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La doble pena de volver a contarlo todo de Pablo Queralt. Por Lisandro Gonzalez
04.10.2026 07:21 |
Noticias DiaxDia |
El poemario La doble pena de volver a contarlo todo, de Pablo Queralt (Ediciones La Yunta, septiembre de 2025), presenta un sujeto lírico que dice su poesía entre lo intimista y lo reflexivo, y destaca detalles de lo cotidiano con una visión existencial.
Los textos son breves, estructurados en versos largos, donde cada poema es en definitiva una única oración: comienzan con mayúscula, finalizan con un punto y no tienen comas, solo las pausas que da el corte de verso –modo de escritura que Queralt ya ha utilizado en otros libros–, oscilando entre el encabalgamiento abrupto y el suave.
Me hago cargo de la cicatriz al fin es lo que hacen los poetas
lavan los significantes para que las palabras vuelvan a decir
lo que decían mejorar lo que querían destruir por eso se tapan la boca
cuando hablan para que no vean lo que dicen ponen el pulso
desde lo más secreto del alma con palabras vacías que se hacen oro
un silencio de resurrección detalles minuciosos un gota a gota
afuera del tiempo vertiginoso una cura en zigzag
como la de los que navegan cuando no pueden ir directo.
Yo no puedo decir en qué año vivo si en un momento corto
de felicidad en el mundo donde se puede ir por todas partes
tal vez en el barrio de los músicos o en un libro que quita el dolor
o en un resto de luz como un signo de interrogación que nos ayuda
al registro de que va la cosa cuando uno está atrapado por la vida
de la escritura esa edad interesante en que se dice porque se quiere
al otro porque se lo lleva en el corazón entonces porque leerles mi libro.
Toma cierta nostalgia, cierta melancolía, pero no para regodearse en la pérdida, sí para atisbar una visión de la vida en el mundo, de un fluir en el universo, donde la escritura no es un mero medio sino un vehículo constitutivo para intentar situarse.
En el living de casa tengo un caballo
de calesita que me hace acordar
cuando de niño iba al parque Lezama
y daba vueltas para sacar la sortija
en la calesita y siempre estaba el señor
que iba con su gato que se creía perro a tomar un café
después mi padre me llevaba al bar El Británico
a tomar un chocolate caliente con churros
en esa atmósfera de magia y misterio
de los Domingos por la mañana crecí era
como un libro para niños una novela de las abuelas
o una canción que no aprendí.
Escribir es desnudarse en el sonido del papel un lenguaje
/soprano o tenor
que alguien intenta pero quién es el personaje alguien que
/busca
en las palabras las luces que nos iluminaron o esa palabra
/que me asesinó
y decirle bueno fea hagamos otra cosa con la infancia
cantemos con el libro que nos dé ganas de bailar ese sonido
que escucho en mi.
Queda de esta manera, a juicio del lector, acordar o no con esta jerarquización del acto escriturario, de atender las razones que da el poeta cuando dice “escribir es desnudarse en el sonido del papel”, “escribo para descubrir una historia distinta”, “escribir es buscar la distancia posible”; o más bien quedarse “entre este cielo azul rojizo esperando / la salida de las estrellas”.
La infancia es un ancla una cámara de fotos que los
/escritores usan
la salida de la matrix una luz implicándose en el holograma
/que somos
dándole sentido al existir estoy entre este cielo azul rojizo
/esperando
la salida de las estrellas entenderemos finalmente la métrica
/del mundo
que nos toca y podremos ver más allá de las sombras del
/miedo
podremos ser diferentes despegarnos de la caverna
porque nos atrevimos a ir y en un punto vimos la luz
que pone en equilibrio los hemisferios.