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EL UNIVERSO LITERARIO DE NORA PATRICIA NARDO. Por David Antonio Sorbille

12.06.2026 04:55 |  Noticias DiaxDia  | 

Nora Patricia Nardo nació en Buenos Aires, Argentina. Poeta y Ensayista, Profesora Para la Enseñanza Primaria, Lic. en Ciencias de la Educación -UBA- Postgrado en Psicopedagogía Clínica – EPPEC - y Especialista en Gestión de las Instituciones Educativas – FLACSO. Ha publicado numerosos artículos de su especialidad en diversos medios escritos. Es Autora y Co-autora de varios libros destacándose: El aula: un espacio de convivencia (Ed. La Llave 1999); Tiempos Diluidos (Ed. Generación Abierta 2006); Video Arte Educativo –Cómo afectar esos cuerpos y esas subjetividades heridas- De la escuela de ayer, a la escuela de hoy- (Ed. Generación Abierta 2010). Co-conduce el programa radial "Generación Abierta en Radio" desde el año 2007 y es jefa de redacción y responsable de la sección educación de la revista "Generación Abierta" Letras-Arte- Educación, desde el año 1998. Responsable del segmento “Poetas en el Recuerdo” en el emblemático ciclo literario “Antonio Aliberti” desde el año 2013. Ha participado de Mesas de Poesía en la Feria Internacional del libro de Bs. As., y en Encuentros de Poetas Nacionales e Internacionales. Sus poemas están incluidos en diferentes antologías. Ha sido traducida al idioma bengali.

Obra publicada en Poesía: Relatos de la piel, Ediciones “Generación Abierta”, 2010; Pretextos de la oscuridad, Ediciones “Generación Abierta”, 2012; Umbrales posibles, Ediciones Generación Abierta, 2016; Salvar el olvido (Salvare l’ oblio, bilingüe castellano-italiano), Ediciones “Generación Abierta”, 2021; y Apenas un instante (Appena un Istante, bilingüe castellano-italiano). Ediciones “Generación Abierta”, 2025.

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La obra poética de Nora Patricia Nardo ha recibido el beneplácito de prestigiosos escritores como Luis Calvo, Nina Thurler, Héctor Miguel Ángeli, Carlos Berbeglia, Beatríz Schaefer Peña, Julio Bepré, Liliana Corredera, Gustavo Tisocco, Sebastián Jorgi, entre otros. En cada uno encontramos similares conceptos que ilustran la solidez de un universo lírico de singular valor.

El tributo a los seres amados, la transparencia en los sentimientos, la nostalgia, la meditación, el silencio, la memoria, los recuerdos, son algunas de las características que trascienden en la lectura de sus poemarios.

Asimismo, nuestra autora asume el compromiso de una verdadera intelectual, que en su itinerario creador nos ilustra con suma precisión sobre los avatares de la realidad, y bien vale considerar algunos fragmentos de un texto fundamental leído el miércoles 15 de Abril de 2026, en el ciclo “Umbral Literario” San Telmo, coordinado por María Rodríguez Cazaux, Osvaldo Víctor Fernández y quien suscribe, cedido especialmente por su autora para ser publicado completo en www.generacionabierta.com.ar

Nos dice Nora: “A veces tenemos la sensación de que ya no habitamos una época, sino que vivimos en una superficie, lisa, luminosa, táctil. Las pantallas reemplazan la experiencia, entonces la pregunta no es qué vemos, sino qué tipo de mundo se vuelve posible cuando lo visible se vuelve lo dominante… Vemos versiones del mundo construidas por las imágenes. La realidad se vuelve incierta y también sucede lo mismo con los vínculos… La gente comienza a sentirse integrada al sistema y el pueblo desaparece no físicamente, sino como sujeto crítico, como voz colectiva, como fuerza que cuestiona. Cuando la diferencia se borra, también se debilita la posibilidad de disentir, y sin disenso, algo del pensamiento se empobrece. ¿Quién habla cuando todos decimos lo mismo?... Nos volvemos visibles para existir, y en esa exigencia constante nos agobiamos, nos agotamos. La libertad deja de sentirse como elección y empieza a vivirse como una tarea. Antes se asociaba a poder elegir, hoy, se experimenta como tener que poder con todo. El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta el colapso. Hay algo más que atraviesa este tiempo, no es solo una cuestión de pantallas, sino de cómo nos relacionamos con los otros, porque en ese movimiento de mostrarnos todo el tiempo, algo del otro empieza a desdibujarse. La atención se vuelve breve, fragmentada, muchas veces centrada en uno mismo, como si la experiencia del mundo pasara, sobre todo, por cómo aparecemos en él. En ese desplazamiento hacia uno mismo, la empatía se vuelve más difícil. Vivimos en un tiempo donde las imágenes de dolor circulan constantemente: guerras, violencia, odio, como si ver tanto, a veces, impidiera sentir, quizás porque sentirlo todo nos desborda. ¿Cómo sentir en este mundo? Ya no se trata solo de qué vemos, sino de qué nos pasa con lo que vemos, qué lugar tiene el otro en esa mirada, y qué lugar ocupamos nosotros. Se muestra la vida, también la palabra, los encuentros, las lecturas, la celebración. Todo circula, y en esa circulación, también nos transformamos. Quizás sea una forma de sostener la presencia, porque existir no es lo mismo que circular, estar visible no siempre implica estar presente. ¿Somos todavía reales o apenas verosímiles? ¿Qué pasa con la palabra cuando necesita mostrarse para existir? Porque no todo lo que aparece logra tocar algo en nosotros, y no todo lo que circula logra permanecer, dejar marcas, volverse experiencia. ¿Quién puede todavía ver distinto?... Hoy la lectura es breve, fragmentada, inmediata, y eso también transforma la palabra, persiste, pero cambia. Persiste la necesidad de decir, de nombrar, de encontrar palabras para lo que duele. En ese gesto aparece un punto de encuentro, y en ese intento de sostener sentido, aparece algo fundamental: la memoria, no como pasado, sino como presencia. ¿Hay algo más? Lo que no se muestra parece no existir y, sin embargo, tal vez en lo que no se muestra, todavía resista algo del mundo. ¿Quién queda cuando nadie nos mira?

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A modo de epílogo y parafraseando a Sebastián Jorgi sobre nuestra admirada Nora Patricia Nardo, la: “Experiencia de vida en la Docencia y en la Convivencia sostenida con grandes poetas, los próceres y los de la Generación Intermedia, siempre generosa en las Entrevistas periodísticas, se suman a un redoblar de intimismo poético” que se refleja en su virtuosa calidad humana.


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