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¿PODRÁ LA POESÍA ENGENDRAR UN NUEVO HUMANISMO? Por Leopoldo Castilla

15.02.2026 00:01 |  Noticias DiaxDia  | 

Siglo tras siglo se sucedieron las alarmas anunciando el inminente apocalipsis de la humanidad. Pero nunca como ahora el final de nuestra especie, por razones contundentes, se ha visto tan real y tan cerca del abismo. La devastación de la naturaleza, cuya destrucción conlleva nuestra destrucción ; la concentración de toda la riqueza del mundo en el uno por ciento de la población a costa de la miseria de millones y la reiterada – y vacía- barbarie de las guerras por la vana y brutal hegemonía del poder contribuyen a que ese final pueda llegar a ser irreversible.
También, en su intento de contrarrestar tanta atrocidad, son innumerables las utopías que a lo largo de los tiempos naufragaron ante la dictadura del poder político, económico, religioso y militar cuya estructura permanece inalterable e impune desde el fondo de la historia. La arquitectura piramidal que los sostiene tiene como base, necesaria e indefectiblemente, la dominación de los pueblos.
Alguna vez en otros escritos aventuré que la paulatina conformación de una sociedad organizada horizontalmente podría, con el tiempo, ser una solución para suplantar a esas cuatro pirámides ( las del poder político, religioso, económico y militar) con una estructura conformada por organizaciones de base que, al actuar solidariamente, conservando cada una sus fines específicos, pudieran, en una suerte de red neuronal, conectarse entre ellas para ir alcanzando sus objetivos particulares y, luego, actuando mancomunadamente , engendrar entre todas una nueva sociedad sin los parámetros que ahora la amputan y la inmovilizan.


Pero mucho me temo que casi no tenemos tiempo para concretar transformaciones tan radicales. La política -pese al llamamiento de algunos de sus pocos emergentes con conciencia- se muestra indefensa y atónita ante los ya incontrolables efectos de sus propias acciones. Sujeta a arquetipos perimidos se repite como siempre, sólo que esta vez a costa de las utopías que hubieran podido engrandecerla (tal como sucedió con la adhesión de Europa a la OTAN y a su proyecto bélico y de hegemonía y dominación económica que significó la recesión del Viejo Mundo como generador de nuevos humanismos).

UN NUEVO PARADIGMA
La idea del “ser” como categoría esencial instalada por la filosofía, aún con todas las versiones alternativas de algunos pensadores, no ha logrado despojar a esa unidad a la que se aferra el individuo como una verdad incontrovertible, muchas veces relegando a meras divagaciones cuando no animismos o supercherías, otras experiencias que dan cuenta de que ese ser es sólo un ilusorio estado en el hombre hendido por todas las dimensiones del universo.
Sin embargo el humano al nacer está hecho de 70 u 80 por ciento de agua y el 99,9 de vacío, activado por algunos restos de la materia cósmica (“Polvo de estrellas” como lo definía Carl Sagan) persiste en aferrarse a su singularidad ignorando los infinitos afluentes del Todo que convergen en él y que lo expanden.
Percepción a la que no eran ajenas otras culturas Por ejemplo recuerdo que viajando por la India vi un letrero en una escuela rural que decía:” La peor maldición que puede tener un hombre es la sensación del yo”.
Sí antes la física tenía esa evidencia (el mismo Sagan en sus diálogos con Althusser y Piaget, señalaba que hay verdades que la ciencia conoce pero que no pueden socializarse), la física cuántica actual, refrenda lo que sería el primer paradigma: somos energía. Esa es nuestra constitución esencial. Y es ella la madre de las infinitas mutaciones del universo al que estamos unidos. Y también signa este mundo donde nuestra identidad es múltiple: somos uno con la piedra, con el árbol, con los animales, las aves, los peces y las plantas y uno con el mar de dónde, por ventura del alga azul, llegamos a tierra firme..
La no aceptación o el desconocimiento de estos principios sustentan la idea de alteridad: yo soy sólo yo por lo tanto el otro puede ser potencialmente mi rival o mi enemigo. Esa falsa concepción de la singularidad (señalada y desoída tantas veces) es la que en el fondo sustenta la discordia entre los humanos y el deseo de dominación y de poder.
Para que exista una sociedad consciente de este nuevo paradigma es necesario inculcar estos principios en la educación primaria de las generaciones venideras.
La inanidad del discurso, la deflación de las ideologías y la falta de creatividad de la política son detonantes de ésta, al parecer imparable, demolición del orden social y de la razón y libertad que deberían sustentarnos.
¿Cómo restaurar esa obra de siglos y, más aún, cómo contribuir a abrir nuevos horizontes para su renacimiento?
La proliferación de regímenes neonazis y fascistas a la que asistimos actualmente tienen como objetivos en su versión de “batalla cultural” borrar en el individuo, todo rastro del humanismo que a lo largo de la historia le dio conciencia no sólo de sus derechos, sino también de los del grupo social al que pertenece (y del que hay que separarlo para someterlo a su arbitrio). O sea una batalla cultural para aniquilar su cultura.
En definitiva quieren simulan crear una nueva era con el cadáver de una era vieja.
Son muchas las voces que denuncian que lo que hubiera sido la universalización del conocimiento a través de la cibernética con sus consecuentes beneficios terminó, en el siglo XXI, convirtiéndose en un temible instrumento de sojuzgamiento de los pueblos por quienes son propietarios de las usinas para su divulgación.
Concentradas en manos de unos pocos han desplegado, con sibilina eficacia, redes como una vasta telaraña, que atrapan uno por uno por uno a los individuos para amputarles su autonomía – cuando no su juicio- para tornarlos serviles sus siniestros objetivos.
La suplantación- por sucesivas amputaciones- de la cultura de cada país con la invasión de productos subculturales sin contenido, desechos de su propia voracidad, la naturalización de las guerras para satisfacer la gula de los fabricantes de armas; el saqueo cuando no la ocupación de otros países; la expulsión de otros pueblos de su tierra de origen llevándolos al exilio, a la miseria cuando no a la muerte, son sólo algunas de sus acciones cuyo único propósito es vaciar su identidad, su historia y del numen mismo, tanto material como espiritual, de sus naciones.
Este es el escenario actual de sus operaciones. A fuerza de reiteradas y de ser sustentadas por infames argumentos, sus efectos pretenden ser justificados. Así son- y así fueron siempre y serán las cosas deben concluir- resignados, los hombres atrapados en sus redes. Sólo falta derrocar una pieza para ganar totalmente la partida y es anular al individuo, despojarlo de su identidad, de su sentido de pertenencia a un grupo social y, como dije, de su autodeterminación.
Qué mejor instrumento para esos fines que concederle el dominio de una vasta información – por supuesto aviesa y calculadamente suministrada- que le dé sensación de poder de modo que no advierta que simultáneamente, al aislarlo, está siendo vaciado de su autonomía .
La lengua que une- y reúne- al grupo social, la lengua que guarda la memoria y la identidad de los pueblos, esta signada a ser la primera víctima de sus designios.
Y ahí vemos a un hombre sentado ante el altar de una luz carnívora que sucesivamente lo deslumbra a medida que lo va cegando por dentro. No advierte que:
1) al aislarse está suprimiendo el diálogo físico con el otro. Y con ello toda la riqueza expresiva que se pierde: la gestual, la profundidad de los silencios y, simultáneamente, suprimiendo las floraciones del idioma y sus múltiples significados al reducirlo a abreviaturas, emojis o signos.
2) La pérdida de conocimiento con el cuerpo a la vez implica la disminución de los sentidos y con ello la anulación de las asociaciones que revelan la riqueza pánica que existe detrás de cada percepción por pequeña que sea.
3) La transformación es una polea de transmisión que lo desborda tanto como balda su propio pensamiento. Y lo consigue con la inducción de ideas ajenas diseñadas a través de las redes, de tal modo que, por su persistente reiteración, el receptor termina creyéndolas propias.Y progresivamente el poder consigue uno de sus principales objetivos: que ese hombre crea que cree.
4) Y es así como el aparato va exterminando en él el don de la contemplación que es, ni más ni menos, la posibilidad de una integración del individuo con el Todo. Y no sólo acontece la reducción de su percepción y de su imaginación: paralelamente se deterioran las posibilidades de una fructífera relación emocional con el universo sólo mediante el cual se revelan las más altas y potentes extensiones pánicas de su espíritu.(1)
Asistimos, en suma, a una progresiva deshumanización que desemboca, en la Inteligencia Artificial que, más allá, de los beneficios que aporte, ya amenaza con suplantarnos, con un temible albedrío que- como lo anticiparon tantos escritores visionarios- se convertiría en un superpoder autónomo del cual todos seríamos esclavos o, en el mejor de los casos, meros instrumentos.

LOS EFECTOS EN LA POLÍTICA MUNDIAL

El solipsismo de ese individuo despojado de su memoria y, por ende, de la memoria histórica de su país conduce a la pérdida de pertenencia, se convierte en un peón inane a merced de la voluntad del poder. y pierde también conciencia de valores como la libertad y la solidaridad. Y lo que es peor aún, también de su capacidad creativa.
Se convierte en víctima propiciatoria para la consecución de los fines que mueven y consolidan a las dictaduras. Éstas, por su parte, sin otro norte que el saqueo, al carecer de principios- y de imaginación-no pueden construir un orden político nuevo que los incluya, sino un sistema que crece a medida que conculca sus derechos.
Es cuando resucitan regímenes políticos ya extintos, como el fascismo o el nazismo volviendo vigentes formas de autoritarismo, codicia o racismo (esa petulancia de los ignorantes), considerados ya sino superados y descartados por el decurso histórico.
Pero por lo que se ve la historia se repite como tragicomedia en personajes más absolutistas y criminales que los modelos reciclados.Y ahí están: Trump, Putin, Netanyahu, sólo para nombrar algunos, seguidos por una caterva de obsecuentes , perversos y ridículos imitadores e imitadores que venden su país – Milei es uno de ellos-a cambio de conseguir un lugar en la mesa de sus líderes, que no es otra que la mesa del tanatorio de los pueblos.
En ese festín devoran los restos de las asociaciones mundiales (empezando por los de las Naciones Unidas) que se crearon, con sus defecciones y aciertos, para extender un sistema que protegiera la libertad y los derechos de los hombres y mujeres en todo el mundo.
Y tienen miles de seguidores y, lo que es más extraño, de gentes que no sólo no se benefician de ese saqueo sino que también son víctimas de él. Y es ahí donde se ven, como dije, los resultados de la maniquea manipulación de la mente del individuo a través de las redes, respaldada por los medios de difusión que generalmente son de su de su propiedad o de sus amigos.
Son éstas las primeras y no por eso menos temibles consecuencias de la presente devastación de la inteligencia y el sentido común de la población. Aunque, urge decirlo, no de toda. También son millones las personas que han tomado y van tomando conciencia y están dispuestas a dar la pelea y recrear un nuevo humanismo.

HACIA LA SALVACION DEL LENGUAJE

Ya pensadores como Cicerón, Moro o Nebrija concibieron al humanismo como un proyecto político educativo que, de ser aplicado en estos tiempos, también debiera, como dije, reconocer la condición plural del individuo
Y en ese punto la poesía juega un papel esencial. Decía Cicerón “ que es en el lenguaje por el que se alcanzan las cotas más altas de lo humano, el lenguaje propiamente dicho, no los números”.
Y Hegel afirma que “el mundo del espíritu que se produce a partir de sí mismo como una segunda naturaleza”.
La escritura como detonante también es consignada por el humanismo renacentista que le da preeminencia a las letras sólo que las quiere vincular con la sabiduría de Dios. (1)
Dice Heidegger” Sólo a partir de lo sagrado se puede pensar la esencia de la divinidad. Sólo a la luz de la divinidad puede ser pensado y dicho aquí debe nombrar la palabra “dios”.
Ahora bien, si la idea de dios, como el creador del Todo, pertenece a la dimensión de lo sagrado (en la religión) debería ser revisada o confrontada, encontrando su posible correlato ya sea en las infinitas mutaciones de la física o en la poesía que las contiene, las multiplica y las propaga sin ataduras a ningún credo.
Sobre este punto permítaseme una digresión: la revisión prolija de la historia de las grandes religiones nos puede demostrar- poniendo en duda tal aserto- hasta qué punto los dioses fueron, más que concebidos por los hombres, impuestos por el poder religioso.
No intento con estas reflexiones denostar a nadie por sus creencias, tengo un total respeto por quienes profesan la fe en sus dioses. De hecho, personalmente, me interesé y participé en mis viajes de los ritos de diferentes religiones no sin asombrarme ante los muchos y extraños efectos que la devoción producía en los creyentes.( De verlos creo que me convertí en una suerte de ateo politeísta). Y también indagué en mis poemas, no sé con qué certeza, acerca de la idea de la existencia –o no-de un Ser Supremo.
Mas toda verificación sobre este punto sucumbe ante el sutil dictamen de los fundadores del cristianismo, el judaísmo y del credo musulmán: su críptica potestad es inaccesible.
Condición que, extrañamente, también comparte la poesía que sería sagrada porque crea todo y no cede su secreto.

POR QUÉ LA POESÍA
En esa nueva arquitectura pienso que la poesía, al ser creadora por excelencia, puede contribuir a renovar, por un lado, la visión del hombre sobre su verdadero estar en el universo. Y, por el otro, a resignificar su percepción del tiempo y del espacio en el que acontece.
Si una nueva sociedad instruyera a sus miembros acerca de la coincidencia entre los nuevos postulados de la ciencia que, a partir de ese primer paradigma, describen, la infinita multiplicidad del “ser” y de esa misma condición revelada por la poesía, se produciría no sólo una transformación radical en la sociedad, sino también se abrirían las puertas hacia un nuevo humanismo. A partir de la reunión, con nuevos presupuestos, de las “ Dos culturas” como quería C.P.Snow.
Unas palabras a modo de argumentación sobre lo que aquí nos basamos para afirmar que la poesía es poseedora de esos dones. Pues ocurre que cuando alcanza el grado de “revelación” -por la concurrencia de muchas percepciones aún desconocidas por el mismo poeta- ésta es inmodificable y definitiva. La mínima alteración o intento de suplantación claudica ante la contundencia invulnerable de lo que el verso expresa. Y es que no sólo descubre otras realidades inéditas, sino también, como el mismo universo, crea mundos continuamente.
Otra de sus cualidades-y que la poesía comparte con todas las obras de arte- es la de vencer la sentencia del tiempo y no sólo por la perdurabilidad de sus afirmaciones, sino también porque posee el don de vaticinio que, como sabemos, determinó que al poeta se lo llamara “vate”. Y esa condición se origina en la captación de múltiples realidades (algunas de ellas consideradas fantásticas por el común de la gente) las que, pasado el tiempo se comprueban como reales. Si incorporáramos a la educación actual esas inéditas revelaciones junto con las nuevas evidencias de la ciencia a la educación, se modificaría radicalmente el discurso social sometido hasta ahora por la inmovilidad de perimidos preconceptos que dan sustento y arbitrio impune a los actores del poder.
Se puede argumentar que no todo el mundo entiende o gusta de la poesía. Es una aseveración equivocada. He comprobado durante años leyendo poemas ante espectadores aparentemente ignaros que su mensaje es radiante. A un oyente lo ha emocionado un verso, a otro un verso o un poema diferente. Y más de una vez me dijeron “ a ese poema lo he sentido mío, como si lo hubiera escrito yo”. Y es que, como dije anteriormente, al ser la naturaleza la que escribe el poema a través del autor que forma parte de ella, todos sus códigos aún los más crípticos, están de hecho incluidos en la sensibilidad del receptor dado que él es también naturaleza.
La legitimidad de esa pertenencia es también la que concede legitimidad al poema.
Puede que en algún momento el lenguaje poético suplante siembre de nuevas percepciones del mundo el desierto que nos ha legado el lenguaje político descongelando y engrandeciendo la percepción de la “realidad” del discurso social vigente.
Quién sabe si cuando Platón expulsó a los poetas de la Polis no los estaba preservando de la política. O, lo que no es improbable, reservándolos para que en el futuro vinieran a entregarnos una de las llaves que nos abran las puertas hacia un humanismo más libre, más justo, solidario y creativo.


(1) Ambas citas son recogidas por Felipe Chozas en su Historia cultural del Humanismo Themata- Plaza y Valdez. Sevilla 2009 Madrid)
(2) Sobre este punto reitero reflexiones de un ensayo mío titulado Pedagogía de la poesía.








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