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Plaza Washington y el libro hasta verte amanecer de Alejandra Pultrone. Por Pablo Queralt

03.06.2026 06:13 |  Noticias DiaxDia  | 

Hay que ser valiente para encarar un texto a partir de la potente frase de Camus “En lo profundo del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible”. Y la autora responde con un primer golpe de knock out, casi que el poemario besa la lona en su primer movimiento. Es entre las sogas del ring que se desarrolla el nudo gordiano de este cantar, silencioso en su camino, buscando un amor que no hiera. La aguja y el hilo azul van detallando el camino del recuerdo, el vértigo que hace cantar, recitar para adentro porque “mi cuerpo también escribe pereceré”. Porque en la insignificancia brilla la fe de las palabras, y los momentos que aparecen de golpe e inundan el ser ahí, con todo ese sol que anula el plan porque morir es así como describe la poesía de Pultrone, un golpe que no te deja levantar. Sus consecuencias en el deseo, donde la escritura retira su permanencia pero no la poesía que resiste, y en esa resistencia hace el poemario, se vive mientras se puede, se muere en el momento prefijado. Y allí comienzo la charla, el dialogo que va con uno, como quién va de su corazón a sus asuntos. Se escribe antes o después pero aquí parece un simultáneo, en correspondencia de los poemas con la pasión. El dolor escribe en los empujones que trae el recuerdo y es así esta descripción del sufrimiento, y el deseo de volver el tiempo atrás hace su ritornelo hasta que la mirada vuelva a este mundo de la “realidad” para volver a existir. A un nuevo día sobre los fragmentos felices. El libro como una lámpara cuya luz llega directo al ser, las esencias se revelan, si la poesía llega a ese espacio del encuentro,” esa compañía de mi misma”. Cada poema es una escena de palabras que hacen su papel, su rol para crear los contrastes, las líneas de sentido que hacen el dibujo. Ver el barco suspendido en el horizonte, el fin escrito de la película, el azar pulverizando el empedrado, con cierta velocidad disolviendo las categorías de tiempo y espacio, y también la noción de velocidad. Entidades animadas por los pliegues territorializados
de los sentimientos, haciendo su procesualidad creativa. La máquina que crea universos incorporales más que complejos de sublimación, donde la palabra es el medio esencial con sus cadenas de significados y significantes, soportes del tono y trasfondo haciendo conformaciones de enunciaciones y singularidad. La ventana es donde se llora la partida del otro, y a su vez el límite para el ojo que sueña. Así el poemario avanza en el cuaderno como un susurro de versos con poemas cortos de uno, dos o tres versos. Desde su punto ombligo los poemas como constelaciones singulares son arrastrados unos a otros como algo que se absorbe, se incorpora, se digiere, para que la finitud sea volver a dar hacia un mundo infinito como cuerpo que se desprende de una carne.







































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