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Roberto  Goijman

Por Roberto Goijman

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Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1953. A los 21 años aparece en las listas de la “Triple A” y pasa a la clandestinidad. Se exilia en 1976 perseguido por la Dictadura Militar.
Organizador de Encuentros literarios, difusor de la Poesía Patagónica. En 1997fue destacado por la provincia del Chubut por enriquecer a las Letras Chubutenses. Director de Ediciones Patagonia.

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Kahan: Un Nobel en Buenos Aires. Por Roberto Goijman


Kahan: Un Nobel en Buenos Aires. Por Roberto Goijman

07.07.2014 07:01 |  Goijman Roberto  | 

Estoy por salir al sur, ese Sur tan nuestro pero lejano, mi hijo vive allí, nació en Trelew hace 24 años y no hay quien lo convenza que hay lugares más lindos. Es que la Patagonia tiene esas cosas, a pesar de sus vientos, a pesar de sus fríos, uno se termina de enamorar, yo diría que la tosquedad mesetaria quebranta las impurezas de nuestras sangres y logra que nuestros cuerpos necesiten de ella, entonces uno, a pesar de sí mismo se va quedando sin darse cuenta.

Ahí están aquellos, los de Comodoro Rivadavia, masticando bronca eterna contra esos vientos que a uno lo doblan al medio y a pesar de sus peleas y de los dichos en lengua suelta, se quedan.

De allí, en el año 1976 partió en una madrugada con el peligro de ser reconocido el por entonces Director del Hospital zonal Ernesto Kahan para su exilio. Nueve años después recibe el Nobel de la paz con Médicos sin fronteras. La pelea contra el desarme nuclear y el hambre, tiene nombre y apellido.

Con Kahan estuve festejando en el Obelisco el martes pasado, y a pesar de sus años saltaba y gritaba como chico, muy cerca nuestro las cámaras de TV y varios periodistas hacían sus notas deportivas. Nadie allí podía imaginarse a un Nobel con una bandera en su cuello. Es que a veces el esquematismo social genera en el común denominador y del periodismo, que la humildad y la sencillez, no sea contemplada.

Que mejor momento para demostrar lo irracional de ese pensamiento donde todos cantábamos, y él, a su vez poeta, amatorio del tango, sin entender porque Garello todavía no le puso música a sus letras, expresaba a pleno su alegría.

Su vida pasa por dar charlas sobre el desarme y la paz mundial, así vive, de conferencia en conferencia casi sin ver a su mujer, sin embargo los compositores piden cobrar para musicalizar sus tangos, como si no cobraran sus derechos en Sadaic, por suerte en el Cancionero latinoamericano la situación es diferente, quizás tenga que ver con el logro de Armando Tejada Gómez, de Hamlet Lima Quintana, de Manuel Castilla y de tantos otros, donde la solidaridad es fruto del canto popular.

Que sería del tango sin el flaco Discepolín, y aquí entramos en un terreno difícil para los poetas, el proletariado de las letras y de las artes. No podemos imaginar un mundo sin poesía, hasta en los momentos más dolorosos aparece, es que escribir en un campo de batalla o en el holocausto forma parte del inconsciente, de ese pensar que, a pesar de todo lo visto, la esperanza no puede ser aniquilada, si así fuera, no tendría sentido la vida y la humanidad toda, estaría perdida.

Sabemos que de no haber grandes cambios la dinámica humana es la barbarie, pero no creer significa matar la poesía, la dignidad y el futuro de la especie depende de sus utopías, de ahí la necesidad de cuidar a sus poetas, respetarlos y no expulsarlos de ella al estilo de Platón.

Los músicos se deben a los poetas como ellos a los cantantes, es una trilogía que sacude y moviliza, alegra y entristece, a pesar del hambre y de las guerras, y de las hinchadas nacionales cantando como si la felicidad del alma fuera música poética tras un Brasil incierto, donde hasta las autopistas caen por corrupción o desidia, y mata. 

Ya entramos en la recta final, el deporte es un bien necesario, sin embargo existen los caníbales deportivos, y no me refiero al Suarez tremendamente castigado. Nigeria se fue con un hombre doblemente quebrado, la sonrisa de Neymar deja de pertenecernos, pero todo sigue su rumbo y Argentina es semifinalista después de 24 años, la edad de mi hijo, y aquí en Trelew, en esta fría Patagonia, cuando todos los seres de nuestro país festejaban, nacía con 2,800 gs mi hermosa nieta, a ella se le ocurrió en pleno partido mostrarnos que nuestros partos son reales, como si la maternidad y la niñez estuviesen empapadas de recuerdos con una pelota de trapo.

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