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ROBERTO JORGE SANTORO: EL POETA INVISIBLE, por David Antonio Sorbille

12.08.2026 00:01 |  Noticias DiaxDia  | 

El poeta Roberto Jorge Santoro, había nacido en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de abril de 1939. Establecido con su familia en el barrio de Chacarita, aprendió desde muy joven a defender sus convicciones en la ardua lucha del hombre que rechaza ser sometido por un sistema político y económico injusto. En los múltiples trabajos que realizó, pugnó por dejar una huella imperecedera de ética y solidaridad. Y, si bien su pasión por la poesía definió su principal actividad, la tarea de periodista y editor contó con su fervoroso talento. En su tenaz compromiso con la realidad, Santoro procuró que su literatura no se limitara a la protesta intrascendente, sino a consagrar la idea básica de sostener que: “si la poesía no ayuda a cambiar la sociedad no sirve para nada”. Su interés por lo ciudadano, lo impulsa a compartir con poetas, músicos y artistas plásticos, distintos proyectos de difusión cultural que se iniciarían con la publicación de la revista Barrilete. Entre los convocados se destacaban: Marcos Silber, Horacio Salas, Daniel Barros, Gerardo Berensztein, Rafael Vázquez y Alberto Costa, quien en una publicación realizada en Madrid con el título “Buenos Aires desde el mundo”, señaló: “El pelado Santoro encandilaba. Nunca había visto, ni leído a alguien que se tomara el oficio de poeta tan en serio. Trabajaba las palabras, los versos, los ritmos, el sentido, en fin, era un trabajador a conciencia, lo curioso es que su poesía siempre se leía con poco esfuerzo, ese era el testimonio de su gran trabajo”. La obra literaria de “este verdadero buscavidas”, al decir de Roberto Baschetti, es un desafío armado de palabras frente a la literatura y el arte, templando su espíritu en la acción comunitaria y en la prédica de sus ideas estéticas y políticas en un contexto de experiencias tangibles y fecundas. Los notables poemas de Santoro integraron los siguientes títulos: “Oficio desesperado” (1962), “De tango y lo demás” (1962), “El último tranvía” (1963), “Nacimiento en la tierra” (1963), “Pedradas con mi Patria” (1964), “En pocas palabras” (1967), “Desafío” (1972), “Uno más uno humanidad” (1972), “Poesía en general” (1973), “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), “Las cosas claras” (1973) y “No negociable” (1975). En 1971, había publicado en su propia Editorial Papeles de Buenos Aires, una estupenda antología con el título “Literatura de la pelota”, que fue prohibida por la dictadura militar de 1976. Es así, como el poeta que juega con las palabras y las ideas renovadoras, también supo convertirse en el portavoz de la sensibilidad popular y la vitalidad creativa del hecho social identificado con el fútbol. El artista plástico Pedro Gaeta, que integró el Grupo Gente de Buenos Aires a principios de los ‘70 con el poeta Luis Luchi y el músico Eduardo Rovira, lo definirá como: “un militante del arte y de la vida”. Sin embargo, esa pasión que le hizo escribir: “mi patria tiene forma de poema”, encontró el abismo en su andar desnudo, como un hombre en soledad, ante el vuelo triste de la historia. En “Canto a la esperanza”, de su libro “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), Santoro se imaginó como un barco que navega por las plazas y se transforma en un “gorrión descalzo” seguido por la muerte “con su forma de guitarra”. Luego, “loco en el olvido de furia”, envuelve en un saludo a sus seres queridos en un remolino de justicia que clama de esperanza. No obstante, la sombra de lo indescifrable provoca que el poeta que lleva la rebeldía en su solapa y comparte el pan con sus amigos, rompa su corazón en una plaza y sea descendido a los infiernos. El poeta Carlos Santos, se preguntaría en su poema “El Hermano Invisible” por el compañero ausente, que: “vaga entre nosotros/ con un sombrero de niebla”, e interroga la noche: “sabiendo de antemano que estaría/ hecho fantasma”. Roberto Jorge Santoro, quien pregonaba ser “un escritor surrealista, es decir, realista del sur”, había desafiado con su militancia social consecuente y sin sectarismos inútiles, no sólo al insondable misterio de las metáforas, sino al terrorismo estatal que nos convierte en piezas de un tablero sujeto al exterminio. En resumidas cuentas, tuvo el valor de denunciar las atrocidades de la dictadura militar de 1976, que finalmente dictaminó su secuestro del lugar de trabajo como preceptor de la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán, y permanece desaparecido desde el 1° de junio de 1977. A propósito de su figura, Rafael Vásquez dio a conocer en el año 2003, una meritoria aproximación bio-bibliográfica sobre nuestro poeta, con un apéndice documental y una selección de su obra poética. Es así, como Roberto Jorge Santoro, sigue irrumpiendo en el rumor legendario de los barrios, y parafraseando a Antonio Requeni, también “creo en la venganza del poema. / No haya paz en la tumba del verdugo”.

Bibliografía:

Requeni Antonio. Obra reunida. Academia Argentina de Letras, 2014.
Santoro Roberto Jorge. Literatura de la pelota. Ediciones Lea Libros. Buenos Aires, 2007.









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