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Qué tienen que ver el Carnaval, el 8M, lenguaje inclusivo, Rosas y las mujeres poetas del oeste. Por Javier Romero

09.03.2020 00:05 |  Noticias DiaxDia  | 

El carnaval

Verano. Si digo verano digo: sol, calor, vacaciones, viajes, playa, montañas, paisajes, agua, lugares exóticos... También digo alegría, amor, sexo, felicidad, música, cuerpos desnudos, carnaval. En esta cadena semántica que sintoniza con esta época estival del año, en que los días son más largos y las noches invitan a deambular por todo tipo de lugares de diversión nocturna o alcobas, el sudor le da su brillo y carga de adrenalina las pasiones. En medio de ese furor que precede a la Cuaresma, (período de penitencia y renovación de la fe católica que, como parte de este rito de cuarenta días, impone realizar ayuno y no comer carne), el carnaval hace honor a su etimología: las carnes humanas se exponen en un festejo popular que posee las siguientes características: 
 
se subvierten los roles sociales y el orden establecido: los pobres pasan a ser ricos, los hombres          mujeres y los cuerpos ocultos se exhiben;
se destronan las jerarquías hegemónicas a través máscaras que guardan el anonimato
las individualidades de las élites se mezclan con el pueblo y se masifican; 
la solemnidad, la formalidad y el protocolo dejan lugar a la parodia y a la risa;
cada uno representa el rol que desea en este nuevo orden por un día;
los límites son desconocidos por lo que, en desmedro de lo íntimo y privado, la fiesta ocurre en            las calles;
los prejuicios y tabúes dan lugar a más libertad y al “libertinaje”;
las impulsividad es llamada a tener protagonismo;
el lenguaje, los modales y las costumbres son parodiados;
también son tomados de manera burlesca personalidades públicas o hechos sociales a modo de          crítica certera y contundente;
las reglas de los gobernantes son suspendidas a favor de las del pueblo que organiza y realiza            el  festejo.
 
Al origen del carnaval, algunos estudiosos lo encuentran en las fiestas bacanales, aquellas en honor al dios latino Baco (Dioniso para los griegos, mejor conocido como el dios de la fertilidad y del vino, aunque era mucho más que solo eso). No por nada siempre estaba acompañado por los sátiros (representado por ser mitad hombre de la cintura para arriba y para abajo como un macho cabrío), criaturas tan alegres y pícaras como inútiles e incapaces de trabajar, amantes del vino, de las mujeres y de los placeres, aunque podían volverse violentas y peligrosas: cualquier parecido con la realidad actual, no es pura casualidad. Gracias a esos rituales religiosos griegos surgió el teatro, y desde esos tiempos nos sigue deleitando. En el carnaval, el escenario teatral es el exterior, el espacio público, en donde todo se expresa como cada uno quiera y, como todo se mezcla, se entreveran también todas las artes, además de actuaciones teatrales: vestuario, música, la literatura en las canciones, la pintura en las escenografías y los maquillajes y, a todo esto, se suma la danza. El carnaval pasó de ser una fiesta pagana a una expresión popular de resistencia contra las clases dominantes, en las que el alcohol sigue manteniendo plena vigencia.
 
En literatura, el lingüista ruso Mijail Bajtín reconoció estas características en cierta literatura. Esta carnavalización rompe con estereotipos, se rebelan contra los cánones establecidos por la “buena literatura” y, sobre todo, contra el conservadurismo de los clásicos.
 
La carne, siempre la carne y la Iglesia
“El matadero”, de Esteban Echeverría es el primer relato que marca el inicio de la literatura argentina y continúa siendo un clásico que marca con sus metáforas la grieta política de sus tiempos que, podríamos asegurar, mantiene vigencia hasta en la actualidad por los subtemas que podemos encontrar en él: la Cuaresma, el mandato de la Iglesia de no comer carne aunque sea en perjuicio para la salud de sus acólitos, la condena al Infierno (¡tan temido!) para quienes osen desobedecerla y la connivencia política (de Rosas, el dictador por antonomasia) en apoyo mutuo (aunque se permitían la licencia de romper sus propios mandatos), los inocentes (el niño decapitado por el latigazo, la chusma de las “negras achuradoras” que se pelean por las tripas de los vacunos carneados con perros en medio del barro ensangrentado (y esta imagen me llega a otra posterior: el “Guernica” de Pablo Picasso), el toro joven que se rebela ante la muerte segura... Además el joven unitario que pone en evidencia que la batalla también se lleva adelante en el plano de lo simbólico: la “U” de sus patillas unitarias y los usos refinados europeos (signos de la educación, el progreso y de la modernidad en opuesta referencia a España) versus las sangrientas insignias federales rojo punzó.
 
Lo carnavalesco en la obra de Echeverría se resalta en lo grotesco y en la representación de un mundo al revés, con los personajes que se presentan monstruosos y se parodia al poder establecido.
 
El machismo en los medios
El espacio público era propiedad del hombre. El espacio íntimo, privado, estaba destinado a la mujer, propiedad del hombre, algunas veces como una sirvienta, otras como un electrodoméstico; todo con la excusa de que requiere protección estaba condenada a vivir dentro del “hogar” (que era propiedad del hombre) y no salir a la calle salvo que sea acompañada por su marido o algún familiar cercano varón. La pretendida “protección” de la “reina de la casa” terminaba siendo una cárcel y el hombre su guardia permantente. Pero ahora, ellos ya no encuentran motivos para autoproclamarse “amo y señor”, tal cual la renombrada telenovela de Carlos Lozano Dana emitida en 1984, protagonizada por Arnaldo André y Luisa Kuliok, cuyo principal atractivo para la teleaudiencia eran las cachetadas que él le propiciaba a ella (aunque también era a la inversa) en pleno ejercicio de su potestad simbólica y, muchas veces, de influir en las costumbres de la sociedad. Violencia simbólica, que le dicen. En la sociedad de esa época, el hombre tenía la potestad de disponer de la vida de la mujer y nadie tenía derecho a entrometerse en la relación de la pareja. Si la mujer era golpeada por su marido, el discurso socialmente aceptado era: “algo habrá hecho”, “los trapos sucios se lavan en casa”, o “los de afuera son de palo”, por ejemplo. La esposa era propiedad del marido.
 
El espacio público estaba destinado al hombre y marcaba su prestigio frente a sus pares como frente a su familia, mientras que el prestigio de la mujer estaba en mantener la casa limpia, ser buena cocinera, tener siempre aseados a sus hijos y que no lo molesten cuando regrese cansado de trabajar. Porque la mujer no trabajaba en la casa. La casa era su reino, (léase: su prisión). 
 
El feminismo, un Derecho Humano
Frente a esto, el feminismo se convitió en un nuevo Derecho Humano, las mujeres adquieren entidad como sujetos con derechos inalienables que deben reconocerse como universales. Decir  que el feminismo es una ideología sería rebajar a la condición humana de la mujer. Estar destinada a ser “buena” esposa, “buena” ama de casa y “buena” madre, son frases que, actualmente, se leen correctamente como “ser una sometida”. A todo esto le podemos agregar que el “ser mujer” amplía el horizonte del feminismo: también implica el “sentirse mujer”, perspectiva que no solo unifica las luchas de género, sino que también las divide, al extremo de determinar casi inaceptable que haya hombres feministas (aunque los hay), pero cuyas presencias en los eventos feministas son, con justas razones, invasivas.
 
Lenguaje inclusivo
En algún momento de la historia, preludiando la Cuaresma, las palabras latinas “carnem” (carne) y “levare” (quitar) compusieron “carnelevare”, que luego derivó en la italiana “carnevale” para nombrar a las fiestas en que el pueblo se hartaba de cometer dos excesos: comer carne y los sexuales, para saciarse antes de los cuarenta días en los que se privarían de ambas cosas. Esto es un claro ejemplo de que es una constante del idioma la de ser inclusivo de palabras nuevas. 

En la carnavalización el lenguaje pasa a ser el protagonista de los discursos visibilizando expresiones que están en vigencia en la vida cotidiana aunque rompan con la normativa, con el habla normalizado, con el dogma de la Real Academia Española. Esto enriquece las formas de comunicarse y expresarse además de marcar una ideología junto con una perspectiva del mundo acorde a la realidad de su tiempo, más dinámica y renovadora de las formas discursivas. Deja expuesta la relatividad de las verdades y enjuicia a las autoridades dominantes, trayendo nuevos aires al paisaje cultural vigente. Para los dogmáticos de la lengua pura, la carnavalización es una degradación del lenguaje y de la literatura como su máxima expresión. Para los que desafían al status quo, la carnavalización es un modo de resistir, desafiando, parodiando, profanando las tumbas de los clásicos, para degradar las normas de los puristas y enjuiciar su autoridad para hacer tambalear su poder... La carnavalización hace fluctuar el lenguaje entre la deformación y la renovación, entre la corrupción lingüística y la realidad del habla cotidiana. Un claro ejemplo autóctono de carnavalización es el “Martín Fierro” de José Hernández con la inclusión de todo un diccionario del habla gauchesco con su sabiduría autóctona, algo impensable para esos tiempos como para estos. Tan mal no le fue.

No debemos olvidar que la lengua es un sistema de codificación vivo, que está en constante cambio por parte de sus usuarios, tanto como lucha por mantenerse inmutable para poder seguir siendo una herramienta de comunicación. En ese trayecto se encuentra el “lenguaje inclusivo”, juzgado por el simple hecho de no respetar las normativas de la lengua e incluir a los géneros invisibilizados por el machismo inherente en los sustantivos y los adjetivos que favorecen al género masculino y menosprecian al femenino, cuando no lo invisibilizan.

La carnavalización es una herramienta de transformación social contra la hegemonía del discurso dominante, institucionalizado, para cambiar el mundo por medio de la transgresión. El feminismo lo sabe, y para resarcir las falencias del lenguaje buscó formas para generar una visibilización transformadora que incluya a los géneros relegados, ninguneados, ilegalizados, vulnerables frente a la desprotección del estado. La batalla está en el lenguaje y en el uso equiparador de las palabras en las que el género masculino tiene dominio y marca la norma, contra las adaptadas para utilizar el género femenino o con “e” final para contener  a todos los otros géneros.

8M
No se puede dejar de advertir que en todas sus formas de expresión en todo el mundo, el carnaval tiene un formato que puede ser aplicable a muchas festividades: ¿en qué cumpleaños, casamiento, bautismo, entre otras, no se realiza un “carnaval carioca”? El estilo carnavalesco no está vacío de contenido: en sus risotadas, parodias y desorden lleva implícito una fuerte crítica al orden establecido e impone el suyo propio.

En las protestas de las mujeres se ve claramente eso. Como en los carnavales, el machismo es puesto sobre el banquillo de los acusados. Su crimen es subvalorar a la mujer como un mero pedazo de carne a la que, como si fuese un carnicero, puede matarla, cortarla, trozarla, quemarla. El machismo impone culturalmente que la mujer debe tapar su carne, esconderla de la vista del hombre para no tentarlo, para no seducirlo, para que este no caiga en su trampa, para que no lo pervierta porque sino, obviamente, la violará. No podrá contenerse: la mujer es nominada como la culpable de las aberraciones que provoca en el hombre, la que lo transforma en un sátiro, (ser que en la Edad Media la religión católica usó para representar al demonio), por el que es poseído. Aunque él, en realidad, no es así.

Por eso, en el 8M la mujer pone el cuerpo, expone su carne desafiante, porque reconoce que en él no hay ninguna culpa de lo que pase por la cabeza del macho cabrón, que no es la que provoca su bestialidad, que no puede excusarse de sus crímenes contra la mujer, porque ellas reconocen que no son seres inferiores al hombre, porque reconocen lo que durante muchos siglos les fue negado por el machismo imperante: que son seres humanos, que pueden razonar y llegar a obtener los mismos logros, que tienen los mismos derechos a ser libres y hacer con sus cuerpos lo que se les antoje de la misma manera que lo realiza el hombre. Porque está en juego su libertad. Que nadie tiene derecho a juzgarlas ni culparlas por el simple hecho de existir y ser mujeres en un mundo muy diverso.

El “carnaval” femenino está hecho por el pueblo femenino para mostrarse públicamente. No tienen por qué esconderse. De común acuerdo interpelan a toda la sociedad y les dictan una renovación de las leyes, las que deben ser sancionadas como leyes para todas, para todos y para todes. Porque si hay una condición sine qua non de la ley: que debe ser para todos iguales. 

En contrapartida, las violaciones se realizan en la intimidad, por individuos aislados que rompen todas las leyes: las establecidas por el machismo y las que se reclaman los 8M como un Derecho Humano equiparador de la condición femenina.

En los 8 de marzo, la mujer inteligentemente potencia sus reclamos con arte, porque saben que genera más impacto en el machismo suprainstalado. Un claro ejemplo de esto está en el himno feminista que creó el colectivo Lastesis con la performance “Un violador en tu camino” (sustentada en la antropóloga Rita Segato) que ha tenido un éxito rotundo en todo el mundo, que ha sido reproducido en decenas de países en sus respectivos idiomas para protestar contra los femicidios, la violencia sexual, la inacción del estado, la ausencia de justicia y de respuesta del poder ejecutivo. En esta performance iniciada en Chile, Lastesis incluyeron un fragmento del himno de los carabineros chilenos, a modo de parodia al machismo inoculto de la institución. El mismo dice: 
 
“Duerme tranquila, niña inocente,
sin preocuparte del bandolero,
que por tu sueño dulce y sonriente
vela tu amante carabinero.”
 
Frente a la agresión simbólica y real del orden establecido a través del discurso del estado, el feminismo entra en un debate contra este para poner límites a su inacción, su complicidad, su aval a la violencia de género y al femicidio. Las mujeres instalan que hay toda una diversidad géneros y de orientaciones sexuales, que el feminismo es un Derecho Humano que debe ser reconocido como tal. Porque en ello se les está yendo la vida: 66 femicidios en 65 días. Los contabilizados. Hay más femnicidios que días en lo que va del año.
 
A través de distintas expresiones creativas, las mujeres irrumpen en los discursos dogmáticos de los sectores de poder dominados por el machismo. El campo de combate que excede lo simplemente ideológico se da a capa y espada en la cultura.
 
2° Encuentro De Mujeres Poetas del Oeste
Como dijimos, la batalla se celebra en la lengua y en su uso que, inconscientemente, predispone a la sociedad. Por eso, es fundamental que la mujer ocupe los espacios antes negados. Cuando hablamos de espacios nos referimos a los espacios públicos antes negados: en las calles, en las empresas, en los parlamentos, en la función pública, en las empresas, etcétera. También en los espacios literarios, siempre dominados por el género masculino por “grandes escritores”. La mujer actual sale de su rol pasivo o ensombrecido, reflejado en el dicho popular “Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”, algo impensado para el hombre. En la esfera literaria creciente sería injusto hablar de literatura feminista. Hay literatura hecha por mujeres.
 
Uno de los tantos espacios que el género femenino se abre a pulmón, con grandes esfuerzos, es el “2do Encuentro de mujeres poetas del Oeste”, que se llevará a cabo el 14 de marzo a las 18 hs. En homenaje a la poeta Irene Gruss. En este evento literario leerán las poetas Anahí Cao, Natalia Iñiguez, Raquel Jaduzliwer, Yesy Jacobs, Alba Murúa, Teresa Orbegoso, Lidia Rocha, Beatriz Vanella y Estela Zalungo. Habrá una mesa de conversación a cargo de la docente de la Universidad de La Matanza Marcela Cabrera y del poeta Eduardo Espósito. Proponen este maravillo evento Valeria Zurano y Patricia Verón. Además se presentará el Grupo Insular con su música litoraleña.
Están todas, todos, todes invitad/as/os/es.
 
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