poemas-de-jujuy-a-tierra-del-fuego |
Poemas de Silvia Barei (Córdoba)
29.11.2025 15:11 |
Noticias DiaxDia |
DESÓRDENES
Tiempo de silencio
Si tuviera las manos finas y los dedos largos de Marta Argerich
si me hubieran regalado un piano de cola
o mi abuela me hubiera legado el suyo
y mi gato
caminara por las teclas como en las películas de Disney
si hubiera escuchado mejor a Charly o al Mono Villegas
si me hubiera sentado una (o muchas) noches en el patio
a escuchar el Concierto número 21 de Amadeus Mozart
o los conciertos para dos pianos que imagino
como el piano azul y el piano blanco de mi amigo Juan
si hubiese corrido llorando al lado del coche
que llevaba a Béla Bartok al cementerio de Ferncliff
si una noche de insomnio hubiera imaginado un diálogo
entre un piano de cola y la cola de un caballo
probablemente sabría
por qué
nunca termino de acomodarme
en este tiempo confuso y sin padres
cuando todo parece a punto de quebrarse
por qué
no escribo con la mano izquierda
por qué
me ahogo en un montón de palabras crispadas
mientras la poesía ronda la escena de mi casa
en la brisa
en el cristal de las ventanas
en los largos silencios de las páginas
y se esfuma flotando sobre los tejados
como la novia abandonada de los cuadros de Chagall
como el camino de regreso a Itaca del poema de Kavafis
como los acordes del piano sordo de Beethoven
o ese piano viejo
perdido como yo
en estos tiempos enlutados.
Apuntes sobre el barro
“Tenés la fortaleza/de quien aún no sabe qué le harán”
Andrés Neuman
I.
No sé. No es tan malo traerte conmigo -dice el asesino-
y finge estar interesado
en mi vestido, en mis uñas rotas
en mi forma de estar parada
/con este calor de húmedo verano/
sin advertir que voy volviéndome humus
volviéndome tierra
volviéndome barro.
Trato de adherirme al suelo
como una pisada
como una mancha
como un bichito
en un campo anegado de agua.
II.
Hay un pozo de sombras y alquitrán
un niño sin padres
una ciénaga
unas hojas que caen
un río que se tiñe de sangre.
Mi cuerpo sueña
con tomar una forma diferente
tener espinas
tener niebla
tener colinas.
Yacer bajo tierra
envolverse en raíces
ser aliado de los gusanos
ser oscuridad
ser alimento para las hojas y los tallos.
III.
-No sé. No es tan malo traerte conmigo -dice el asesino-
Hay un desierto bajo los párpados.
Hay violencia en las esquinas
Hay mugre
Hay jirones
Hay un mar de lágrimas
Hay ratas en las alcantarillas.
Para no mirarlo
mi corazón baja por la calle y llega al río
escena primordial donde escribo
/con un palito/
las letras de mi nombre.
Pasa una silueta
con una linterna por la orilla
y se pierde en la cavidad de la noche
mientras pienso /con expresión ausente/
en las preguntas
en las distancias
en el calor diáfano y evocado
en el mundo y sus desórdenes
en esto que nunca será una rendición.
Y el barro toma la forma
de una desnuda belleza.
Árbol
Una dosis de suerte
suele conseguirnos
respuestas a labios que no hacen preguntas
dolores que no llegan hasta los huesos
nombres sencillos y viejas historias para llenar el tiempo
un agradecimiento, un camino nuevo
y ningún bolsillo con cosas para esconder.
En un mundo así de borrascoso
en los bordes lacerados de la tierra
campos que huelen a azufre
restos de paisajes vigilados por el viento
/guardián desprovisto de armadura/
un árbol desafina
despierto en la oscuridad
como quien disputa el mundo
a la procesión de los días.
Esparce el vocabulario de sus semillas
divulga el destello de su intimidad
y abona el alfabeto de la vida: agua, luz, aire en una sola respiración.
Me arrodillo, me descubro, pido la bendición
al dueño de la casa donde vivimos extrañados.
( a Aldo Parfeniuk)
Heba
La carne palestina
es tristeza
Eduardo Mosches
Si morimos
sepan que estamos satisfechos y firmes.
Digan al mundo en nuestro nombre
que somos personas justas
del lado de la verdad
dejaste escrito
Heba Abu Nada
/nombre de mito, nombre de estrella, nombre de muchacha huyendo en sandalias/
escribiste
llegada tu hora
el corazón desolado
pensando tal vez en los días del perdón
escribiste
la noche antes de morir
la oscuridad en la ciudad sitiada
rasgado el cielo de misiles
el ojo indiferente de los cañones
la nueva edad de hierro
se abre paso entre nosotros
ciega y despiadada.
No hablo aquí del Agua cristalina
sino de las infinitas lágrimas en los rostros
del naufragio en un mar de arena
de todas las derrotas prendidas en los costados
las bocas secas
la lengua pastosa
que solo nombra muertos.
Hablo
inconsolable
del oasis
que no podrá ser
sin tu verdad ni tu perdón.
Mujer que escribe junto al río
Ese cuaderno pequeño
es un resplandor
una letanía
acuñada
entre el aire
y la complicidad de los pájaros.
El agua
un sonido con el que a diario
tropieza
sin darse cuenta
sin
entender
este río
su luz incandescente
sus cañas sedientas
la altura de sus piedras
el corazón del árbol y su centro de latidos
seres
dotados de lenguaje.
Deambula
por el desorden amarillento de las hojas
como en un jardín donde se asoma el paraíso.
Bienaventuradas
Ando
en tono de andante cantabile
atravieso
senderos y raíces
mercaderes de paso grave
mujeres que tejen y destejen
rostros tallados por el dolor
un hombre errante y de perfil sonámbulo
/ tal vez un dios sin dueño/
persigo
sin lágrimas y sin prisa
una lumbre misteriosa
que guía a la casa del tiempo
a una isla de niños y libros
al amor solitario que buscan mis palabras
al sermón de la montaña y sus cielos de enero.
Bienaventuradas
las que renuncian al alarido
y persiguen en los huesos de la memoria
el arrullo de los ríos
las curvas del suelo.
Bienaventuradas
las que buscan a alguien
en el nombre de todos
en la herida en la espesura
en los remolinos y los duelos.
Bienaventuradas
las que huyen
de la casa del viento.
Dones
Dice usted madre
que es tiempo de sequía
que no crecerán las lechugas
que no hay sombra
para las rosas
que el cielo está cambiado
que vuelven
los tiempos malos.
Dice
que habremos de sembrar entre navajas.
Partir, salir de viaje, marchar,
cruzar el laberinto
la ruta por donde van las caravanas
los húngaros (esos que otros dicen que son gitanos)
sus carromatos, sus pailas, sus rezos.
Y ese niño que toca la mandolina.
Ese niño que mira como usted, madre.
Perderme.
Ir y venir
como si todo fuese un regalo.
Un regalo suyo
madre.
Invasión
Te trajeron ayer por la mañana.
Entraste
como quien conoce el camino.
Tomaste una fruta
abriste la alacena
acariciaste a la perra
que te movía la cola
bebiste el agua de un florero
te comiste las flores de tela
las que parecen marimonias
y también las astromelias
que tenía separadas para
llevar al cementerio.
Te pusiste una peluca
salida de no sé dónde
le diste un manotazo
a mi vestido nuevo.
Hojeaste el último Para ti
te probaste el brillo de labios
me rompiste la foto de Sinatra
y me miraste como diciendo
no me vengas con cursilerías.
Quien te trajo no explicó nada
y yo me quedé muerta de risa.
Luego entendí mi ligereza:
Nadie discute con eso
que puede parecerse a
una invasión.
Como el amor.
O la muerte.
Silvia Barei es profesora universitaria y escritora. Ha publicado numerosos libros teóricos de su especialidad- Teorías de la literatura y la cultura-, entre los cuales merece destacarse su ensayo titulado Reversos de la palabra. Poesía y vida cotidiana.
Sus libros de poemas publicados son : Que no quiebre el conjuro la palabra, De humana condición, Cuerpos de agua -traducido al italiano y al ruso-, Mujeres, artes y oficios (Con María Teresa Andruetto ), La casa en el desierto, Animal ciego, Nosotras, Sangre acompasada, Carmen, Fauna (con N. Specchia y R. Campra) y el último de 1924, Aqua.
Sus poemas figuran en diversas antologías, revistas y compilaciones nacionales e internacionales y participa activamente en encuentros, festivales y mesas de poesía.
Pertenece al grupo literario y Comité Editorial de la revista Palabras de poeta (Córdoba) Noé Jitrik ha señalado que sus poemas “están escritos de una manera reverencial, como si cada uno de ellos surgiera de una reflexión profunda transmitida con una libertad muy particular, en la que predomina el registro bajo, musicalmente hablando, un adagio o un largo…poesía que me inspira respeto y emoción, nada me choca, todo me inscribe”.