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Roberto  Goijman

Por Roberto Goijman

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Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1953. A los 21 años aparece en las listas de la “Triple A” y pasa a la clandestinidad. Se exilia en 1976 perseguido por la Dictadura Militar.
Organizador de Encuentros literarios, difusor de la Poesía Patagónica. En 1997fue destacado por la provincia del Chubut por enriquecer a las Letras Chubutenses. Director de Ediciones Patagonia.

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Roberto Goijman por Roberto Goijman


30.06.2014 15:05 |  Goijman Roberto  | 

Roberto, quiero que escribas una columna semanal para el portal, querés? Por WhatsApp recibo este mensaje. Así, Claudia Ainchil, determinaba por mi esencia, su postura inicial era que a modo de presentación me presentara hablando de mi reciente novela publicada en México y de la gira de más de un mes por diversas ciudades Aztecas; que hable de la buena hospitalidad recibida, de los poetas, de las conferencias y de la presentación del premio nacional de poesía en Guanajuato. Lo primero que me broto fue un ¡está loca! Como voy hablar de mí, así porqué si, mejor hablemos de Messi, de la deuda externa y del inmoral juez Griesa. Claro, es que uno tiene en su cabeza la problemática existencial diaria y entonces hablar hoy de ese viaje a México parece lejano, aunque hayan transcurrido apenas dos semanas de mi regreso, y las esperanzas de mis amigos estén hoy en Brasil. De más está decirles que en más de una ocasión hable de Messi, de que íbamos a salir campeón. A él lo idolatran, entonces uno puede conjugar la poesía con el futbol, contento estaría el poeta Roberto Santoro que escribió “Literatura de la poeta”, hoy desaparecido. Recurro a Don Osvaldo, a aquellas contratapas de Página 12, de cuando a partir de un evento literario reconocía a su gente, a su lugar y saludaba a todos sus amigos. No soy Bayer, más, él es único, pero uno aprende y la memoria ayuda bastante para estas cosas, y en vez de hablar de Osvaldo Soriano, pucha gordo, parece reciente tu muerte, y como conjugabas la pelota con la literatura, qué grande fuiste!
Les contaré una anécdota, nosotros, los porteños, cuando viajamos al exterior manejamos nuestro lenguaje como si el mundo hablara de la misma forma, entonces surgen las confusiones, las caras rojas y el: No digas eso!!! Una mañana, me pasan a buscar por el hotel para desayunar, viene la directora de cultura de la ciudad de Jaltipan, Jessy Toledo, y además buena poeta que de altura mide un metro cincuenta y cuatro, contra mi metro noventa y dos. No bien la veo en borceguíes, le digo: “espera un minuto, me voy a poner las zapatillas”, yo estaba en mocasines negros; y ahí en forma confusa, nerviosa, me responde: “No, no! Así estas bien. Estas bien, no te cambies”. Y nos fuimos. Desayunamos y partimos con otra pareja a recorrer lugares. En el sur del estado de Veracruz, es época de tormentas tropicales, en las afueras existen caminos de tierra, y ahí yo en mocasines maldiciendo mientras se empotraban los zapatos. “Pero por qué no me dejaste poner las zapatillas?” Y ahí me entere que zapatillas para ellos, es el calzado femenino alto con plataformas y tacos. Claro, imagínense unos tacos finos y altos en pleno barro, y encima yo con mi gran peso!!! En otro momento, me aclara las actividades que no eran pocas, y yo con mi tierno omoplato, inocente como chico de jardín de infantes, le digo: “No hay problemas, yo te sigo como perro faldero tras cola de perra”. Y mirándome fijamente, con cara roja como ladrillo de plaza en buen estado o tierra misionera, me dice: “Nunca más me digas eso. Nunca.” Ahí entendí, ahí me di cuenta que a veces nuestras palabras algo sublimes o chistosas pueden herir a las personas sin darnos cuenta, solo por el hecho manejar ese léxico único de nuestra Buenos Aires… claro, después comenzaron las risas, los intercambios, ustedes como le dicen a esto y a esto otro? “Uh! ya se hablar argentino”, dijo alguien... Cosas de viaje. México tiene su encanto, y nosotros escritores, literatos y poetas, lo nuestro.
A partir de este viaje tengo que reconocerme como escritor, siempre dije que soy poeta, que mi basta obra es poética. En estos momentos me acaban de publicar mi primer novela, “El último de los Kazarenko”, novela que ya estará por nuestro país aunque primero se edite en Chile, es que a veces no entra la lógica del pensamiento, y la historia de los Kazarenko, escrita a partir de los acontecimientos del 19 y 20 diciembre del 2001, es más actual que nunca, debería haberse publicado en la Argentina hace años; sin embargo uno se cansa de sólo pensar que tiene que recorrer editoriales con directivas europeas, pero nuestro acontecer impacta en el exterior, como hoy, que un juez de los EE UU determine por nuestra economía. Si hablamos de países libres, si hablamos de países soberanos, entramos en la más grande incongruencia que significa el que se nos siga tratando como colonia. Y la novela, justamente trata de eso, y de esa tan especial, amada, pretendida silla de madera que marca nuestra historia como el Sillón de Rivadavia, nombre presidencial que traiciona la Revolución de Mayo y firma el primer acuerdo económico con la banca inglesa.
A pesar de que nuestra historia está delimitada, y que se pretende actualmente que nuestro país siga siendo semillero, exportador de granos, de vacas, y de cabezas ilustres como científicos, y también de Gardel, Borges, Cortazar, Favaloro, Piazzolla, Maradona y, de este Messi genial que hoy queremos que nos traiga la copa.
Somos tan capaces que hasta creamos las antípodas que van desde el Che Guevara al Papa Francisco. Por eso me acaban de invitar a este portal.


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