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Por Antonio Di Benedetto

16.02.2021 15:37 |  Noticias DiaxDia  | 

 De Prefiero la noche, prefiero el silencio (Adriana Hidalgo editora, 2018).
 
Puede apolillarse una persona, se dice, cuando se retira, cuando hace de la soledad su compañera. Puede, sí; puede apolillarse. Es mi caso, como todos lo saben.
Todos lo saben, porque me ven; todos, asimismo, desconocen las causas. La opinión generalizada, no por generalizada, creo yo, acertada, es que siempre me resistí a los deportes o por lo menos al aire libre, al campo o simplemente a cualquier esfuerzo físico.
Quizás induzca tales pensamientos mi cuerpo, ahora tan visible. Es, posiblemente, mi castigo. En esto tiene que consistir. Porque esto de apolillarse, esta palabra rancia que me ha ocurrido, tomó posesión de mí como menos podía esperarlo, sin haberlo esperado nunca, claro está.
La polilla, este ejército ciego y famélico, me come, me come, paciente pero activamente, cuanta ropa me pongo para cubrirme, sin dar alivio no sólo a mi pudor, sino a mis carnes metalizadas por el frío. Todo es imposible contra ellas. Cualquier trapo que me caiga encima suscitará, no digo su apetito, que debe ser implacable, sino su decisión de cumplir una especie de abominable mandato que me persigue. Devoran; me dejan con los brazos cruzados sobre el pecho; y desaparecen. Desaparecen; pero yo sé, avisado por la experiencia, que siempre volverán.
Nada puedo contra ellas y tampoco, ¡Cristo!, puedo contra mí. No es sólo porque al tomar el revólver las polillas se comerían las balas, sino porque yo quiero vivir. Yo quiero vivir. No sé para qué; pero quiero. Lo único que pido es que se me libre de las polillas, que se me permita andar por la calle oculto, como todo el mundo, dentro de un traje.
La gente no se acostumbra y casi no me tolera. Al principio, yo cultivaba la esperanza de que se habituaran a verme, como les ha sucedido con el hombre sin piernas y tantos otros desdichados que tienden la mano, si es que la tienen. Pero no. Lo único que legalmente no se me impide es andar libremente por la calle, ir a la confitería y al cine, o adonde necesite o puramente quiera presentarme. Con esa disposición al simbolismo que, con el pretexto de sobrepasarla, elude la realidad, se ha entendido que yo, por algún designio que nadie explica, soy el símbolo de la pobreza. Es un error. No se animan a ver la realidad escueta y simple: estoy sin ropas porque las polillas me las comen.
 
 
 Antonio Di Benedetto nació en 1922 / 1986, en Mendoza (Argentina). Fue periodista. Recibió la beca Guggenheim en 1974. Durante la dictadura militar fue apresado y torturado. Excarcelado en 1977, se exilió en Estados Unidos, Francia y España. Volvió a la Argentina en 1985. 
Libros publicados: Mundo Animal (1953), Volamos (1953), El pentágono (1955), Año 1970 (1955), Zama (1956), Cuentos claros o grot (1957), Declinación y ángel (1958), El cariño de los tontos (1961), Caballo en el salitral (1961), El silenciero (1964), Fragmento (1964), Two stories (1965), Los suicidas (1969), El juicio de Dios (1975), Absurdos (1978), Cuentos del exilio (1983), Sombras, nada más (1985), Páginas escogidas (1987)
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