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Poemas de Macky Corbalán (Neuquén)

13.07.2019 17:12 |  Noticias DiaxDia  | 

 Ahora mismo, por ejemplo, estaría
donde llueve, o mejor donde el mar
se alza en bramidos sobre una costa
y estalla, contrariado por los límites.

LA LLAVE
La miro con detenimiento,
con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

"La llave de mi corazón" decís al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera elegir
el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor
es materia de fe.


Queda un coro solícito
de animales. Perros y grillos
reposan sobre la extinción
de lo humano. Ayuda que es cóncava
la noche y el sueño un testigo
feliz de urdir los hilos evanescentes de la ficción.
Un escenario parco son las bardas oscuras,
dan pie a la pregunta por los insectos, por
sus huellas minúsculas, sus túneles
sinuosos, la pulsión obcecada por el
alimento, la insaciabilidad del vivir.
Es ahora cuando preguntar. Ahora es ahora,
no un ahora de tiempo; de sincronía, de
frutos morados al alcance de la agitación, de
hierbas creciendo inadvertidamente, con
el secreto mandato de cubrirlo todo; estatuas
solas en su miedo nocturno, también objetos
que parecen personas.

Es ahora.

Las piedras, grandes y pequeñas, en su
elegida inmovilidad orgánica, consumiéndose
a oscuras, solas, accesibles a todo
pavor. Diríase que el mundo entero
teme. Las piedras no son flores, si lo fueran
permanecerían afables e impávidas, cerradas
al ojo negro de la hora, conscientes sólo
de lo húmedo, lo suave, lo dulce.

Es ahora. Una insistencia en el aire
parece asegurarlo.

….

MÍNIMA,
en el descanso de
la fe, tallé
un dios justo
a mi medida.
……..

ESA MUJER

Quisiera ver la nueva casa
llenarse de colores y que ella,
la que jamás supo de soledad
de gente, se sintiera acompañada.
Ahora sabe de esa soledad, pero no
de aquella que supo pegársele de
niña: con sombra, con juegos, con
amargos vientos en las piernas, se creía
acompañada, pero era nada
más la rojiza caricia
del sol en la siesta de la chacra.
Da pena el solo pensarlo. Ahora
anda por esos cuartos nuevos y
pone cosas aquí y allá, como si
esas cosas no fueran ella. Como si
fuéramos algo más allá de los objetos:
ese sillón arañado de gatos, las ropas
colgando desoladas en el aire
del patio, el balde de plástico abandono.

Se le llena la cabeza de las voces
del miedo, por eso apela a los juegos
con animales que le saltan y ensucian, ríe
fuerte, alto, piensa en comidas
que hará, en llamar a la radio por quejas
de todos, hace y rehace la cama
que ocupa sola.

Mientras pela redondas papas sucias
de tierra, piensa en cómo, de pronto, todo
se volvió cercano, accesible, incluso
la finitud. Más tarde, come a solas
lo que a solas concibió.

¿Será así? ¿desde ahora todo hacia abajo si
abajo es resignación y vacío y muerte?

Las luces de patios vecinos se han apagado,
ahora ellos, esposos, amantes, niños, duermen
acunados, vigilados por el insomnio
intermitente de quien teme.

Toda quien es madre espera
no estar sola un día, esto no desmiente
las noches en vela, la vida entregada,
el aturullamiento de los sueños.

Ahora,
las plantas son hijos.

REGALOS

1
Te di una piedra, fantástica
combinación de brisa, sol
marino, arena y tiempo.
Y creíste que te daba el corazón.

2
De apuro, con las ruedas de
la bicicleta apenas detenidas,
trajiste manzanas. Y seguiste,
rauda, el camino que no has
de cambiar. Pero, pequeña,
las manzanas eran rojas, brillantes,
abrían su corazón dulce al
mordisco, al ansia, a
la sed de mi urgencia.



Voy a decirte lo que vi:
sobre la noche cayó el silencio
y cubrió los rostros dormidos,
mientras los perros aullaban
de clarividencia y frío, sumando
al sueño otro sueño.
Recorrí las calles y una luz blanca
desde el cielo lo alumbraba todo,
todo lo volvía visible: las delgadas siluetas
de los árboles tocándose en las sombras;
pasos apagándose de pronto en las esquinas; y
los duros hombros de las casas, unos contra
otros apoyados, dándose ánimo.
Sólo el miedo daba al sonido de mis pasos, eco.
El vacío del mundo.
Un grillo haciendo sonar sus alas.
Los brotes nuevos, bajo tierra, tocando
la música más maravillosa
que yo hubiera oído.

Fuera de esta habitación,
los perros inician su inacabable
perorata nocturna, los gatos se hacen
uno con el muro y crece, en el mundo,
una jerga animal que no me es extraña:
sube por tus ojos antes
de tocar mi cuerpo.

Algo clama por la atención del gato
que, desde su somnolencia, se yergue
y husmea el aire; como en el resto
de las cosas esenciales,
no hay nada allí que nosotros
podamos ver.

Apenas los ojos
humedecen su pábilo, los objetos
recuperan el orden
de su universo sin gentes.

HUARITACO
Huaritaco
soy
bailo con el instinto
del universo / del humas / de la perra
representante del dios huari
soy
fémina corrupta de
sexo rapaz y prejuicioso
despierto
encendidas polémicas sobre mi ambivalente lengua
se ponen de acuerdo en desviar sus miradas
escupen mi rostro
evitan el detergente de mis uñas
son duro / impiadosos
pero nada pueden
huraritaco
soy
pese a sus grotescos
esfuerzos por hacerme hijos
desprecio su semen desde mi útero fresco
vuelvo la cabeza
ante sus vacías cuencas frente al sol
soy
la representante en la tierra perversa
del dios huari
de sus huestes de vientre carcomido
voy
encendida / con muslos abiertos a la intriga
tocan mi ternura inhiesta
pretenden avanzar sobre mis muros
yo
dentro de mis tierras
mastico / baño el cuerpo en leches violentas
leo fulgurantes letras en la piedra
sus artilugios son tan ingénuos
como los ojos del niño escondidos en el piso
para mi dolor
- me se el rostro de todos los dolores -
huaritaco
soy
bailo
danzo por la panza de la noche
que sigue
en celo.



Un único rayo de luz solar
hiende el pliegue brevísimo
de la cortina. Pone al descubierto
uno de los mundos invisibles: infinidad
de partículas desnudas incansables, 
bailarinas.

¿Cuántos mundos asesinados sin saberlo,
ahora y antes, antes y ahora y por siempre
bajo la indoblegable lógica de lo sólido?

Tomar en embeleso el cáliz de sangre que
nos está destinado, por purgar, ésta 
y aquella, culpas

La misma hendidura
en el amor. El mismo yerro.

Tiranías del cuerpo y su jauría.

LA MORDEDURA

Anda, en apariencia,
indemne. No advierte
aún el rastro de sangre,
la herida ni el sigilo del paso
tras de ella.

***

Olfateo hondamente el aire, busco
los datos que permiten al pájaro
la vida. Dirección, sentido, peligro,
alimento, todo uno
en las especias del aire.
Pesada y sin plumas, voy en desventaja,
no crean que no lo sé. Pero, también
empecinada, sé de lo que se trata la vida,
y voy por ello.

Macky Corbalán nació en Cutral Có, Neuquén (1963 /2014). Poeta, Licenciada en Servicio Social, periodista y activista de las causas de género y del medio ambiente. 
Publicó los libros: La pasajera de arena (Libros de Tierra Firme, 1992), Inferno (Libros de Tierra Firme, 1997) y Como mil flores (Hipólita Ediciones) y “El acuerdo”, 2012.
En antologías: “Poesía en la Fisura”, por Daniel Freidemberg, 1995; “Antología de Poetas de la Patagonia”, 2006; “Poetas Argentinas” (1961-1980), 2008 y “Poesía del siglo XX” en Argentina, 2010, entre otras.

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