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Como la cierva sedienta de Graciela Perosio, por Pablo Queralt

15.09.2026 05:09 |  Noticias DiaxDia  | 

Los sutiles encuentros en la naturaleza habitada planea el cosmos de este libro, el movimiento de la luz y la luz en las cosas como coro de mundo conquistando el imperio del silencio aunque nadie pueda seguir su ritmo, solo los que captan el secreto corazón. Allí aparece la querencia que es el tesoro: las frases, personas, voces, sonidos, paisajes, es el país donde crecemos lo que impulsa la historia, el poemario. Enumeraciones poéticamente calladas, silenciosas como murmullos de lo visto, lo sentido hacen su cartografía de universos territorializando campos de atención del sensible dando su significancia procesual. La señora Perosio, la niña Graciela y la poeta van como un torrente en el rio con su fino y delicado uso de la palabra adecuada a cada emoción que no es necesario traducir ya que la poeta con su claridad nos traduce su libro, que se prodiga como un bálsamo, una promesa de un mundo más sensible, como el abrazo de la memoria que disculpa pero no perdona “la caricia que contiene al corazón perdido”. Transcurre la sed de vivir creciendo en la madre como en la noche para alejar los fantasmas con una caricia donde conocer y conocerse. Es que tal vez se escriba para pensar, pensar en todas las realidades que nos rodean y a partir de allí crear nuestros propios universos incorporales para reterritorializarlos. Ahí están los hijos como una prolongación de la memoria y uno está en ella con sus olores, sus sonrisas como un ritual que ayuda a lidiar con lo imposible para reconstruir los fragmentos dispersos. Un libro es una forma de vivir en sus palabras, versos, nos muestra una estética donde los secretos de los deseos encuentran su punto más sensible. El cuerpo hace sus mapas y pliegues de relato, una cosmogonía de sensaciones, muestras del ser-ahí, lugares, marcas con su horizonte imposible de trascender. La morada al fin es el cuerpo donde habitamos, la residencia fija en un lugar, el hogar, la casa, el espacio privado, la vida íntima que transitan estos versos. La curva constructiva del poema en su atractivo acá no se gana ni se pierde, se juega, va y viene en los tiempos de la imaginativa en lo vivido, lo recordado y lo deseado. En un mundo inundado por el humo con que palabras de humo diremos el poema, con que garra el virus que infectó toda certeza entra en mora a toda morada en la pandemia.




















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