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CÁTULO CASTILLO: EL POETA DEL TANGO, por David Antonio Sorbille
05.03.2026 21:04 |
Noticias DiaxDia |
Ovidio Cátulo González Castillo nació en Buenos Aires el 6 de agosto de 1906. Hijo de Amanda Bello y José González Castillo: dramaturgo, libretista de cine y poeta social rosarino. En 1926, Cátulo viaja a Europa y estuvo a punto de representar al país en los juegos olímpicos como boxeador. En la década del 30’, fue profesor del Conservatorio Municipal de Música Manuel de Falla donde se desempeñó en pedagogía, historia de la música y acústica musical. En poesía recibió la influencia de Rubén Darío y Evaristo Carriego, y desde su juventud, demostró una genuina inclinación por lo popular como esencia de los sueños y necesidades del pueblo que motivaron sus memorables tangos. De ahí que, la nostalgia, el amor, la soledad y el tiempo conformaron su acervo lírico. Al respecto, cabe mencionar: Organito de la tarde (1924), Caminito del taller (1925), grabado por Carlos Gardel; Viejo ciego (1926), con Homero Manzi; El aguacero (1931), canción pampeana con letra de su padre; a las que siguen notables títulos junto a Sebastián Piana: Silbando (1925); Caserón de tejas (1941) y Tinta Roja (1943); presentada por la orquesta típica de Anibal Troilo y la voz de Norberto Fiorentino. La lista continúa con sus célebres: Café de los Angelitos (1944); María (1945); Arrabalera (1950); El patio de la morocha (1951), A Homero (1952), que determinan un lugar de privilegio en la música porteña. Asimismo, prologó el libro Chapaleando Barro (1929) del célebre Celedonio Flores. Mientras tanto, su compromiso político le deparó actividades en la función pública durante el gobierno peronista como presidente de la Comisión Nacional de Cultura de la Nación (1953), desde donde desarrolló una notable tarea en favor de la cultura popular. Fue autor de sainetes, guiones de teatro, cuentos, ensayos, y publicó su poemario Danzas Argentinas. En 1955, padeció marginación al derrocamiento del peronismo, pero, su templanza y convicción no lo abandonó y prosiguió con su fecunda tarea creadora. Se desempeñó en diversas funciones en SADAIC y sus tangos son interpretados por la mayoría de las orquestas típicas. La última curda (1956), ¿Y a mí qué? (1960), La calesita (1962), con Mariano Mores, y tema central del filme dirigido por Hugo del Carril; Desencuentro (1962); El último café (1963), con música de Héctor Stamponi; y El último farol (1969), entre otros, conforman su extraordinario patrimonio musical. En 1967 participa en la antología Prostibulario; y en 1969 escribe la letra de la cantata "Evamérica", dedicada a Eva Perón con música de Rubén Mazza. En 1970 se estrena el filme basado en su novela: Amalio Reyes un hombre, interpretada por Hugo del Carril con la dirección de Enrique Carreras. En 1974 lo designan “Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”; y fallece el 19 de octubre de 1975. Gustavo Atonalam sostendrá con absoluta certeza: “Su obra y su legado siguen vivos. Y mientras haya un bar donde suene el tango, Cátulo seguirá allí, recordándonos que la ciudad no es solo lo que fue, sino lo que todavía duele que sea”.
Bibliografía:
https;//www.tiempo.com.ar/ta_article/catulo-castillo-poeta-adios-tango/ Cátulo Castillo: el poeta del desengaño y el adiós, por Gustavo Atonalam. 20-10-2025.