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SEMBLANZA DE ESTELA BARRENECHEA. Por DAVID ANTONIO SORBILLE

08.07.2026 06:00 |  Noticias DiaxDia  | 

Estela Barrenechea. Poeta y estudiosa de la filosofía, nació en Buenos Aires en 1938. Graduada como Contadora Pública Nacional en la Universidad de Buenos Aires, ejerció la docencia en filosofía en el C.B.C de la UBA. En filosofía publicó ensayos, entre otros: La ilusión en la paradoja del sujeto Ed. Catálogos 1994; Bs. As.; La formación del filósofo Ed. Soc. Filosófica, Bs. As. 1994. Nietzsche en la filosofía actual. El eterno retorno como acontecimiento del pensar (presentado en las Jornadas Nietzsche, año 2000). Como poeta ha publicado: La distancia y el foco, Editorial De los cuatro vientos, 2003; En los confines, Editorial Tsé Tsé, B, 2005; Plaqueta Clinamen y otros poemas, Editorial Metáfora, 2007; Del Silencio, Ediciones El Mono Armado, 2009; El filo de la grieta, Editorial Vinciguerra, 2012; El revés de la luz, Alción Editora, 2014, De Claros y de Sombras, Alción Editora, 2016, El Inmigrante y otros cuentos, Enigma Editores, 2018, Castora, un cuerpo de mujer, -novela- Buenos Aires Ediciones Elemento, 2019, y en numerosas antologías. Recibió varios premios y distinciones entre los que destacamos: -Primer premio Certamen Internacional de Poesía " Homenaje a Oliverio Girondo" Ed. De Los Cuatro Vientos, año 2003. -Segundo premio en el Concurso "Raúl Gonzalez Tuñón" Fondo Nacional de las Artes, año 2005. -Primer Premio XVIII World Congress of Poets, World Academy of Arts and Culture, Acapulco, México, octubre 2008. Falleció el 1° de abril de 2021.
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Recordar a una escritora del nivel de Estela Barrenechea requeriría una considerable extensión, por eso, en esta aproximación a una de sus obras: El Inmigrante y otros cuentos (2018), quiero manifestar mi admiración a una mujer de enorme dimensión literaria y calidad humana inolvidable.

Pero, no se trata de estar sujeto a una mera interpretación, sino a una historia cuyo desarrollo implique tener en cuenta la clave de otra historia subyacente, pues, en esa evidencia encontramos la forma esencial del cuento.

Los grandes narradores nos han señalado el camino para entender los principios en que se basan la intensidad y precisión de lo narrado.

Al respecto, hay ejemplos que nos dan la exacta medida de lo expuesto, ya sea a través de una estructura narrativa cerrada, o como los que lo hacen en una forma alusiva, aunque no menos intensa en el desarrollo del cuento.

De ahí que, podemos establecer parámetros que nos indiquen el narrar al estilo consagrado por el Método de composición (1846) de Edgar A. Poe, la concisa exposición de Antón Chéjov, la erudición de Jorge Luis Borges, entre otros, en donde una historia tangible pueda convertirse en su opuesto, como Franz Kafka también demostró en su producción literaria.

El cuento obedece a reglas que ajustan una historia determinada en donde nada queda sujeto al azar.

Por eso, pensamos en James Joyce quien consideraba al cuento como una forma de epifanía que impactaba en el lector, o en Horacio Quiroga quien definía al cuentista como aquel que sabe contar, es decir, interesar al lector de tal manera que, sea cual sea la historia, atrapa su atención.

El cuento remite a un contexto que lo produce y condiciona, pero le corresponde al narrador encontrar la forma para que trascienda lo narrado a través de sólidos fundamentos que conforman un singular cuerpo de escritura.

De ahí que, parafraseando a Julio Cortázar, el cuento bien concebido es aquel que permite el efecto liberador en el lectorque se hace receptor y partícipe del microcosmos del escritor.

Sin embargo, para Roland Barthes, en su Introducción al análisis estructural de los relatos (México, Premiá Ed. 1986), resulta fundamental no confundir narrador con autor, pues se preguntaba con Jacques Lacán: «¿El sujeto del que hablo cuando hablo es el mismo que el que habla?»

En consecuencia, no se puede concebir el relato fuera del lenguaje, porque es precisamente el lenguaje el que da sentido al texto.

Y si mencionamos el valor superlativo del lenguaje, también es necesario aludir a “esa otra verdad que se erige como la esencia que la literatura nos permite revelar: lo tácito, lo que se sugiere, lo que no se deja ver manifiestamente”, según Laura Massolo en el prólogo a su libro La otra piedad (Ed. del Dock, 2005).

Es así como, nos adentramos ahora en el libro El inmigrante y otros cuentos de Estela Barrenechea, eximia poeta, y no menos narradora.

En el comienzo de su travesía en 17 cuentos de impecable factura, la autora comparte su intento de recomponer la memoria e introducirse en el otro para reconocer lo propio.

A tal efecto, los argumentos y personajes elegidos no dejan de asombrarnos, pues significan una verdadera puesta en escena de los meritorios recursos que consagran a nuestra escritora.

La precisión y profundidad conceptual en el desarrollo de este libro apasionante, demuestra la condición natural de una autora en plenitud de sus atributos literarios.

Repasemos, entonces, algunos de estos relatos escritos en primera persona excepto la primera parte de El inmigrante narrada en tercera persona. Al respecto, este cuento es un verdadero testimonio del fenómeno inmigratorio en la figura de un protagonista que llega al país desde la península itálica y la ilusión que contrasta con la realidad pero deja las puertas abiertas a otra historia.

País roto: -Del recuerdo y El corrector- son dos cuentos que nos remiten al drama de personajes que padecieron la persecución implacable de la última dictadura militar y el agobio de los que mantuvieron distancia y no estuvieron a la altura de un compromiso mayor en medio de las contradicciones que genera un impacto político determinante.

La casa de al lado: un relato fantástico y el terror frente a un contexto que implica analogías trágicas ante una supuesta realidad.

Con nostalgia: último relato en donde el recuerdo sobre algún aspecto de lo vivido desnuda emociones que no logran superar su propio condicionamiento, y definen una manera de aceptar que lo pasado es una mera ilusión que no puede sostenerse ante el paso inapelable del tiempo.

Finalmente, ratifico las magistrales cualidades literarias de Estela Barrenechea, que nos brindó una amistad imperecedera.




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