cultura-de-jujuy-a-tierra-del-fuego |
LA POESÍA DE GRACIELA LICCIARDI, por David Antonio Sorbille
20.04.2026 13:38 |
Noticias DiaxDia |
Introducción
La poesía es una manifestación libre de nuestra voluntad creadora, y el compromiso fundamental está determinado por la honestidad del poeta.
Al respecto, René Menard decía: "Quédate solo y desnudo frente a tu poema si no quieres vestirlo de cenizas o perderlo en el rumor".
La temática poética de Graciela Licciardi, encuentra su autenticidad en la fidelidad a ese principio por el cual siente en su propia piel, la calidad de un esfuerzo que la enaltece.
"La vida -decía César Vallejo- es una cosa. El arte es otra cosa aunque se mueve dentro de la vida. Y la simulación del arte no es arte ni es vida. Los seres ordinarios y normales viven en la vida. Los artistas viven en el arte. Los falsos artistas o seres artificiales no viven en la vida ni en el arte".
I
Graciela Licciardi nació en Buenos Aires el 24 de noviembre de 1953. Luego de desempeñarse en tareas administrativas, decide fundar Enigma Editores, después de especializarse en cursos de edición y abrir un espacio con un notable crecimiento en publicaciones y eventos en los que participa. Asimismo, es coordinadora junto al escritor David Sorbille del ciclo “Misterio y Palabra” que realiza reuniones mensuales en la SADE desde 2016.
Publicó: “Las palabras de la noche” (cuentos, Faja de Honor de la SADE en 1997), “Nada es para siempre” (poemas), “más que nada en mi boca” (poemas), “La coartada imperfecta” (cuentos), “Lágrima hueca” (novela, Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes), “A cuerpo abierto” (poemario con CD), “Luz de fondo” (poemario con CD), “Sueño de águilas” (teorías y técnicas de desarrollo personal en Comercialización), “por la vida a contramano” (poemario con CD musicalizado y grabado por Carlos Flores Plantarrosa, con traducciones al francés, italiano, portugués e inglés) y “De rotas cadenas” (poemario).
Desde 1984 al presente cuenta con numerosos premios nacionales e internacionales. Ha escrito tres Obras de Teatro: “Hace falta que te diga”, “La valija de los deseos” y “Te prohíbo llorar”, este último en coautoría con Jorge Luis Estrella. Preside Enigma Editores en la cual han publicado autores de gran prestigio.
II
Las obras poéticas de Graciela Licciardi, nos generan los siguientes comentarios:
Nada es para siempre, Torres Agüero Editor, 1998.
Poemario intenso, circular y persistente. La realidad quiebra el instante. El lenguaje atraviesa la vida y la muerte en múltiples espacios concebidos por el deseo y la dispersión de las energías que retornan en registros pasionales. “La lectura nada -dice Roberto Ferro- en la marea del texto, pero es para regresar otra que siempre desaparece”. Bordes, fragmentos, construcción y deconstrucción, secreta complicidad con el lector en un discurso dislocado que también implican posibles asociaciones, vínculos emocionales que se reflejan en pulsiones tangibles. El ritmo escalonado como estrellas furtivas en un universo colmado de sentido, de búsqueda incesante, de ideas que procesan otras ideas como marcas o señales de vida, recuerdos y visiones que deambulan en un carrusel de sensaciones, pues, como señalaba Maurice Blanchot: “Lo extraordinario comienza en el instante en que yo dejo de escribir” .
Más que nada en mi boca, Del Dock, 2002.
Voz erótica, singularmente comprometida con los avatares de la vida y la razón poética. Cuerpos que se deslizan en el espacio de la vida y el tiempo del goce y del miedo al vacío. Una mujer como una espuma que invade las cosas en abstracto y las reales motivaciones que cabalgan en la noche mojada de secretas transparencias. Una boca que succiona pasiones en un laberinto de palabras, confesiones y oquedades que gimen entre preguntas sin respuestas. La nada es tedio, descontento, mordaza del reclamo, semántica de cuerpos desnudos, juego de palabras, pliegues de un saber y no saber en el último cuadrante de la ausencia. “Un amplio registro de tonos, -dice Joaquín Giannuzzi- desplegado desde el ademán reflexivo al emocional y el irónico, otorga a esta poética una singular potencia expresiva y una intensidad lirica de perfiles propios”.
A cuerpo abierto, Ediciones La Guillotina, 2006.
Ritual estético de lo erótico. “El cuerpo se convierte -dice Cristina Pizarro- en testigo observador de la captura del lenguaje”. Tono coloquial, intimista, fluido, intenso. Búsqueda de la sombra liberando el inconsciente. El laberinto de la vida encuentra su salida a través de la palabra. Desamparo y ansias de libertad: entonces / a veces / escribir salva / respirar con dolor en este mundo. La obra es reveladora de un genuino oficio de escribir donde el decir y lo no dicho, convergen en un auténtico equilibrio. “Revisión crítica de la mirada a través del tiempo de la duda o un nuevo comprender lo incomprensible”, señaló Silvia Pastrana.
Por la vida a contramano, Enigma Editores, 2013.
Varias citas de notables escritores definen este valioso poemario:
“Graciela Licciardi humaniza los objetos y las cosas a través de la poesía, poniendo de relieve la angustia existencial” Tomás Barna.
“Un itinerario despejado de todo intelectualismo y especulación es esta poesía de unidad de voz, tono cromático y sorpresiva instantaneidad…” Ernesto Goldar
“Graciela Licciardi va atravesando pérdidas y culpas por la vida a contramano, acosada por extrañas voces los acordes de tango, ese universo más allá…” Sebastián Jorgi
“La poeta constantemente homenajea el lenguaje: “la palabra lame antiguos versos/ y se queda colgada como una joya que no se manifiesta”. Germán Cáceres
“…la mirada creadora se asoma y entra en el pasado con su emoción y su poesía, con su presente, que es esta vida que recorre tal vez a contramano. Mabel Fontau (Artista plástica creadora del dibujo de tapa)
De rotas cadenas, Enigma Editores, 2021.
Rubén Balseiro dice: “Una poesía comprometida, rica en vocabulario, sintética y a la vez contundente”.
Graciela Licciardi, a mi entender, abre sus puertas con las certeras palabras de una anfitriona mitológica: Meet o Isis, dama de la verdad y la justicia, por la cual nos adentramos en la construcción de un poemario magistral y absolutamente condenatorio de la violencia en todas sus formas. La paloma – dualidad que asume tal representación, destaca lo pasado y lo que acontece, en cinco secciones ilustradas con maestría por Jorge Sposari, autor también de la notable tapa del libro.
Juguetes rotos: describe la realidad de la violencia y la mujer vilipendiada en medio del oprobio de un mundo que corrompe las ideas y la materia.
De ahí que, los versos se suceden en el orden prefijado: una suma crítica de concluyentes aseveraciones; un irrefutable vendaval de elegías y denuncias que nos sumergen en el vientre de un tiempo de ignominia. Pero, la dimensión de lo descripto también alcanza al sujeto violento o estado de fuerza en su papel de verdugo, usurpador, caníbal desertor de sí mismo: prisionero de su propio calvario de impulsos criminales.
La referencia al versículo 18:6 de Mateo, resulta elocuente al expresar el deseo punitivo contra el que hiere, ese monstruo que mata la inocencia infantil y al que vaticina que de haber justicia no quedará en la tierra vestigio de su sombra.
Cuerpos desmembrados: dedicado a los desaparecidos, los jóvenes como carne de cañón de un sistema infame en donde la guerra es impuesta por designios inconfesables.
La indiferencia cunde ante el que sufre, ante el que es lapidado en un ritual de sangre y poder alucinante. Surge, entonces, el reclamo por un acto de conciencia, una súplica ante la injusticia y el abuso, la repulsa ante la discriminación por raza o sexo. El hambre, la miseria, la inequidad y la pena yacen enquistadas en el transcurrir de los siglos y en la diminuta voluntad de una mujer que confirma el desamparo. Una y otra vez, asistimos al desarrollo de una amalgama de sensaciones y hechos que conmocionan, pero sin dejar de exaltar el objetivo irrenunciable del mandamiento: “vivir honestamente, no hacer daño a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde”.
Arrugas sin huellas: el ser humano como objeto descartable, un simple número en un listado burocrático; los días del final en un asilo donde lo inexorable no deja vestigio, y entonces se exige el respeto, la memoria del que parte en un pronunciamiento ético, un retorno a los verdaderos valores humanos como piedra basal de la libertad.
Para volver a empezar: el proceso que acompaña el dolor de aceptar un fracaso que destruye los cimientos, los espejos de la casa, el silencio de una página en blanco, el morir de tanto ser mujer-madre, de tanto cuerpo golpeado y sin embargo, la fuerza interior de resurgir.
Pobreza animal: testimonio del infinito encaje de sombras, el reloj de pared que apunta a nuestra mísera existencia, la desigual lucha ante un viento sucio inapelable que parece resignarnos en el horizonte fantasmal de la memoria.
Poemario abismal, profundo, conmovedor, una intensa catarsis que nos sacude en su espiral ascendente de voces que claman y reclaman ante la magnitud de lo siniestro, pues al decir de William Blake: “ya no quedan resquicios de flores en el mundo”.
Dotada de una infinita piedad, nuestra poeta incendia el olvido y pone en un arcón las cenizas del recuerdo; ilumina cada verso desgarrado por la realidad y esa monotonía de lo cotidiano que pareciera no saber de actos genuinos para encontrar un nuevo amanecer.
La concepción de su partitura lingüística se despliega con absoluto dominio del oficio poético y el poder intrínseco de la palabra en un derrotero marcado por la justicia amordazada ante la corrupción humana y sus terribles consecuencias. Su arte se refleja en una contundencia argumental y reveladora del decir y no decir del poeta que, parafraseando a Rimbaud: “se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”.
En definitiva, Graciela Licciardi rompe las cadenas y sale a danzar por la verdad que aprieta su cintura y se deja rescatar del laberinto y la burla del mundo.