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La ruta de la seda, de Inés Pereira - Ediciones Del camino. Por Pablo Queralt
26.08.2026 04:59 |
Noticias DiaxDia |
El lirismo recorre imaginario y realidad en versos cortos y escalonados en la ruta de la seda con imágenes donde la naturaleza está presente como mensaje en tono intimista y confesional territorializando universos incoporales, una existencia de instantes que la memoria guardó. Ritmo del tiempo interior y el tiempo vivido, cartografía de lo sentido marcando intensidades, modalidades de múltiples universos como un canto con sus marchas y detenciones que hacen el camino del poemario un aquí- ahora y un allí – hace tiempo, cursa su ruta, su puesta en el ser. La codificación de un mundo natural que interviene en distintas dimensiones con una linealidad de significantes de expresión creando una polifonía comunicacional del estado de las cosas: materia y alma de las cosas. Un universo de sentimientos-sentidos en trabajo directo con la cosa sensación y la cosa, y lo que tiende a escapar y pasar desapercibido. Escenas, palabras, imágenes, secuencias de enunciados, encadenados a la existencia esencial. El trazo invisible sobrevuela lo escrito a través del vidrio desde donde se mira lo opaco, lo brillante, lo que es aliento que invita a escribir, a poblar territorios con universos que hacen la cartografía de lo que se borra alrededor y hace su vida. Porque la idea es un pájaro invisible, solo la vibración de la rama del árbol es lo que alcanzamos a ver es como la idea platónica, nunca vemos la realidad solo sus sombras. Y desde la caverna paisajes finamente pintados con el peso de lo que se lleva en la espalda escriben y predicen entre una dicha y desdicha el devenir.
Los lazos se entretejen, anulan pasado-futuro en su punto prefijado cuando el cambio, donde las cosas se nublan e intuyen una salida con un cierto conocer el afuera y el ser que se lleva. Una tensión entre pasado y futuro se extiende como un reflejo, una carta perdida u olvidada donde ver para mirarse. Un mantra, un viaje por el mundo de la mente, la casa, el sueño, la mancha, lo que acaricia lo que no puede ser, lo que queda para mañana, lo imposible, la mano del que cierra las puertas. El deseo de ver cuando se da vuelta la carta, es el músculo, encontrar un agua donde nunca habrá ahogados.