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Antología personal de Juano Villafañe, por Pablo Queralt
Editorial Mora Barnacle
02.08.2026 05:44 |
Noticias DiaxDia |
La idea de algo roto navega esta infancia por los poemas y versos como germen, patada inicial de un partido entre la mitología de lo social, lo amoroso y lo vivido por la percepción de época que rompe el muñeco y sigue hasta que el cuerpo queda sin pájaros y nadie que escuche sus palabras, por eso estos poemarios que hacen la vida poética de quién conoce como se hacen las palabras y el amor nos cuenta de su épica. Por este camino andamos y transitamos por sus capítulos/ libros desde 1982 cuya única cura es dejar la poesía antes que la locura abandone al poeta. Desde Ecuador se emprende el transitar de estos versos del poemario que Villafañe nos alcanza y elige contarnos, hasta cansar la sombra que la memoria no consulta. Saberes de una vida que transmutan en versos, signos y significantes que se agencian unos a otros constituyendo este universo de incorporales territorializando el poemario verso a verso, palabra a palabra, que comienzan a vibrar haciendo una resonancia no solo de significantes y significados sino de mutaciones de musicalidades de un sistema mecánico de pelota de ping pong, un devenir poético, singularidad de un devenir poético. En esta habitación de versos que hacen su transferencia unos a otros de una única voz propia que entona las distintas variabilidades de lo existente percibido. Es el combate arriba de la tierra donde está el amor que suscita un almuerzo bajo los pájaros, un hacerse amar de nuevo porque el mundo de las ideas no alcanza para el hombre para ser feliz, donde el encuentro con la felicidad es el bien máximo esperado. Para un cuerpo clandestino que se niega a morir así errado en su sangre que se penetra a sí mismo y a otros sitios del mundo, en un esqueleto dormido con los ojos del muerto. Que abre una puerta cerrada bajo el esmeril de la poesía como caballos salidos del parque, como un reflejo, una memoria como restrospectiva de la botella, un cuerpo asesinado bajo la lluvia es la sangre que lleva el poema, víscera e idea que cabalga el sensorio revitalizando los sentidos.
La ideología y el cristal no se habían roto
y ella dibujaba una manzana pintada por Gauguin
En la habitación el mar había llegado a los vidrios
y una imagen de sal dejaba su sangre en la arena
cuando aquellos caballos salían al parque
Las prendas interiores azuzaban dando
como un reflejo en la figura
como si dentro del mundo
fuera de los últimos cascos
ocurriera el amor, lo más inverosímil
Se habían ido en sí
la ventana se había ido
los gestos dejaban la instancia de la vida
una memoria de caballos en la figura del tapiz
Si hubiera ido hacia la orilla
no cambiaba la figura
y la sombra arrastrando su cuerpo
no se hubiese impregnado
nada de la arena se hubiese ido así
si no hubiera pensado nada
la sangre y su sal serían
enteras y las ideas en galopes
Así fue la fotografía
lo demás, lo incierto
quedaba dispuesto ante el océano,
por eso no hay nombre ni ninguna ropa que tender
sólo esos círculos concéntricos de gotas en el agua
que insisten, sobre su cuerpo asesinado en la lluvia.
Un océano o gotas en el agua que insisten como una verdad en versos, figuras, fotos papeles que curan las heridas en un mundo de no repetir rutinas, hartazgos del vivir. Y es el relato de la mujer su mundo, la interacción subjetiva, la copa de placer, la duda, la trampa y el deseo, la botella que a borbotones mana cierta sabiduría, intuición del beber esta bebida, elixir de la vida.
de un mar oculto en una botella rota
quebrada en un combate natural
en infinitudes de vidrios y de ráfagas
que incendiaban sus límites
las terrazas sobre las casas bajas
y el vestido de niña.
Porque eras una niña así como a la
1.10 h cuando reciben los informes del infierno,
de los ojos trizados
de las explicaciones en esa carne viva
en lo breve, en lo inútil
donde todo se pudre.
Ahora sólo hago cartas sobre filas de botellas
que quiebro con los tiros
con los tiros, con el calibre del revólver que llevo
en la cintura
por si nos sorprenden en el último gesto
en la oscuridad
o en la humedad de la bebida que marca la miseria.
Hablé con tu madre
quien te inventó en tu vestido corto
y sólo se despide en los alientos que deja el frío en el espejo, orgullosa.
(Pero no habrás de saber
que se muere en la ignorancia
que tu padre en el relámpago de otras ráfagas
no tuvo cómo acercarte una carta a la botella rota
o a un sitio más normal, más célebre, más alto
para que la muchacha no fuera excedida por la suerte
excedida por la barbarie, por los torrentes
del que escribe,
luego de tu padre).
Así circulan como la sangre por el tracto arterio- venoso estos versos como informes de sentido que se extienden, prolongan con sus sombras que nos envuelven. Como una leona entra al mar, la protagonista esta neo Beatrice narrada, donde el todo era ella y ella era el todo.
Ella
Ella podía enamorarse a las tres de la tarde
salir con su blusa al mundo
o mirarse al espejo.
Ella era esbelta
difícilmente esbelta
más próxima al amor que a los objetos.
Ella podía abandonar el dolor
salir una mañana
terminar agotada
y agotarme.
Ella podía darse vuelta sobre sí
abrir la puerta
contemplarme.
Ella estuvo una vez a las tres de la tarde.
Por eso es preciso beber, olvidar, dormirme,
alcanzar de nuevo este silencio.
Leyendas, anécdotas, escenas de caballos como una memoria que la trae, es presente, pasado y futuro, presencia viva. Una misma vital oda amorosa, la mirada, golpe de una música jadeante.
ella la grande
ante lo colosal que dejan las mareas
las medusas frías
y los caracoles muertos.
Playa infinita de feliz furia, donde la pasión hace su texto, corre por la belleza, deconstruye su sitio en el mundo, minuciosamente en sus detalles, en su eternidad de muñeca desnuda, perdida en la lírica del poema. En la marea de lo perdido y lo renovado su anima entre viajes, espejos, cuentos de jardín, bolero sin música, canto que vuelve para escaparse con la noche. Inmenso poema de amor que vive en su calendario que vive sin quemarse en el ardor de su propio fuego. Se juega un ser más allá, un ser para el otro, que hace tomar nota de un existente fuera de su delimitación del aquí-ahora. Juegan las maquinas deseantes más allá de equilibrios interpersonales al juego del otro en contra del yo autoconcentrado en el yo. Construyen su territorio existencial del amor, con sus ritornelos y feedbacks de dimensiones de intensidad del recuerdo, aquello que marcó y selló en la memoria. Como en el ramo del jardín y su final de ruta se pasea el cuerpo del poemario en “ella” marcando el ritmo del latido- corazón del texto. Ella reflejo entre reflejos.
Y ella esperaba con su propio reflejo
en una multitud la diferencia
el canto que señale y la frescura que ha llegado de nuevo
como una rosa o una gacela que baja al silencio del final
o de tu nombre o de tu cena en Medellín,
con los días que se beben y aún esperan
en un hotel con sus piezas adentro.
Poética de las sombras, la luz, su estela, su más allá, como una ceremonia donde el sentido es visible a los ojos, con todos los colores del mundo y que esa luz no ciegue lo publico, lo privado, amante de toda la vida, una multitud conocida y desconocida. El poema trabaja para vivir, procesualizarse creando ritmos, formas, que se enlazan y se agencian unos a otros como eslabones que con sus versos hacen el canto en las intensidades de lo que no cae por su propio peso, como atractores que se potencian desde cero estados nacientes de un devenir en otro, carne de la sensación que interroga la belleza del otro, el amor del otro, sus días de existencia en esa distancia inalcanzable.
Hay dos lenguajes, dos discursivas en paralelo que a veces se asocian o van en simultáneo, el lenguaje de lo amoroso, lo sensual- Norah, Molly en fin la mujer inventada sobrevolando por debajo de lo real, con el sí más preciado, porque amar no es una sola estación que se recorre en un solo día (Temperley o Dublin) y menos gustar del poema, acaso entenderlo- y el otro lenguaje de la finitud, la muerte, de lo almico, lo efímero, en un conversatorio entre la finitud y lo eterno. Una suerte de rima de tiempos y espacios llenando ese vacío existencial, con figuras polifónicas y rizomaticas, como un destino que busca un nuevo modelo.
Ella nunca comprendió mis poemas
James Joyce se había enamorado de una mujer
Se trataba de Nora Barnacle, que era una camarera
del hotel Finn’s, de Dublín
Y que nunca pudo realmente reconocer la figura de Molly Bloom
Ni comprender las imágenes de Joyce y el viaje de Ulises
Aunque para muchos la propia Nora era también
la propia Molly y la propia Penélope
Y así ella terminaba con su monólogo de mujer inventada
Con un sí, siempre con un sí, o como termina
la vida realmente con un sí
Que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Porque realmente yo he sufrido
Porque deseaba destruir la imagen clásica del mundo
Y que mi amante terminara de decirme el propio final
de su propia palabra como fin
Para poder disolver la imagen de la realidad
en un cuadro de melancolía
Porque al entrar al restaurant ella me dijo:
sería ideal que una camarera
se enamorara de un intelectual moderno
Y que lo importante era amar
y no comprender absolutamente nada de mis poemas
Y que ella podía terminar con un sí, iniciar con un sí,
que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
Y queda ese dolor por no pedirlo todo
Al quedarme solamente explicando mi última imagen
de un intelectual moderno
Y que una estación del sur no se recorre en un solo día
Ni Temperley es Dublín, ni en mi barrio
hay un hotel como Finn’s,
Aunque mi camarera me lo dijo con una claridad extraordinaria
Puedo amarte y no entender nada de tus poemas
Y decirte sí una mañana,
que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Y recorrer el sur como si fuese una calle con su plaza
Y dar la vuelta tantas veces como ocurre con tu barrio
Cuando siempre te pregunté lo mismo
Y que no hace falta que yo entienda tus poemas para decirte sí
Que es la palabra más hermosa
que puede pronunciar una mujer
Y que yo puedo llevarte por el mundo
sin comprender la menor de las metáforas
Verte con esta boca de tan cerca
Decirte sí de nuevo
Volver sobre el fin con una sola palabra,
que es la palabra más bella que pueda pronunciar una mujer
Y yo tratar de terminar este propio monólogo
sin que hayas entendido
absolutamente nada
Y que me digas que sí
Que yo imagino que me dices que sí
Que yo escribo que sí
Que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
cuando te escribo.
Marionetas, teatros, películas, cuentos como banderas flameantes que discurren un paseo por la felicidad en un tono intimista, conversatorio. La vida poética que se nos muestra en una antología y nos da la fisonomía más profunda del ser poético del poeta como una fotografía frente al espejo convexo: su singularidad.
La pared
Cuando una pared se pinta de blanco
Queda bien blanca
Con los días avanza el primer brillo
Una segunda naturaleza y una extraña luz encendida
Cuando una pared se deja blanca
Por cierto tiempo
Pasa a ser una pared con espíritus que hay que volver a blanquear
Cuando uno se olvida de pintar definitivamente
una pared con los años
Es una pared donde queda todo:
besos secos, gritos impregnados, la humedad de los días
Espejos rotos, una muñeca, una respiración,
un humo que todavía circula casi solo
Las fatigas con fantasmas y con miedos
La pared así es un tiempo oscuro, casi blanco, indescifrable
Es una pared real
Como el amor real de lo perdido, con infinitos besos
adheridos por el mundo.