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Emmanuel Flores y su inusual serie animada en el canal de youtube LINYERA TV. Por Ileana Andrea Gómez Gavinoser
27.03.2026 10:48 |
Noticias DiaxDia |
Emmanuel Flores es un animador y creador audiovisual argentino, oriundo de Ulapes, un pueblo ubicado al sur de la provincia de La Rioja, dedicado al desarrollo de proyectos de animación independiente. Desde hace más de cinco años trabaja en la creación de universos narrativos propios, combinando animación, ilustración y estética cinematográfica.
Su proyecto principal es “Linyera”, una serie animada que combina estética noir, humor negro y una fuerte crítica social. El proyecto comenzó con animación directa en papel y posteriormente evolucionó hacia técnicas de rotoscopía digital, manteniendo un estilo visual crudo y experimental.
Entre sus trabajos también se encuentra “Capiangos”, un cortometraje animado producido por Lateplay, plataforma de contenido digital de La Rioja. Además realizó cuatro cortometrajes para la serie “Así Somos”, centrada en costumbres, anécdotas, cultura y leyendas de su pueblo.
También dirigió el microdocumental “El Cartero”, una pieza que combina entrevistas, filmación real y animación para contar la historia de un cartero pionero cuya labor contribuyó al desarrollo cultural de la región sur en la provincia de La Rioja.
En paralelo, ha realizado videos animados para bandas musicales, entre ellos “Día de Furia” para la banda punk Satellite Ruso y “El Hijo de Sam” para la banda de hard rock Acervo.
Actualmente se encuentra desarrollando “Niños del Dragón”, un nuevo proyecto animado completamente independiente, mientras continúa expandiendo sus universos narrativos dentro de la animación.
¿Cómo comenzó a gestarse tu serie animada sobre los mundos marginales?
E.F: “Linyera” empezó de una manera bastante improvisada. Yo escribía historias cortas como pasatiempo, cosas sueltas y sin pensar en un proyecto grande. Hace rato que tenía tiempo de empezar a hacer una serie teniendo como protagonista un personaje que dibuje de forma bastante desprolija y una noche leyendo las historias que había escrito me di cuenta de que muchas de ellas podían conectarse en una sola y convivir en un mismo mundo y al unirlas con ese personaje empezó a tomar forma lo que es Linyera.
Además, muchas de esas historias están basadas en anécdotas marginales reales que me contaban personas de la ciudad de Córdoba el tiempo que viví ahí y salía a callejear por las noches y aunque en la serie a veces se exageran esas historias a favor de la fantasía de la ficción creo que eso le dio una base bastante auténtica, porque no viene solo de la imaginación, sino de cosas que pasaron o que podrían haber pasado perfectamente.
En tu dibujo hay una fuerte influencia de dibujantes como Fontarrosa. ¿Cuáles son tus dibujantes favoritos?
E.F: Fontanarrosa es una base importante, sobre todo por cómo mezcla lo cotidiano con lo humano, además sus dibujos fueron algo que me atraía bastante de chico porque tenían una especie de desprolijidad con alma que en historietas norteamericanas no se veía.
Pero también me marcaron mucho Eduardo Risso, Eduardo Molina, Jorge Lucas y de afuera Simon Bisley y Sam Kieth.
De todos ellos me atrae algo muy concreto que es la intensidad del trazo, la densidad de las sombras y esa agresividad que tienen los dibujos, como si estuvieran a punto de romperse. No es un dibujo limpio ni cómodo es un dibujo con peso.
Estos dibujantes manejan el contraste de negro de una forma muy narrativa y también son directamente viscerales, son dibujos que se deforman y exageran, tienen algo que hace que el dibujo no sea solo imagen sino también impacto.
A eso es adonde intento llevar a lo mío, que el trazo diga algo me importa más que se vea bien.
Entre el cómic, el dibujo animado, el cine negro, la saga recuerda mucho a Sin City
De Frank Miller… ¿Este submundo oscuro poblado de estos personajes no tiene esperanza?
E.F: Más que no tener esperanza… es que ya ni les importa.
Los personajes no están pensando en redimirse ni en cambiar nada, están pensando en sobrevivir. Día a día. Lo que los mueve no es la esperanza sino el instinto.
Hay una mirada bastante nihilista en todo eso. No porque “todo sea oscuro” de forma estética, sino porque en ese mundo no hay una estructura que recompense lo bueno ni castigue lo malo. Las cosas simplemente pasan y muchas veces no tienen sentido, en ese contexto la idea de esperanza queda un poco afuera, casi como un lujo que estos personajes no pueden darse.
También hay algo de desencanto social en cómo están construidos. No son héroes ni almas nobles esperando ser salvadas. Son personas rotas, contradictorias, muchas veces egoístas, capaces de lastimar o traicionar sin demasiado conflicto interno. Pero no desde un lugar de maldad caricaturesca, sino desde algo más humano o más real si se quiere.
No me interesa romantizar la miseria ni convertir a estos personajes en víctimas puras me interesa mostrarlos como son, tipos que hacen lo que pueden con lo que tienen, en un entorno que no les ofrece salida.
Y en ese sentido, si hay algo que los define, no es la esperanza es la persistencia. Siguen adelante porque no les queda otra.
¿Cómo realizas la serie? ¿Con qué técnicas de animación?
E.F: Arranqué animando en papel de una manera bastante artesanal porque la idea de hacer “Linyera” nació muy influenciada por series animadas independientes de YouTube, como Tres Acordes o Tripo Dibujitos. Ver que alguien podía contar algo sin grandes recursos, haciéndolo prácticamente solo y con lo que tenía a mano fue lo que me empujó a intentarlo.
Al principio lo encaré más como una especie de “historieta audiovisual”. Dibujaba en papel, escaneaba los dibujos y después les agregaba audio, efectos y algunos movimientos en edición. Era una forma muy rudimentaria pero ya tenía esa intención narrativa.
Con el tiempo, a medida que fui consiguiendo herramientas como una tableta Wacom, el proceso fue evolucionando. Ahí empecé a trabajar directamente en digital y a incorporar animación 2D con rotoscopía, lo que me permitió darle más peso y realismo a los movimientos. Hoy es una mezcla de todo eso, dibujo tradicional, digital, rotoscopía, no sigo una sola técnica fija y eso es algo que me gusta porque sin importar la técnica puedo contar lo que me interesa contar.
¿Qué piensas acerca del mundo del cine de animación hoy?
E, F: Hay producciones profesionales que son impresionantes a nivel técnico, realmente buenísimas. Pero muchas veces todo eso viene acompañado de un control muy fuerte que les termina sacando identidad.
Al mismo tiempo, no hay financiación para lo independiente y eso hace que muchos proyectos queden en el camino o avancen muy lento.
Por eso también me parece importante no dejar de ver animación independiente. No solo porque requiere mucho más esfuerzo ya que muchas veces una sola persona es animador, guionista, editor, sonidista y actor de doblaje al mismo tiempo, sino también porque ahí es donde suele haber más alma y más identidad.
Además, muchas de esas obras no tienen ningún incentivo económico. Lo único que las sostiene es la necesidad de hacerlas y la satisfacción de que alguien las vea.
¿Qué nuevos proyectos están en tu futuro inmediato?
E.F: Estoy trabajando en “Niños del Dragón”, que apunta a ser un largometraje, aunque todavía no está definida su duración exacta. La idea es que sea un thriller animado y bastante violento, que mezcla motos y espiritualidad.
También tengo en mente otros proyectos, tanto animados como la posibilidad de hacer una película con actores en algún momento.
Y por supuesto, la continuación de “Linyera”, que está pensada como una serie de 7 temporadas y recién estoy terminando la segunda, así que todavía queda mucho por desarrollar dentro de ese universo.
Por último, un pensamiento tuyo que exprese tu sentimiento acerca del cine y del dibujo.
E.F: Dibujar y hacer cine es prácticamente crear algo, crear otra dimensión, crear un multiverso, es darle vida a personajes e historias que están dentro de la cabeza de uno.
Y creo que, dentro de todo este caos, uno de los pocos sentidos que se le puede dar a la vida es justamente ese, crear algo. No me interesa que sea perfecto, me interesa que exista. Aunque sea incómodo, aunque sea áspero, aunque no encaje.
Porque al final lo único que realmente queda es algo que hiciste, algo que salió de vos y quedó ahí, resistiendo.