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UN LIBRO DE RAFAEL F. OTERIÑO EN MI BIBLIOTECA. Por Sebastián Jorgi

Foto de Ramona Díaz

14.04.2026 05:51 |  Noticias DiaxDia  | 

Una costumbre: de los estantes en los que están ubicados los libros de Poesía, suelo bajar alguno de tanto en vez. Para un narrador, en mi caso, es saludable merodear en la estantería y reencontrarme con los poetas. Salud nutriente, lo he expresado en reciente entrevista para una Universidad brasileña, más, cuando uno estuvo y lo sigue estando, con aquellos poetas amigos :Néstor Groppa, Joaquín Giannuzzi, Héctor Ciocchini, Alberto Vanasco, por nombrar algunos escuetamente, ya que, para mi fortuna, muchos más en calidades me han acompañado, aconsejado.
Carlos Alberto Débole, Alfredo De Cicco y Rubén Antonio Vela, en la Fundación Argentina para la Poesía, entidad de la que he sido miembro casi en sus inicios y que hoy lleva adelante con mano firme, con dedicación e inteligencia, Lidia Vinciguerra.
De aquella generación, me sigue acompañando con su amistad y ricas sugerencias, memorias, Antonio Requeni.
Otro aparte íntimo: mi querido profesor y amigo Rodolfo Modern, en nuestras conversaciones, siempre me hablaba con entusiasmo, de un poeta marplatense, Rafael Felipe Oteriño. Si se me permite el juego de palabras, porque nació en La Plata y reside en Mar del Plata.
Obvio que es más de un libro de Rafael que guardo en mi biblioteca, “El invierno lúcido” es otro de los que releo, como también sus ensayos, “Una conversación infinita”, por ejemplo.
Releer, como expresaban Ángel Mazzei y Juan Carlos Ghiano, es retroalimentarse y cuando se trata de poetas como Rafael Felipe Oteriño, es entrar en un mapa ecológico y proponerse un retiro, en tiempos turbulentos. Respetando los apuntes de aquella lectura primeriza, en crudo, a casi diez años, reproduzco esta bibliográfica.

En la mesa desnuda, Rafael Felipe Oteriño-Poemas Escogidos- 1966-2008. Ediciones Al Margen.

Dice muy bien Pablo Anadón en el prólogo: “Aproximaciones a la poesía de Rafael Felipe Oteriño”: y sí, siempre me lo digo y entre nosotros, me resguardo de las interpretaciones y del riesgo
impresionista. Qué otro camino que el de la aproximación le queda al comentarista de poesía. Y leo y re-leo y vuelvo a ese poema, La casa (de Campo visual), un lanzamiento de excelencia y de proporcionalidad poética, ese regreso acaso ineludible, obligado, para constatarse en esos “ecos de la memoria” y describir la dualidad del óxido, esa oscilación que intuye con propiedad Anadón.
En el poema La infancia, “ella está sola…ella prueba su leve pie…ella no ha muerto…” : arriesgo que el recuerdo de Madre aflora, tras esa “infancia, restos de piel, espejos” (ahora de Escrito en agua). El mar, el viento, puertos, Róbinson, la gaviota, la mano del poeta “hecha de piel, de huesos, de repetidos naufragios” o de pronto recordar a Ahab, aquel personaje de Melville (de Moby Dick).
Y el poeta sigue viajando y oblicua indicios, para encontrar el camino después que “nos extraviamos” y busca algún arte poética en Lengua madre, con guías como Pasternak, Rimbaud o San Juan de la Cruz, que le brindan al poeta “señas claras” de existencia. Y uno sigue conjeturando y adhiere, acompaña al poeta en el camino hacia lo puro, la busca de “un claro en el bosque”.
Una cantera de imágenes—copio a Carlos A. Débole— en la ida y vuelta de la lectura y del apunte, infructuoso acaso, para aproximarme al poeta. Advierto el sustrato empírico, la contemplación y recuerdo lo que escribió Martin Heidegger: La obra surge según la representación habitual de la actividad del artista y por medio de ella. (El origen del arte)
Y de pronto otro poema maestro, Niebla: “Estoy de pie frente a mi ventana. Es muy temprano y sobre los árboles desciende la niebla como una corona. Sé que detrás de ella la ciudad se prepara para un nuevo día, en calles y torres espejadas donde la luna se ha posado hace instantes” Es el comienzo de un poema-cuento, una simulación narratio, sobre el qué hay más allá, donde Oteriño desliza el misterio de ignorar o mejor, de no alcanzar certezas: “nunca se sabe si un lugar permanece”.
Y otra pieza sentida: En memoria de Raúl Gustavo Aguirre, el gran poeta del movimiento Poesía Buenos Aires,( a quien tuve la dicha de conocer en su empleo en la Biblioteca de la ex Caja de Ahorro Postal),escribe Rafael : “Me despedí de él en una estación de trenes, memorizo sus palabras, pero debo luchar/ contra el tiempo, que me las arrebata”. Y en este momento de mis apuntes, estoy en un bar de Corrientes y Acevedo, es sábado 29-5-09, llueve y enfoco con un Zoom estas dos líneas: “Cada poema / es un sacrificio” y como si éstas no alcanzasen, “destruye las reglas”. Y nada, como dicen los chicos ahora en el nuevo argot…y junto las páginas 72-73, (La cuota de nada y Nosotros) y el tema de la casa me llega: “No se debería abandonar una casa: se llena de fantasmas” y “esta casa fue mi casa”. Tremendo. Y si saco de contexto, recorto, pido disculpas: lea usted al poeta en su viaje de ocho libros de poesía editados (X), al que agrega el inédito Todas las mañanas.
El prólogo de Pablo Anadón, exhaustivo, asocia movimientos y escuelas, analiza y hace cortes filosóficos de la obra, prodigándose en la indagación de un poeta relevante de la generación intermedia. Envidiable estudio preliminar.
Y sí, estimado Rafael: “Ahora todo se ha vuelto casa, incluso el mar”
Con poetas como Rafael Felipe Oteriño, copio a Bécquer, seguro que “siempre habrá poesía”.

(X) Ya son 13 los libros de poesía del autor, Esta nota ya fue leída en su oportunidad en el programa de Ricardo Pérez Bastida en LU6 Atlántica. Otra aclaración: estamos a casi 17 años de aquella nota primeriza escrita en un café de Villa Crespo el 29 de mayo de 2009.

Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata el 13 de mayo de 1945. La ciudad platense, cuna de grandes poetas lo cobijó durante muchos años. Se recibió de abogado, profesión que ejerció ya mudado a Mar del Plata, como Juez durante 30 años. Multi-premiado como poeta, premio de la Secretaría de Cultura de la Nación, el Premio Konex, el Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional, el Osvaldo Soriano de la Secretaria de Cultura de Mar del Plata, el Victoria Ocampo , el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poiesía, entre otras importantes distinciones.
Conferenciante en nuestro país y en España, es miembro correspondiente de la Real Academia Española, entidad con la que está en permanente contacto. Una trayectoria genuina como poeta y como ensayista.
Es Presidente actual de la Academia Argentina de Letras.


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