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El susurro que tañe, de Cesar Bisso. Por Pablo Queralt

14.04.2026 05:39 |  Noticias DiaxDia  | 

Podemos conocer la extensión pero no la profundidad, así en el mar como en el hombre, el misterio está implícito es propio en él, como el viento, la marea, la espuma nada ocultan, nos adentramos en páginas del conocer humano, el acertijo, en un ir más allá del horizonte de lo deseado. Se va sin saber dónde, materia, cuerpo y espíritu, la vasta naturaleza nos redime de las heridas del tiempo. Vamos con nuestra carga contra el destino que siempre, siempre vence. Dispuesto a vivir con templanza de agua, a trasponer el cenit, encontrar la minúscula luz, el susurro, dispuesto a inventar un silencio donde se llene el vacío y se vuelva a vaciar con vocación de mar. La naturaleza es parte de este libro en un duelo o contrapunto con la interioridad, ya en sus sentimiento, sentidos, y en esas sensaciones, habitar, ser en el mundo, conocido y por conocer. Los poemas son como églogas, saberes, misterios aferrados a otros misterios que se le revelan al que escribe, ese del que hablaba Wallace Stevens, un poema es la revelación de un misterio y al primero que se le revela es al que lo escribe. Lo divino o lo supra-natural, lo que nos excede y brota en el poema como se decía alguien nos dicta, y en ese hallazgo, sorpresa siempre esta esa sensación que no debe faltar en algo que se llame poesía, ese ahh. La palabra que vuela más allá del horizonte hace su territorio existencial dando signos, sentidos de referencia, en un mundo de sordos alguien escuchara su grito y despertará. Hay aquí un flujo de ritmos acompasados, simétricos, regulares, compases interiores que acompañan tiempos y espacios, en el goce del pasaje hacia limites territorializados, denunando misterios fusionales. Y en los dualismos crea esferas de valorización a cada paso, verso, codificando universos. Ante la fuerte incursión en lo redundante y en esa invasión resingularizar estratos de lo finito hacia lo infinito, en esa conformación procesual en su performance estética, de lo justo y no la saturación de la abundancia de reflejos, ideas, sentidos, sensaciones. Saber mirar los pájaros con sus sinfonías celestiales y casas de barro todo un signo y símbolo, y en los ciclos sol, lluvia, luna, se cumple el poder ver, tocar al que uno es, en definitiva el ser, muy amigo del ser poético, una luz que somos si nos incluimos. En definitiva todo esto nos dice más que las palabras en la página, y la diferencia negrura de días benignos, bondadosos, el poeta ayuda y enseña a mirar, hay que donarse para ser vida vivida, encontrar el lienzo blanco de la vida que destroza la muerte. Conjunto de intimidades, interiores en un plano escenográfico y discursivo guías en el mapa sentimental marcando los territorios de intensidad existencial que trabajan a pesar de si mismos. Como la soledad abordada más allá de su horizonte y del placer de estar solo pero no de estar en penumbra, lo que sale como expresión conflictiva que busca su ventana, un respirar del hábitat, del propio ser que cuando despierta cambia la brújula, deja el desamparo en metáforas como máximas de vida, instrucciones, calla para no herir o herirse. Es un camino de transmutación, bitácora del camino, una lucha poema a poema hilando un glosario como remedio para saber cuál es la altura para volar más alto, una cuna donde reposar, una mantita de sueños para abrigarse y la voz trizada de una canción maternal en fin el poema como una potente arma que abre los ojos y el corazón.




































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