com. Publicó los libros de poesía : en España :Coca( Zaragoza, España), La piscina( Palma de Mallorca, España), Biosfera del amateur (Oviedo, España), y en Buenos aires : Cansancio de lo escrito, Un seductor mañana, La flecha de Agustín, Primer paso, Reescritos infinitos, Pueblo de agua, Crack, Escribí mi nombre, Late, 89Golpes y un whisky, El Padre, Pájaros en palabras, Pavarotti, Laleblan, aves del paraíso (Toulouse Francia), Poema de la nieve, Jazz, Perfume animal, Cocineros, Ser y ser visto, Nací en el cine, Ópera, Partes de la escena. Raros sentidos, su Obra Reunida 2001/21, Mi casa siempre fue la poesía, Yo soy ese que no quiero ser y La doble pena de volver a contarlo todo. Tradujó a Yves Bonnefoy, a Alice Oswald, a Thomas Hardy, a D.H.Lawrence, a Amy Lowell, Christophe Mannon, Charles Reznikoff , a Thom Gunn y otros poetas ingleses. Sus poemas figuran en la antología Federal de poetas de la provincia de Buenos aires, en la antología de poetas jóvenes de Buenos aires, en la antología 7 poetas de Salta y Buenos aires, y la antología Brazuka mundial de fútbol 2014 (España) y en muchos blogs de Argentina, España, Chile, Uruguay y revistas literarias como El Desaguadero, El jabalí, Los rollos del mar muerto, revista Vallejo & Co y revista Prisma de la fundación Jorge Luis Borges (2013).