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Flor literal. Cristina Daian por Pablo Queralt
15.05.2026 10:37 |
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Qué palabra pide este bullicio, este mundo donde pasó Vallejo y otros cultores del elemento del verso, que siguieron esa honra. En un libre discurrir buscar la pepita, el sueño dorado, el fiel espejo, para encontrarse en una lengua que sepa qué, cómo y porque decirlo. Remates de jerigonza, balbuceos, palabras limadas armonizadas al estilo finnegans wake hasta el límite de lo dado donde pueden llegar, las palabras llaves de la utopía, antesala del cerrojo, el relámpago, en una observación incesante marcando intensidad y velocidad de razones, actos, estallidos, entre memoria y realidad. La luna, el agua, el cuerpo, la nube, el lienzo, los restos, la vulgaridad, el tacto, el aire, son el escenario según el momento de la inflexión discursiva. La salpicadura anterior midiendo el tiempo de la distancia hacia un nuevo círculo- ciclo, buscando el motor, el sentido que no hay. Continuo movimiento de bloques como ondas expansoras buscando sentidos, abriendo caminos ejes del balanceo entre lo verdadero y lo falso del amor/desamor, precio/desprecio, en la dulzura más íntima del mismo silencio. ¿Será este mundo un buen anfitrión para el poeta? ¿y la poesía? Se espía el Edén por la celosía: el latigazo desnudo, el florecer de la pasión, el tris del amor, el reverberar de lo breve allí, el resto solo acumulación. Enunciados unos tras otros van hilando una estructura araña, telar de potencias y acontecimientos renovando materias de pensamiento, deseo, sentidos y sentimientos, modelizando su mapamundi. En umbrales decisivos estéticos de autoafirmación y creatividad operacional va conformando su encuadre realista, su verdad propia, el estar del que tiene todo por ganar. Libro que se escapa de las manos, escritura que el escritor no puede controlar, y las palabras las ideas, metáforas se adueñan de él, o de su voz, su escritura que ya no es más de él sino del conjunto: inspirador, recibiente, escriba, página, territorio incorporal, sensorio a sensorio, una existencia de órgano en función. Dar la significancia en la real realidad de esta tierra como dios manda, como texto que se encabrita. En un trazar de líneas imaginarias de que lado quedar y decir, ahora que escribir huele a aire y las palabras “son la sombra de la cosa escabullida”, la utilización de la cosa, la palabra cosa, en sus diminutivos, aumentativos, analogismos, dan un tono y arman la cúpula de esta arqueología del verso, de palabras que son sombras de la cosa donde se cocina este mundo en el hervidero de estímulos, de reflexión del estómago poético; en el oro o a las márgenes de la ceniza es el movimiento pendular y sus preguntas y respuestas de la correspondencia de sentidos donde literalmente estos no tienen tiempo. Y son las palabras como corteza del árbol que guardan información porque allí antes cantaron en sus ramas, y ese sonido trasmitió a la materia su esencia, su estado de la cosa cantada, su tensión, su finitud sensible, donde la linealidad se pierde en un enviscado existencial en sus complexiones de anonadación. Hay conjuntos de ritornelos que produce enriquecimientos de compuestos de lo que ha tenido lugar donde mueren los decires de tonos vacíos, donde las palabras doblan como campanas, donde pensar para despuntar el vicio y se siente sin sentir-espacios entre laguna y laguna donde cae la flecha y es difícil su salida- y la desmesura da el zumbido, el tono que adquiere el poemario con sus aceleradas y rebajes de lentificación domando el caos en la observación de la rotura, su repetición por un poco de lo bello en la vida, cuando los pensamientos vienen saliendo y las palabras amainan, y no hay conciliación solo disputa, silencio o página en blanco, asistimos a esos diálogos entre escritor y escritura a golpes de tipografía, retórica, estética, que junta las obsesiones. Y hay una disputa coral en contrapuntos distintos, tonos, contrastes como en una ópera, tenor, contratenor, soprano, mezzo, tan es así que se dialoga con el lector hasta pidiendo ayuda de escritura. Reflujo y creciente de autoral y de actos, resaca de un tiempo agotante que ni el whisky del final calma. Pasamos por estos versos en su materia prima: vivir, padecer, amar. Energía que cumple su cometido: ser buscando la felicidad que siempre está a un paso en lo uno de la luz y aún en lo uno de lo negro.
recrudezcan, palabras
recrudezcan, palabras. dibujen sonrisas en labios estancos /
lastimen la hora sutil. levanten la casa de la esquina,
abran la mano con el maíz de las gallinas. Vuelquen
aquel silencio de la tarde, cuando la sombra ala lenta
bajaba a besar la tierra seca. suelten el olor de la grasa frita,
la boca infantil en babas, los ojos en la sartén. el amigo perro,
el pollito amarillo, la blancura de las sábanas. fustiguen,
endulcen. las chapas brillan cuando cae la lluvia. jueguen en
la voltereta imaginaria, compitan en absurdo deslizamiento
por cavar en cuerpo lejano. Préstense al aluvión del pasto y
los caminos. al giro del guardapolvo y las galletas.
a las náuseas del bus, a los ligustros, y a los coches fúnebres.
cuántas flores para el muerto invisible y su nombre de oro.
y ese perfume marchitado y violeta en la antesala del cerrojo.
escribir, mirar la luna
escribir, mirar la luna o dar la mano. un arte si es
como la piedra que se tira al lago, se lanza, lejos,
lo más lejos posible. si hasta parece que
algo hubiera de divino en las salpicaduras y en el ondear
del agua. ¿la resonancia de un tacto, una percusión?
una vida anterior precede al lanzamiento y ajusta los dedos
mirando la distancia. se despliega el arco en el aire de un
entusiasmo sin presa. unas gotas hinchadas
bailan en el cielo, el espasmo crea los círculos y los tiende
a cada orilla. la obra espera
ese sentido que no hay.
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no hay un sentido
no hay un sentido. es un motor. o un violín.
caballos de fuerza. lapso de suave melodía. y
así como así, un desbalanceo de tensión; la cuerda
que se gasta. sin injerencia pobres y solos,
abandonados al propio des-precio, al más íntimo desamor.
a remolque
en silencio
entre sonidos que cabalgan,
que suenan con dulzura sin piedad.
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farsa o lamento verdadero
farsa o lamento verdadero, abandonarlo. estamos
en pie de igualdad con la montaña, el agua, y la sabandija.
en el mismo silencio
el lenguaje es un sol que nos oscurece. seamos
el ojo que nos contempla. veamos otro inextinguible, lúcido
y vedado en la distancia. fabriquemos el objeto
a voluntad del caos. el mundo es un buen anfitrión.
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ciertamente les aseguro
Ciertamente les aseguro que el que cree
en mí las obras que yo hago también
él las hará, y aun las hará mayores,
porque yo vuelvo al Padre.
Juan 14:12
Dios, la luz o lo que sea.
¿Sueño? ¿Engaño?
“—¿Y antes”?
Ahí empezaba el pensamiento. Ahí
moría una sintaxis; nacía un dolor.
Obrar. Producir. Ordenar de nuevo las palabras.
Sobrevivir, tramposamente, al misterio. Rebajar
la oscuridad y la ignorancia en la escasez que nos rodea.
Elemental, Watson. Como si la locura tuviera un doblez,
un sendero, una fe oculta.
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apóstatas las palabras
apóstatas las palabras —la sombra de la cosa escabullida—.
monjas moji-gatas pagan con clausura y usura un miedo.
se estrujan en hielo de verso y simonía. transpiran,
espían tras la celosía. por la yema de los dedos ruedan
las cuentas bendecidas. encofiadas, pulcras, desoídas,
colman de culpa la súplica y el rezo. avemarías, letanías,
hálitos hacia el regazo. púbica flagela la apetencia
bajo el hábito: látigo-corsé-arañazo.
—¡Señor, libera los márgenes tentados de en llama florecer!
¿No ves que son todas bárbaras desnudas, inclinadas a
beso del Edén?
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al poema
si querés: felpa, molestia, arena, rabia. hasta puede ser
ojo del diablo, tris de amor. o lo que tantas veces: cruda
materia de pensamiento. dame lo que quieras: la
veneración que te hace humilde, la noche, el desapego.
no basta la máscara del dolor en la estrella muerta.
no basta el ojo que resucita. dame el crescendo y la pausa.
dame el reverberar de lo más breve; el resto fugitivo
de la acumulación.
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no puedo controlar la escritura
No puedo controlar la escritura. Se va por las ramas.
Me come el miedo de un árbol infinito. La razón es
objetiva: lo real tiene sus límites.
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la escritura se va
la escritura se va, no planta raíz. en contra
del deseo de quedarse, expulsada en cada roce.
no se sostiene sin metáfora. digo ¡aquí! ¡aquí está la tierra!
y prevalece la omisión como un legado de casta. como si
materia no existiera se esfuma lo mortal,
el placer henchido. se va fondo al fondo. a contrapelo de
existencia, de organismo en función, de percepción, de
recuerdo, de puto olvido. ¡ahí está! sucia migaja.
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exijo un límite
exijo un límite. a las que se desmadran sin madre les digo:
hasta aquí. llegaron lejos; no las pude parar pero esto se
acabó. me bajan la cabeza y vienen al pie. al de cinco
dedos y hueso sobresalido. al que patea la pelota, al
descalzo, al bruto pie que se empolva intuyendo las
huidas. no me traigan un arrozal, ni un cocotero de playa,
ni un bosque a la brisa del mar. yo vivo en esta ciudad.
aplíquense al territorio, bestias lengualargas. no se me
mueven, no dan un paso más de la alcantarilla ni del
jacarandá de la avenida. ladren como los perros, críen
veneno de alta chusma. y ni hablar del sonambulismo por
las medianeras, esa cosa fantasmagórica, felina, desacorde
con la real realidad. y al brillo que ostentan de sólo
pronunciarse se lo meten en el bolsillo. te voy a dar yo
significante. van a hacer reverberar la tierra, como dios
manda. la que pisa el pie. las voy a tener cortitas.
lentejuelas
pa’l carnaval.
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el texto se encabrita
el texto se encabrita, se empaca burro como si no supiera.
da coces, bufidos. como si no supiera hablar. bestia que no
responde. ¿acaso nadie le ordena el tractus? ¿nadie le dice
por aquí, por donde voy? peste de animal, ¡habrase visto!
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viene cocinándose retóricamente el mundo
viene cocinándose retóricamente el mundo. en la olla
muerto animal. dónde es que el caldo burbujea, dónde
se deshilacha la carne que el cielo distribuye? estás acá o
sos, en el hervidero, otra materia disuelta? Y si
se entreveraron las pisadas en flores de lejos?
estás acá o chiquito y blando garbanzo
en el revoltijo de sustancia herida? Sí, sí, hubo un día
de lo comulgado, un amor en hostias de soledad. después
de tanta historia, algo en el plato:
un puñado de frases ahumadas contra la corriente.
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Organización
Organización. Trazar líneas imaginarias
en el caos imaginario. Te metieron en una nave espacial.
Llegamos te dijeron, y se abrió la puerta. Un paso, otro.
Humano: de los cuatro vientos de la rosa, uno.
A) Escribir a qué huele el aire.
B) ¿Se ven las estrellas?
C) ¿Se hunde el pie? ¿Resbala? ¿Rebota?
D) Hacia el Sur
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si ves basura
si ves basura no escribas “basura”. es cuestión
de meter mano y separar. un glosario de por Dios o
cartonero, un estilo de estímulos
para un hambre harta de tartas y merengues.
que la reflexión no te amilane, seguí la prueba
de tu estómago poético. el dedo en la roña, cuña
de viejo holgazán sobre la imagen yacida,
estético el ojo en el hollín, rastrillo, zapín
de la mugre residual del movimiento. excavá con avidez
hasta la solidez del “caño”,
desbaratá la trinchera de “trapos” y “estropajos”, revoleá la
“pupila de muñeco”. está cerca el oro avistado.
como un eco
cerca de las márgenes de ceniza que cuece el deterioro.
¿la música se ha ido en el gel de un huevo, en las astillas
de un desván? la música, esférica, cósmica,
como una noche astral ¿coágulo, esquirla de cenit?
dejá que todo arda en la amorosa estrechez de los reflejos.
poné el florero en su sitio.
descansá.
Cristina Daian
Nací en Villa Soldati, CABA, en 1951 y vivo actualmente en el barrio de Boedo. Egresé de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) con el título de Profesora en Letras. Participé de varios Seminarios de Psicoanálisis y de Cine y Psicoanálisis en la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana). También participé de talleres de actuación en Timbre 4 (Claudio Tolcachir), Teatro El Cuervo (Pompeyo Audivert), Teatro Calibán (Norman Briski) y en el Centro Cultural del Teatro Gral. San Martín.