Mar 31.Mar.2026 20:50 hs.

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Escombros. Vaca Narvaja. Mora Barnacle. Por Pablo Queralt.

31.03.2026 19:08 |  Noticias DiaxDia  | 

De que deshechos de la construcción habla este poemario, cual su construcción? Por su río ora hilo, ora aluvión, aguas de domar donde van a parar argamasas, piedras, calicanto, entre las tipas y sauces, atravesando el corazón del canto. Donde pernoctan: niño feliz en sus nikes, jubilado sin su celu en sus 80, chofer completa la escena, choque de realidad en otra realidad del espanto cotidiano. Un flash entre flashes sociológicos, de época, de aquí y allá, no son de nadie y de todos. Paseos por la cañada, estamos en Córdoba o el Cordobazo, todo nos habla de ella, los pibes pidiendo, robando, muriendo con el hurto en la mano, la despiadada modernidad, urgencias del día y de la noche. El objeto-sujeto hacen su ontología en la página como atractores, la carne de la sensación y materia van allí en cada escena, relato de lo vivido, en esta vida de ciudad, de caos, de devenir. Territorio de la yuta, del niño del pavimento, calle sin nombre, el ciudadano del descarte, ya nada funciona se pierde el camino de lo necesario, el amor caduca a cada paso o aquí nunca existió por eso nadie se autopercibe, solo llenan su ombligo con el letargo de sus vidas, si es que así se les llama a su nunca, nadie, nada.

El amor es intercambio de pantallas
que se frustra si alguno de los celus no funciona.
El dolor depende de acertar con las pastillas.
¿Y la muerte? Un momento final que continúa
en una notebook con la vida del ausente.


El performance de sus calles, ciudad de los sexos, los grupos de edad, ejes de valores, brújulas de relaciones humanas, donde se impone la ecología de lo virtual. Los paradigmas de nuevas fuerzas de acción, actualizadas condiciones de deformación, creación y desarrollo. Donde poder encontrar entre todo esto un nuevo gusto por la vida, una verdadera ternura, más allá de la monedita o el horror de mirar para otro lado, lo difícil de trabajar esta estética, el mundo contemporáneo enredado en su propio materialismo y sus propias formas de crueldad. Modelos de realidad de época como bloques de sensación que extraen el sentido pleno de lo sucedido y por suceder. Entre esquelas, esquirlas, estampas, instantes que son el tempo de esta partitura que mueve su ritmo, su musicalidad estilo Nino Rota, fresco, friso de época: tiempo y espacio allí detenido y en movimiento constante de la movie. En el apercibimiento de la especie allí lo humano, el reflexionar sobre los sentidos, los sentimientos, la actitud, ante un mundo que avanza hacia no se sabe dónde, en un conocer los lados de cada uno allí donde habita el ser. Encontrar una estación una posición ante la vida es lo que pide el respeto a este decir, no es un tránsito por solo andar este viaje sino extraer un sentido pleno. Encontrar un clivaje entre el adentro y el afuera que hagan de este pasar un coexistir de eternidad en el estar presente, no el encontrar el beneficio, ni conformaciones de consumismo, esa carrera vertiginosa hacia el abismo. Esta performance hace su aporte específico a la claridad del caos mostrando sistemas de re- valorización. Marcha el fratricidio en el friso de la calle: el manco, el tuerto, el cojo y el pulcro banquero satisfecho como en la película de Bertolucci “Novecento” a golpes de patada en el culo el terrateniente lleva al campesino como luz que se niega a los ojos vencidos. Es el runrún que sacude el derrotero que hace conciencia y de la nada hace una aventura. Y es el idioma la patria que duele y se hace argamasa de todos estos sufribles, innecesarios, que irrumpen las escenas de la urbe y llevan consigo la palabra como condición de soporte de significantes en el sentido mutante de la cartografía establecida en sus puntos de singularidad de cada situación. La relación con el tiempo, con el espacio, con la vida puestos en posición de ser revistos, visitados, hablados en un enfoque ecosistémico marcando una ruptura de sistemas. En una correspondencia de interioridad-exterioridad -la negra carga, hoy he sentido angustia por verla alejarse indiferente a su aura milagrosa – y el elemento natural el sol saliendo, la niebla, las negras nubes, donde lo absoluto se hace presente como observador: el tiempo mira la hora. El poeta sabe tomar los elementos que nos dijera Lezama Lima en su bello cuadro poético del caballo pasando al galope como poesía y el polvo que levanta como elementos poéticos- versos que toma el poeta para escribirlo. No se oculta la ironía presente asoma en varios cuadros del poemario ad-junto- inserto:

De acuerdo al protocolo de servicio
se ruega a cada uno de los clientes
que antes de ocupar sus habitáculos
paguen al contado y sin demora
el servicio del cajón seleccionado
(celu, TV, guasap, y dos almohadas).

Verifique:
vivo solo en mi depto
y con nada me tropiezo.
Sé perfectamente
el lugar de cada mueble,
el lugar de cada plato,
y el lugar de cada olvido.

En fin es la vida que se muestra sin palabras, y pasa a nuestro lado para verse en esos recuerdos que no hacen sombra en todos los disfraces que uno fue. Sutil vibración del universo, rumor, gratitud de vida que romántica, amorosamente se derrama en estas páginas, como soplo de lo íntimo que mantiene encendida la brasa.

Decía Antonio Machado si hay algo perfectamente serio es el golpe del ataúd sobre la tierra y e aquí su disonancia y eco:

Foso
Me he quedado solo
¡a mis años!
Tengo por delante
un foso y sé que yo no vuelo:
apenas si camino.
¿A quién en su vida
un foso no le espera?
Qué más da si está solo
o acaso en compañía?
Todo es muy sencillo:
somos tierra y a la tierra
volveremos,
nos trajo sin consulta,
nos devuelve sin permiso.

Fragmentos

Momento

Pude oír el rumor del mar en tu ombligo
aquella madrugada, mientras la paz hacía
de tu sueño una dulce estancia y mil
pensamientos amorosos colmaban
mi cuerpo de gratitud a la vida
por la ocasión de compartir junto a vos
aquella sensación
                             y en aquel momento.

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Vecina

No hace falta que te quites
esa hebilla de tu pelo:
no pretendo que respondas
con tu gesto a mi pedido,
solo quiero que vos sepas
de mi afán, de mi deseo
por ver libres a tus rizos
—y a vos de igual manera—.

Libre de ésa y otras ataduras,
de verdad,
tengo sueños con vos
y no puedo remediarlo.

Me alienta no ser yo
sino el ¿azar?
(un ascensor de corto recorrido)
el gestor de los encuentros,
pero no puedo evitar
que en tu piso
—y no en el mío—
vos decidas descender
en pos de un marido que te espera.

¿Te leí alguna vez
los derechos del vecino?

Cosecha

Hoy estuve cosechando
impávidas nueces
y esforzadas hormigas.

Las nueces maduras y por fin
en reposo —descansando— “pie a tierra”,
las hormigas furiosas contra dos dedos
prensiles que manoteaban un fruto
imposible de asir con sus patas pequeñas.
¿De quién son las nueces?
¿Acaso del árbol que cumplió ya con ellas?
¿De la tierra que sin pedir las recibe?
¿De las hormigas, sus infatigables guardianas?
¿O mías, que mal no me vienen?

Un poco y un poco, de todos un poco.

Este año yo me las llevo, el otro veremos
si todo repite: la tierra, los nogales,
las nueces, las hormigas… y yo (¿?).
¿Quién sabe?

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Había una vez

Era un empecinado poeta,
más trabajador que creativo,
                   reconozcámoslo.

Y casi siempre
escribía después de bañarse:
sus versos nacían —no sin esfuerzo—
como gotas de agua
de una toalla exprimida,
y cuando no, cuando no había caso,
se angustiaba,
lo cual era sembrar
en el propio cuerpo
la semilla de su siguiente obra…

Y así transcurrió su vida
poemizando,
deprimiéndose,
con agua y jabón,
y cuando quiso de la vida asir
parte de lo que la vida ofrece:
pan, vino y compañía,
no tuvo tiempo
                      y se nos fue.

Póster

Noto que Evita desde el póster
de mi cuarto me mira y sonríe,
¿quizás sobradoramente?

¿Pensará acaso que pierdo el tiempo
buscando palabras en mi casa
cuando hay tantas
y tan a mano en las calles de mi ciudad?
Además: dedicado a las palabras
y no ¡a las injusticias de hoy!

Parece espiarme.
No. No sería Evita,
Pero entonces, ¿por qué me mira así?
Como sobradoramente.

“¿Buscás palabras?, ¿querés escribir algo?”,
parece preguntar.

“Las palabras están, buscalas
en los mantelitos de hule de las cocinas
humildes, en los laburantes desocupados.
en los jubilados
o en los repartidores urbanos,
preguntales a ellos y es probable, ¡no!,
¡es seguro que encontrarás las palabras
que hoy te faltan!”, parecía decirme
Evita
(sin abandonar su sonrisa).































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