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LA VIOLENCIA, EL DESEO Y LA MARGINALIDAD SOCIAL EN UN DESLUMBRANTE LIBRO DE CUENTOS. Por Omar Ramos

09.02.2026 18:34 |  Noticias DiaxDia  | 

En una oportunidad un periodista le preguntó a Jorge Luis Borges si había una literatura antigua y por otro lado una moderna. Respondió que ni una ni otra. Señaló que lo importante es que sea buena literatura. Es lo que ocurre con el libro de cuentos de Eduardo Rojas, titulado Puma Cebado, que publicó Del Subsuelo Editores (2008).
El concepto de Borges, que comparto, cuadra en la literatura de Rojas, ya que sus cuentos tienen una estructura clásica: inicio, desarrollo y finales cerrados. Se suma a ello que conjuga acertadamente la acción con detalladas descripciones que enriquecen su prosa, sin caer en barroquismo, ni abrumar con adjetivos innecesarios que maten al sustantivo.
El libro se inicia con La Hora del Castigo, un cuento impactante por la trama y por un narrador en primera persona que de victimario de transforma en víctima. El registro coloquial es de una crudeza feroz: “Éramos los vagos, los pesados, los que éramos capaces de cualquier cosa y nos aguantábamos todas”. “Una podía hacerle la peor perrería y el guacho no reaccionaba”.
Uno de los logros de este cuento es que no precisa dónde están esos muchachos. Uno puede imaginar que es un Instituto de Menores, lo que antiguamente se llamaba reformatorio. Son más grandes que los chicos de la película Crónica de un niño solo de Leonardo Favio (1965). También ese espacio del morbo y el castigo lo podemos asociar con Las Tumbas, novela de Enrique Medina (1972).
En Una botella en su lugar, escrita en tercera persona, nada hace presagiar que la obsesión en limpiar toda mancha que lleva adelante Tita, la protagonista, termine en un desenlace fatal. El narrador no explica, no acusa, muestra. Los motivos de la decisión de Tita tiene que decodificarlos el lector. Hastío, rutina, desesperación pueden ser la punta del iceberg de Hemingway.
En Vertical la imaginación del autor adquiere un alto voltaje erótico cargado de humor negro. El protagonista Gustavo Solórzano percibe una gran erección al despertarse. La persistencia durante el día lo va sumiendo en una desesperación que finalmente lo llevará a tomar una decisión. “Es que si su erección no cedía iba a terminar allí en el Museo de Ciencias Naturales disecado, exhibido dentro de una vitrina, convocando a las risas y el asombro de los visitantes”.
La trama de Puma Cebado, cuento que da título al libro, es de rigurosa actualidad. El vínculo entre el hombre y los animales, en este caso un médico del Sindicato de Obreros del Litoral que para alejarse del asedio de los pacientes decide ir hasta el monte donde entabla una original relación con una puma. Vencido el temor de que pusiera en peligro su vida inicia con ella una danza salvaje de carreras y caídas por el piso. La bautizó Gina y logró cebarla con un alimento insospechado. Poco a poco, el personaje se va mimetizando también con otros pumas. “Seriamos todos uno”. Renueva esa fiesta salvaje cada noche hasta que el resto de los hombres logran romper el vínculo. Subyacen en este relato metáforas, símbolos, alusiones escondidas bajo las frases que parecen gritar con el objetivo de salir a la superficie.
En La Cola del Diablo, el autor utiliza acertadas descripciones para adentrarse en una historia de violencia de género. “Tenía un ojo amoratado, casi no podía abrirlo; la nariz también estaba hinchada y torcida hacia un lado; el labio inferior inflamado.
En La cima del mundo el suspenso de llegar a la cúspide de una torre crea el miedo en los dos personajes amigos del colegio. “Éramos dos, listos para zambullirnos en la negrura, en el miedo”.
Un caracol es un cuento donde al protagonista lo apodan despectivamente Caracol. El señor Barrera es un obeso que disfruta de su gula que le impide ver lo que pasa a su alrededor. Tiene el cargo de gerente de una sucursal y le repite continuamente al gerente general: Si señor Menéndez. Si señor Menéndez. Si señor Menéndez. Cumple con todas las tareas que le asigna contrariamente al escribiente Bartleby de Herman Melville. En su tiempo de almuerzo, Caracol devora con fruición rigurosamente una tortilla española. Una torre de papas esponjosa y crocante que “destroza poco a poco, inerme a su placer”. Detrás del hambre voraz que está por encima de todo, yace la obediencia al jefe, la obsesión por el trabajo, la falta de libertad, la frustración incluida la infidelidad de su pareja, en medio de la explotación, la cosificación y la alienación de la sociedad.
Canción desesperada está ambientado en un conventillo de Dock Sud donde conviven obreros de fábricas con trabajadores de astilleros y frigoríficos. Se entrecruzan el costumbrismo con el realismo social. El registro oral es fidedigno y por momentos cargado de un humor ácido. Manolo, el protagonista, dice refiriéndose a Udek, el Polaco: “Es más raro que perro verde”. El realismo va cediendo paso a una escena alegórica, digna del neorrealismo italiano. Los obreros deciden poner unos costillares a la parrilla: “Bien jugosos, listos para el diente”.
De pronto la emoción gana a los trabajadores, empiezan a llorar, el Polaco saca un acordeón y cada uno escucha una canción de su tierra. El Jujeño una baguala, el Paragua una polca en guaraní, la Mosca Cuomo una ópera, y hasta Dacunto dijo que Udek había cantado Naranjo en flor. Se abrazaron y parecía que todos cantaban lo mismo. “Al rato todo el barrio era una fiesta” Qué mejor escena para mostrar sin explicitar la condición de internacionalismo proletario de estos obreros, compartiendo la misma explotación, todos juntos sacando pecho a la miseria, disfrutando las pequeñas alegrías y la esperanza de un mundo más justo.
Cilicio, el relato que cierra el libro, está escrito desde el punto de vista de un adolescente que comienza a sentir los primeros deseos sexuales en un colegio religioso. El descubrimiento del erotismo se castiga con crueldad. El padre Hipólito, encargado de la disciplina y educación de ese colegio de pupilos, si bien no se dice el tiempo donde transcurre la acción, todo indica que es un colegio de los años 60, inflige a los alumnos el castigo, incluso con cilicios, propios de la Edad Media, aunque el Opus Dei y otras agrupaciones ultracatólicas lo siguen haciendo. Lo interesante de este cuento es que el autor encuentra en el final una vuelta de tuerca totalmente inesperada y original.
No por nada el escritor Sergio Olguin puntualizó que los cuentos de Eduardo Rojas se encuentran entre los mejores de la narrativa argentina de estos días.
Rojas nació en 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires en 1952. Es abogado y crítico cinematográfico. Fue colaborador de las revistas La vereda de enfrente, Film y el Amante Cine. Como narrador ha publicado cuentos y artículos en la Revista La Nación. V de Vian y la Mujerdemivida. Obtuvo el primer premio en el Concurso de Cuentos inéditos V de Vian (1998) y tercer premio (2006) del Fondo Nacional de las Artes en el género cuento. En el 2023 publicó el libro de cuentos Zona de Peligro publicado por la editorial Limbo.


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