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cultura-de-jujuy-a-tierra-del-fuego  | Novela El acampe, de Mario Capasso, publicada por Ediciones Diotima

LA PULSION DE MUERTE EN SU ETERNO RETORNO. Por Omar Ramos

20.02.2026 19:14 |  Noticias DiaxDia  | 

Acampar es instalarse de manera provisoria en un lugar, generalmente con carpas o refugios para permanecer allí durante un tiempo. Es lo que en un principio hacen los personajes Artemio, la Perla, Burgos y algunos otros viajantes de la caravana, en la novela El acampe, de Mario Capasso, publicada por Ediciones Diotima, (2025), que se puede conseguir en muchas librerías de todo el país.
Hombres y mujeres salieron de la ciudad por el coronavirus, en medio de la grieta, para instalarse en una llanura desértica y hostil. En su imaginario, miles de indios rondan a caballo “de sus antecedentes tan carnívoros”. De esta manera, Capasso entrecruza el tiempo de la Argentina del siglo XIX, marcado por los malones y las guerras civiles, con la pandemia reciente. Ese espacio de dos tiempos históricos funciona como origen alegórico de violencia y control. El cautiverio de estos viajantes no es sólo histórico, se verifica también mental, social y político, es decir que tiene una enorme vigencia actual.
La dicotomía entre civilización y barbarie expone su vigencia, solo que “ilustrados” como Sarmiento, Mitre y otros unitarios, denominaban civilización a lo que hoy es una barbarie como lo era entonces.
El paisaje de fondo aparece como un protagonista más de esta novela, un elemento narrativo y simbólico opresivo, al que el autor muestra con una mirada irónica y crítica. Hay varias novelas argentinas que remiten al desierto pampeano, ese espacio vasto e indómito aparece en textos clásicos como La cautiva, (1837), de Esteban Echeverría, o en el Facundo, (1845), de Sarmiento. En la actualidad podemos citar Las aventuras de la China Iron, (2017), de Gabriela Cabezón Cámara, y Los cautivos, (2000), de Martín Kohan.
Capasso escribe en un registro culto y elaborado, caracterizado por las oraciones subordinadas y las descripciones, lo que no quita que en los diálogos su tono transite lo coloquial: “Okey, macho” … “Ahí está la madre del borrego…” “…Cagados de frente y de perfil…”
Los personajes del relato deambulan acostumbrados a permanecer “a buen recaudo, como si estuvieran correctamente empastillados”, “sin ilusión y sin fe”, soportando revoluciones de facto por parte de los revoltosos contra el “orden establecido”, a pesar de que alguno del grupo dice ser un anarquista de nacimiento, un nihilista de la primera hora. Uno de los viajantes llega a afirmar que se acabaron los privilegios y que van a quemar las naves, “caiga quien caiga”. Pero la violencia también surge cargada de humor negro: “¿Y si entre los indios y nosotros, para separar bien los tantos, ponemos unos clavos miguelito?”.
El Acampe resulta ser es una forma colectiva de protesta o reclamo. Una espera activa de permanencia, visibilidad y resistencia, a pesar de que “… nos garcaron los sindicatos…”, “… la inutilidad de los libros…”, la necesidad de alejarse de la mirada de los demás y ser uno mismo. La falsa opción de aceptar hipócritamente las “bondades del sistema democrático”, sabiendo que la sociedad actual y las anteriores funcionan como una cárcel sin barrotes, donde los gobernantes son meras marionetas del poder real. En este sentido abundan los guiños del autor, como cuando alude a los hospitales de campaña y en sus proximidades se advierten fosas comunes.
El relato insinúa que los viajantes carecen de tiempo para articular un plan de evasión que cuente con posibilidades de éxito, a pesar de que “algo había comenzado a moverse allá en el fondo de todo”. No obstante esa luz de esperanza, el ser humano repite sistemáticamente los mismos errores de ansias de poder y destrucción por las guerras. A través de los siglos y las distintas civilizaciones “ese algo que ha comenzado a moverse allá en el fondo de todo”, que menciona Capasso, es ancestralmente ignorado.
En resumen, El acampe se presenta como una novela que indaga con profundidad y calidad literaria los intentos frustrados del hombre por superar su pulsión de muerte, en un eterno retorno que remite al fracaso, pues el mundo se representa en un espacio desierto en el cual los habitantes se preguntan unos a otros, como los personajes de esta novela: “¿Vos qué me aconsejarías para abandonar la llanura y llegar con la caravana a buen puerto?

Mario Capasso nació en Villa Martelli, Provincia de Bs. As., en 1953. Se formó en los talleres literarios de Beatriz Isoldi, Nilda Adaro, Federico Jeanmaire y Luciana De Mello. Ha publicado ocho libros entre cuentos y novelas. Su texto novelístico El Edificio y el libro de cuentos Piedras heridas han sido traducidos y publicados en Francia por Editions La Dernière Goutte. Dos de sus publicaciones fueron premiadas por el Fondo Nacional de las Artes. El acampe, en su primera versión, titulada La Llanura antes, recibió una mención especial del Fondo Nacional de las Artes, año 2012. El jurado estuvo integrado por Matilde Sánchez, Daniel Guebel y Juan Ignacio Boido. Además, Mario Capasso ha escrito varias novelas que permanecen inéditas.
Al autor se lo puede contactar a través de las redes sociales Facebook e Instagram. Su correo electrónico: textos.en.escombros@gmail.com, y el WhatsApp: 15 3094 2595.


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