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ALFREDO RESCIA / Recados (Barnacle, 2026) por Pablo Queralt
10.10.2026 07:10 |
Noticias DiaxDia |
En este Recados los días pasan como una auriga de veloces, solo el cantar para no olvidar el alma y no pasar como una sombra entre las predicciones y las pitonisas para levantar la casa con luz de la memoria de un habitar la antigua Roma, es el ancla de lo que se quiere decir. Allí la usura, el dedo hacia arriba o hacia abajo hacen sus metáforas dinámicas para evitar la contaminación mental, como un canto que atraviesa tiempo- espacio, haciendo instalaciones de hábitats a partir de la inmersión en lo sensible, de un lirismo que canta a la libertad entre Cesares, Hércules y Marcías en sus odiseas.
*
Los mensajes
son llevados como las nubes
donde quiere el viento.
Acaso un acertijo.
Oh, Marcia.
Mi corazón
estalla como el vuelo de la martineta.
En el Paraíso,
la serpiente
no es la serpiente.
“Trabaja de sol a sol
y cuando hables
baja la cabeza”.
“Tus hijos
no debieran haber nacido”.
La serpiente es un potentado.
Una épica del sentido de época marca este acoplamiento pasado-presente, haciendo su mecanosfera visitando tiempo, espacio, constituyendo esta galaxia-libro. Y allí aparecen las intensidades existenciales:
“Si es defensa o prisión la muralla de la ciudad “, “Algo en mi corazón se hiela como los trigales”,”El precio de todo fue todo”.
“Oh, Marcia.El sueño más grande es no tener cadenas”.
El paso del tiempo reflejado en los versos nos dice que es avaro de años la vida, halla sus coordenadas en umbrales de irreversibilidad fijadas a autopoiesis creativas, focalizan sus puntos de vista, dispersas por el cosmos de espacio, tiempo, energía que produce la visibilidad de lo real en los distintos campos existenciales.
*
Avara de años
es la vida.
Pesa la noche
en mi alma.
Y envidio
a los dioses
que no envejecen.
Sin embargo…
Oh, Marcia.
Más radiante
que las doradas cúpulas
es cada momento.
En definitiva el tema de la muerte, la memoria, el despojo, el lánguido dolor que transcurre en el poemario de quién bien marca ese estado del ser, que puede transcurrir en New York, Buenos Aires o la Roma de los Cesares. Un sincretismo fuerte que funciona dando un tono al libro entre 2 saberes, 2 entendimientos uno actual y el otro de la vieja Roma, haciendo su propia constelación.
A veces, Marcia.
Creo escuchar
en la noche
los remos del barquero.
Y temo morir sin verte.
Y escribo momentos
en la arena.
Y pido a los dioses
cuando cruce la orilla
el viento lleve mi voz.
Pues, según los sabios:
lo que el viento
borra en la arena,
en la memoria
del viento queda.
Oh, Marcia.
Me reconozco
en la fugacidad del rocío.
Y a pesar
de su mañana marchito.
En cada flor
encuentro el alba.
Marcia.
Aunque lo digan
los secos pozos
y el yermo campo.
Empecinados
queremos echar raíces.
Florecer
entre heladas.
Cantar
entre tumbas.
Marcia.
Ahora
que oscurece.
Y el sol
ya no se abandona
en los trigales.
Cuántas lámparas
dejaron en mis manos.
Marcia, por siempre loada.
Pasarán cielos.
Siglos.
Y bajo
estas u otras estrellas.
Seguiremos buscando
un fuego en la noche.
*
Sin otoños
es la mirada de un dios.
Sin orillas su amor.
Y en un alba de reseros
y carros fileteados.
Entre gritos del sur
y floreos de guitarras.
En el nítido espejo
de un sueño.
El rayo de la hora
se llevó las lágrimas de Marcia.
Y en la ciudad
de las Siete Colinas.
Se oyó,
el dolido aullar
de una Loba.
Y en los rasos campos
lejos del mármol,
cantó el viento
lo que una vez
el viento
borró en la arena.
Alfredo Rescia (Leones, Córdoba)
En 1997 obtuvo el Premio Provincial de Literatura y en el año 2000, el Premio Municipal de Literatura “Luis José de Tejeda”.
Publicó “Postales de invierno. Cielos de enero” (Barnacle, 2024).El grueso de su obra permanece inédita.