Fotos-Prensa Aznar/Lebón. Ph: Martín Bonetto
Los artistas brindaron un concierto sensible y actualizaron el legado de Serú Girán en Buenos Aires. Además de continuar su gira por el país, confirmaron una último encuentro que tendrá lugar en la sala de Villa Crespo.
La víspera de la primavera fue el marco perfecto para una celebración tan esperada como necesaria: Pedro Aznar y David Lebón se reunieron nuevamente para recordar a Serú Girán, la mítica banda que integraron a fines de los 70 y principios de los 80 junto a Charly García y el ya fallecido Oscar Moro.
El grupo tuvo menos de un lustro de actividad (entre 1978 y 1982), pero su brevedad fue inversamente proporcional a su potencia y relevancia. Así, con su intensidad signaron la historia del rock nacional para siempre, que tuvo un breve retorno a inicios de los 90 y un puñado de recitales célebres en River, incluido un extenso bis de cover de los Beatles como frutilla del postre.
Con todo, gran parte de su público, nunca los había visto en vivo. Pero el final del otoño traería revancha: el 19 de junio tuvo lugar la primera juntada de los artistas y desde entonces algo que comenzó por casualidad, como una excusa de dos viejos amigos, se multiplicó hasta llegar a la séptima función que sucedió horas antes del 21 de septiembre.
Pero el concierto no es lo único importante o más bien inició anticipadamente: el show se veía y se escuchaba antes de que se abrieran las puertas del Movistar Arena. En las inmediaciones del lugar, desde cada uno de los bares cercanos, se oían canciones de Serú en los parlantes. También, vendedores callejeros ofrecían calcomanías, remeras, tazas estampadas y otros objetos.
Pedro y David en el país de las maravillas
La lluvia del domingo no detuvo al público que, entre paraguas, capuchas y pilotos ingresó al lugar donde sucedería la magia: adolescentes, jóvenes y adultos. Todos se acercaron a presenciar uno de los últimos conciertos de esta vuelta y entonces Serú fue un puente que traspasó diferencias generacionales, con la hondura de su música y su poesía.
Corrían las 21:10 cuando las melodías empezaron a sonar. El primer regalo desde el pasado hasta el hoy fue una combinación de fragmentos: “Parado en el medio de la vida” junto a una evocación de “La grasa de las capitales”. Y en seguida un racimo de canciones para activar la nostalgia, pero con la fuerza del presente: “Frecuencia Modulada” y “El mendigo en el andén”, con armonías vocales de los anfitriones que mezclaron precisión con emoción.
En seguida, Aznar lanzó unas palabras al aire “Esta canción usa un recurso muy inteligente, toma prestadas las metáforas del libro más célebre de Lewis Carroll para hablar de las desventuras de este país” y dio paso a los paisajes de “Cancón de Alicia en el país” y luego a la historia de amor y desamor que se teje entre las estrofas de “Perro andaluz”.
Mientras la pantalla gigante combinaba imágenes fijas y videos de antaño con otras transmitidas en vivo, mientras se fusionada el color con el blanco un negro, Aznar empuñó un baby bass para versionar “Nos veremos otra vez”, en un diálogo de voces perfecto con Lebón para recrear esa canción de amor, de esperanza y de reencuentro, como el que sucedía e el escenario.
Luego, también desde el tracklist de “Serú 92” emergió “Si me das tu amor” y entonces, la banda conformada por Federico Arreysegor - Teclados y voces-, Fernando Cosenza – Guitarras-, Matías Sabagh – Batería- y Fermin Ferraris – Teclado- evidenció toda su solvencia.
Ahora vamos a tocar dos de las mejores canciones de nuestro amigo Carlitos, aseguraron y el público arengo con una masivo “Olé, Olé, Olé, Charly, Charly” y a continuación se escucharon versiones de “Cinema Verité” y “Desarma y sangra” que fueron casi orquestales o cercanas al ámbito de lo académico.
Después de eso, se abrió un tríptico de honduras con “Noche de perros”, “San Francisco y el lobo” y “Viernes, 3am”. Los asistentes añadieron sus voces a la propuesta y los músicos se mostraron emocionados ante las resonancias de lo colectivo.
Llegado a ese punto, una díada de sets solistas aportó nuevos matices al recital. En primer término, Lebón marcó sobre unas tumbadoras el compás festivo de “En la vereda del sol”, al tiempo que Aznar hizo lo propio con “Déjame entrar” en formato acústico.
Más tarde fue el turno de “Encuento con el diablo”, allí Aznar demostró su técnica, impecable y sensitiva, sobre su bajo fretless, y Lebón exhibió un registro vocal para el que, pareciera, no pasan los años.
En seguida, con la sensibilidad de “A cada hombre, a cada mujer” se multiplicaron los celulares encendidos y los coros del estribillo “Uno y uno y uno en uno/Y uno a uno y todo en uno en mi/Uno y uno y uno en uno y uno a uno/Y todo en uno en ti”
Tras los aplausos emotivos de los asistentes, la noche desplegaba sus últimas notas: “Esperando nacer”, apareció antes de “Mundo agradable”, que tuvo un final a capela entonado por el público y los anfitriones. Pero como si eso no fuera suficiente, Pedro y David presentaron a “uno de los primeros fans de la banda” e invitaron a Juanito Moro, hijo de Oscar, a sumarse en la batería de “¿Cuánto tiempo más llevará?
El álbum en vivo No llores por mí, Argentina (1982) y el tema homónimo ofició de punto final antes de los bises con “Peperina” y la icónica balada de fogón “Seminare”.
La lluvia ya había cesado cuando el concierto terminó, en una revancha para los admiradores del cuarteto, en una de las siete reuniones cumbre de Aznar y Lebón, vocalistas e instrumentistas exquisitos, hacedores de emociones, de historias, de sonidos que son parte de las páginas más recordadas, ineludibles y actuales de nuestra historia cultural.
Una nueva oportunidad
Lo que comenzó como un encuentro atípico entre dos de los artistas más cardinales rock nacional devino , en los últimos meses, en una serie de conciertos que han signado la agenda del 2026. Serú Girán por Lebón y Aznar agotó cada una de sus presentaciones en el Movistar Arena y acercó su repertorio a distintas ciudades del país. Y por si alguien todavía no vivió la experiencia, el próximo 22 de noviembre, día mundial de la música, habrá una nueva celebración, según se anunció en pantalla gigante tras el cierre del último show de invierno de la díada.
Con esta cita renovada , Lebón y Aznar se preparan para despedirse de Buenos Aires después de una temporada histórica y antes de hacerlo continúan en una gira que los llevará por Tucumán, Neuquén, Bahía Blanca, Mendoza, San Juan, La Plata y Rosario, además del presentaciones fuera del país, en Colombia y Uruguay.
Así, y aunque entre sus letras, David y Pedro afirman que “No existe una escuela que enseñe a vivir”, ellos hacen escuela entre canciones que mejoran el mundo, con cada acorde, con cada verso y con estos conciertos que celebran a una de las mejores bandas de la historia, en nuestro país y también más allá.