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MARTÍN RANINQUEO - ULTIMA CARTA

(La Plata, Buenos Aires, 1962)

21.04.2024 07:59 |  Noticias DiaxDia  | 

ULTIMA CARTA

Aquí no hay álamos
ni luna, querido Pablo
aquí no hay luna.
Por las noches 
Sólo cuelga del cielotecho
(nuestro juego de alucinada protección)
una radio portátil
obsequio de tía abuela
que a veces cata Era en abril
de alguien de quién no recuerdo
su nombre.
Tengo tantos silencios por decirte
y, sin embargo,
lo primero que viene a mi cabeza 
es esto de no saber 
cómo debo matar
a las ovejas que me miran:
apunto 
me cargo de acero
y bajo el fusil
mientras espero impaciente
el momento de apuntar al Norte.
Pero los barcos nunca se ven. 
Será por eso que arrojo
con furia encendida cigarros de té
en los dientes del aire,
quizás como tiros de reglaje
o en infantil defensa propia.
Además he terminado por comprender
que el viento anda lloviendo verdugos,
que come la piedra
y nos causa dolor.
Ahora debo dejarte, querido Pablo…///
///…saldré a marcar
con baba y veneno
un pedazo de tierra
que haré mío
y en el instante crudo del miedo
al polvo le pediré
un río de sangre salvaje en las venas
o hacerme fuego
bajo las alas de Cafulcurá:
“No entregar Carhué al winca”,
repitió en su agonía
para después morir.
Pero debo salir,
hay que vengarlo a Juárez,
el de la escarcha en la risa
al que ayer un pájaro rojo
le abrió la frente
en el centro frío
de su soledad.
Por último,
toda caja de música
que suene en el mundo
no la dejes apagar.
Es tu responsabilidad.
Mi garganta, querido Pablo,
en tu garganta queda.
Cuando los alambres de la noche
cercan los ojos, la sangre negra
llena las cavernas de mi cuerpo.
Un temblor de hojas caídas
da comienzo al naufragio
en los jardines R.E.M.
terror a no amanecer
o creerme amanecido.
 
Los cristales blancos
filosos
no me habilitan
el espejo de la lucidez.
Apenas descubro
los pálidos destellos
de mis voces ahogadas
que me cuesta reconocer,
me escondo.
Nunca supe
meter mano
en esta mugre.
Pero existen días
en los que quisiera
carnearme como una oveja
y ver mi corazón
sobre una mesa de disección,
ahí solo, 
palpitando
pidiendo sangre
a gritos
y yo
poder negarme
aunque sea 
una vez.
El manto nocturno
bordado con las voces
de los muertos
solubles en la opacidad
de la memoria
arde en el fuego
con ramitas secas
de mi alegría.
Por eso festejo
inconsciente
la luz del olvido
o canto.
 
Cómo es que digo
no al olvido
cuando hay un cielo 
que necesito olvidar 


POESÍA ARGENTINA Y MALVINAS. UNA ANTOLOGÍA (1833-2022). Investigación, selección, prefacio y posfacio de Enrique Foffani y Victoria Torres (Coordinadores)
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