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Roberto  Goijman

Por Roberto Goijman

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Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1953. A los 21 años aparece en las listas de la “Triple A” y pasa a la clandestinidad. Se exilia en 1976 perseguido por la Dictadura Militar.
Organizador de Encuentros literarios, difusor de la Poesía Patagónica. En 1997fue destacado por la provincia del Chubut por enriquecer a las Letras Chubutenses. Director de Ediciones Patagonia.

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Historia, fútbol y ternura

Las hojas caen como si vivieran un otoño atrasado, desprenderse, partir. Escribía en el día de la muerte de mi madre. Ella, allá por el año 1978 festejaba en las calles el primer campeonato mundial, por entonces estaba a punto de cumplir 50 años y ya era mujer mayor.

14.07.2014 09:50 |  Goijman Roberto  | 

Yo festeje ese ´78, pero mi gran mundial gritado con todas las fuerzas fue el del ´86, tenía mis 33, la edad de Cristo. Por entonces estaba en la Patagonia, época de reorganización gremial; en el ´85 me toco ser secretario general del gremio gráfico, y el mismo día que Alfonsín firma el plan Austral, los compañeros gráficos y de prensa del diario El Chubut, en asamblea determinan la huelga. La igualdad de salarios con Buenos Aires era la exigencia que se venía reclamando. Ese domingo Trelew amaneció sin diario, a la noche, pleno fin de semana el conflicto ya había sido declarado ilegal por el Secretario de Trabajo, Sr Parodi. Los dueños del mismo eran por entonces: el Gobernador Dr Atilio Viglone y el Ministro de Bienestar Social, José María Sáez (alias, López Rega). El conflicto supero todo lo esperado, en el terreno lindero se cocinaba en grandes ollas y se comía con temperaturas bajo cero. Funcionaron las colectas y la calle 9 de julio, se llenó de solidaridad en poco tiempo.
El parque industrial funcionaba en tres turnos diarios de ocho horas, treinta y tres fábricas textiles testimoniaban la pujanza; y mientras se hacían las pintadas publicas reclamando solución, la agrupación Franja Morada blanqueaba las paredes; a los pocos días el diario empezó a salir con sólo unas páginas. Un impresor, dueño de un taller gráfico, manejo la rotativa; un responsable de prensa y unos directivos, las noticias. Fue aquella la única vez que los trabajadores gráficos y periodistas de Trelew, lucharon tan dignamente por sus derechos; 16 despedidos y la desaparición y quema de los papeles que habilitaban el accionar del Sindicato Grafico del Noreste del Chubut, signo un destino no reparado.
Puedo decir que hoy, supero en más de una década la edad de mi madre, y mientras salgo a caminar por esta Buenos Aires orgullosa, que festeja el alma de ese “14” Mascherano, que peleo como los grandes cada pelota, que recuerda a los que hicieron historia, y que dignifico la oportunidad a Romero, ese héroe del arco, con la espalda tan grande como la inmensidad patagónica, o de ese alemán que dejo su vida en los fusilamientos de Santa Cruz del 21.
La dignidad es una virtud, y nuestras ciudades se poblaron de canticos, de banderas y festejos, queda para el futuro la tercera copa. Maradona dice, cuando no facturas te facturan, por eso digo, en la vida se gana y se pierde, se nace y muere, todo es un largo recorrido, sabores que no siempre se disfrutan, aunque a Messi le hayan dado el balón de oro, a la selección la medalla, y la AFA se traiga 25 millones de dólares a repartir.
Recuerdo que cuando joven escribía cartas, eran tiempos donde el bolígrafo y el papel significaban mucho, y los sobres se daban personalmente o se ponían en el buzón rojo de la esquina del barrio. Entonces yo escribía, escribía pequeñas cosas y las entregaba a esa chica que pretendía ser mi novia, y a la otra semana me respondía, y así sucesivamente. Ella siempre al final ponía, Sos un tierno. No un Te quiero, o sos mi amor. No. Sos un tierno. Entre nosotros sólo hubo un par de besos. Algún beso en espera del micro o en escalón de mosaico de casa antigua, y caminatas y charlas tomados de la mano y de la cintura. A medida que pasaron las semanas las cartas fueron disminuyendo y las palabras cambiando. Una tarde, de mi boca sale un jocoso decir… extraño la palabra: Sos un tierno. Y responde seriamente, es que me di cuenta que no los sos. Nunca encontré una real respuesta a esa definición. Luego vino su último párrafo en una de sus cartas: Un café sin ternura es intemperie. Que tengas suerte.
Suelo oír a la gente decir cuando está cerca de un bebe: Que tierno, y otras, cuando uno anda melancólico, Que mirada tierna tenés. También, qué tierna la carne, que sabrosa. Al carnicero le solía decir: Deme una carne bien tierna. Tierna en contraposición a dura. Si sos tierno no sos duro, así sería la cosa. Cuando uno está con un recién nacido se es tierno, no duro. Pero… lo tierno está ligado al amor, al romanticismo, a la luna, a las estrellas, a las noches de playa o de montañas, lo tierno surge de la espontaneidad, a la apertura del plexo ante el cantar del pájaro tapado por el ruido de ciudad. Tierno es el gorrión recién nacido y la ternura, es la madre dándole de comer con su pico. Dar el pecho, a veces es tierno, otras no. Pienso si dentro de mi basta obra poética, tengo poemas tiernos; amorosos y románticos, seguro. Mi mente recuerda uno escrito hace más de treinta años, y dedicado a una de mis hijas, justo cuando mi madre salía a festejar aquel ´78 con ella en hombros, y las cornetas y las banderas y los gritos por esa avenida Corrientes camino al obelisco; y que en este mundial no se pudo volver a concretar.
Robé hace tiempo un poco de locura/ la puse en el bolsillo/ terminó dejándolo sin fondo./ La guarde dentro del cajón/ el de la mesita de luz/ terminó desarmando, descolando las maderas./ Decidí entonces ponerla en el armario/ donde muy de vez en cuando sopla el viento./ Hoy/ mirando a través del agujerito/ que hizo para su alimento la polilla/ veo a la locurita dormida/ junto a la almohada de su primera carta.
Niñez, sueños, recuerdos. Cartas, las mismas que decían, Sos un tierno.



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