LUNITA
Subo
en primavera subo
Trepado a la rama más alta del paraíso
subo a ver de cerca
la luna
una riña de pimpollos
un florecer de azahares
Lo que yo más siento
el sueño que quiere cantar así
como Ramonita canta en los parlantes del Puni
en la radio de Margarita
en las manos de los gurises haciendo altavoces
El baile ya empieza
de allá llega un resplandor
tiras de foquitos
—luciérnagas de alumbrar
el apriete del pobrerío—
De noche los naranjales
suena la cordiona
y la voz mecida en el agua jabonosa
se filtra entre los timbós y brachichitos
de lo que quiso ser una avenida
Sentada en su silla petisa
lavandera de todos
paseando su luz
la abuela dice
ese es mi hijo Paico
y qué lindo que canta
Ahora que estamos solos
entre las chilcas se asoma tu promesa lunar
y el sueño se hace voz tirado en el pastizal
Bailamos
El naranjo que floreció en la luna
desparrama primavera y baña nuestra desnudez
Ya no andaré llevando el sueño sin voz
Con este fuego pequeño que canta
puedo morirme despacito mientras la luna se va
MANIFIESTO
Andarán los versos colgando de las ramas de los árboles
de los postes torcidos de los alambrados
los cortafierros
los horcones y tirantes de la casa / las alacenas /
la fiambrera /
los pantalones /
los sobacos
Del sauce caerá un verso sin amor
el río amará ese sabor desconocido
y bañará
al camalote
al meandro arenoso
al barro sabalero
Alerta al movimiento de la gramilla
un verso con cara de lechuza
se posará en el poste girando la cabeza
Insolente
bardero
bailarín
Un verso joven escapará por las rendijas de los postigones
por la luz de los dinteles
por las cabreadas / los esquineros
Las tacuaritas inquietas
sobre un rayo violeta anaranjado
bailotearán
y los tordos
al atardecer del otoño
verán espectros danzarines festejando
El verso que abraza y parte
como el río no se queda no se va
espectral se levanta se queda se va
pegado a los pies
escapando de la punta de los dedos
floreciendo en la punta de los pelos
sonriendo en la punta del camino
callando en la punta de la despedida
Verso que va colgando versos en los árboles
en los bondis / en los horcones
en las orejas de los amigos /
en los escoplos y escofinas /
en las sierras que cortan las rejas de los parques
TAPERA
Hay que estar de pie
cuando la noche zumba en su abejal de estrellas
Ajena a la tristeza
la cruz del sur hunde sus rayos
en un cofre de soledad
Esta changa no da para dormir
Hay que estar de pie
asaltar un firmamento sembrado de luz y toronjil
y sacar a la palabra de su cárcel /
de su cielo
En mi estrella hay un enigma o un olvido
que no puedo alcanzar
habrá que bajarlo un día y descifrarlo o preguntarle
por qué en las noches aún salgo por la almohada
a cartonear el beso que dejaron los amantes
Hay que estar de pie
La ciudad se hunde
con las alas atadas a sus rejas
¡Reja para el verdor y el amor a pelo
bajo el ramaje de los parques!
Tapera / yo no soñé este desierto
He soñado este lugar
para estarme cantando la ceniza del viento
antes de gastar el último recuerdo de tu boca
En el lugar de los malvones y el jilguero
regué la baldosa
para que en el patio
el mburucuyá trepe y florezca
Hay que estar de pie
Enredados en su vuelo
el grito de gol y la ternura
escriben su canción sobre el asfalto
Hay que estar de pie
porque al sur
avenidas ya se visten con pérgolas y glicinas
los pibes iluminan el Riachuelo
y clavan un ceibo en el agua
para que sangre su perfume
Aunque la ciudad se hunda
y no haya beso que encontrar
hay que estar de pie
para ver cómo crecen las clavelinas en la aurora
OLIVIER MESSIAEN Y EL CARDENAL
Maestro Messiaen, ¿le gustaría tomarse unos mates
bajo el lapacho?
¡No se me distraiga con esos
Pájaros exóticos!
¿Le gusta el cardenal?
Hace unos años,
en las afueras de un pueblito correntino
imaginé a Messiaen
allí, con una libretita en la mano
delineando grafías para el canto de los pájaros
De allá
tal vez de un algarrobo
venía ese canto enloquecido
el cardenal, sin dudas
Una cuneta seca
es un buen lugar para sentarse
con los pies en su lecho cuarteado
y escuchar el canto de ese pájaro
y conversar, aunque yo no hable francés
¿Le gusta el cardenal?
De paso, le cuento don Olivier
el impacto de su Turangalila en mis dieciocho años
Una caja deslumbrante contenía
el disco, tan cuidado por Eugenio, el padre de mis amigas,
un libro con mucha información
ilustraciones psicodélicas como de un álbum de rock
¡y la música! Una sinfonía
con piano y ondas Martenot
¡Qué interferencia poderosa
para una cabecita recién salida del colegio de curas!
Más tarde, mi propia discoteca se fue poblando
Y allí, entre esos objetos maravillosos están sus
Pájaros exóticos
y Turangalila, que por mucho tiempo fue un sueño
Maestro, el tercer mundo tiene
a estos muchachos escuchadores de su música
casi tan exóticos como sus pájaros
y también tiene al cardenal
Con su copete rojo seduce al monte
y su canto, maestro Massiaen, su canto
¿Le gusta el cardenal?
ESPERA
Hace tiempo que espero una carta
o una esquela
con tu propia letra
Una carta
y su estampilla en colores brillantes
o una esquela sellada con Voligoma
que viaja en manos de un amigo
El cartero llamará en el zaguán
ladrará el perro
veré la silueta asomada tras el vidrio
y en su mano, el sobre blanco
que al igual que yo se estremece
La esquela habrá viajado entre las hojas de un libro
desde una ciudad que me trae tu nombre
Un resplandor surca el patio
Hace tiempo que espero una carta
o una esquela
con tu propia letra
DISTANCIA
Tomo distancia
con la punta de mis dedos
a diez centímetros de tu hombro
Tomo distancia así
para no tocar tu cuerpo
y recibir esa descarga que
si te toco, me recorre
pasa como un espasmo luminoso
por mi panza y me quema el sexo
me afloja las rodillas
La voz de la directora dice: rompan fila
Vos mariconcito te vas siempre
con algunas de las chicas
riendo y secreteando
a un rincón del patio bajo el mandarino
para hacer una ronda de chacotas
alrededor del tronco
Al sacudir sus ramas
te veo subir en cítricos destellos
y desde allá sonreís para mí
como al descuido
y yo me quedo en ese juego soñado
de media mandarina
de gajito compartido
de semilla escupida de tu boca a mi boca
de cascarita apretada ante mis ojos
para hacerme llorar de jugando
Yo me voy al rincón donde Lucas cuenta una película
imitando ruidos de bombas y estertores de cuerpos
y besos de enamorados
El amarillear de las mandarinas
el ritual de esperar el beso se repiten
mientras te miro a pocos metros
y me digo que mañana voy a tocar tu hombro
al tomar distancia
aunque me queme
Hollejo semilla fragancia
Ensueño mandarina
chorreando la boca
Tomar distancia de tu cuerpo y de mis sueños
EL HUECO DE LOS SAUCES SE HA POBLADO CON PURO SUFRIMIENTO
si hubo sauces, hubo agua
cerca por lo menos
allá por 1817
cuenta el cronista
mirando el plano de Manso
la Plaza Garay era solo un baldío
señalado como El hueco de los sauces
que lucía esos hermosos árboles
sí la Plaza Garay tenía sauces
el árbol enamorado del agua
cerca dicen pasaba el Arroyo Tercero del Sud
en sus crecidas habrá formado un bañado
que dejaba ese sustento amoroso a los sauces
las mujeres y los niños habrán ido
a buscar el agua para llenar sus tinas
o a lavar la ropa con el agua dulce
que saca tan linda espuma al jabón
doscientos años después
no hay sauce/ ni agua
la Plaza Garay se ha cubierto de hermosas especies
palos borrachos / eucaliptus / tipas / plátanos/
y jacarandás
entre ellos los que le extirparon a la Av. 9 de Julio
sobrevivieron algunos y otros se secaron
en julio el ginkgo es un destello luminoso
que se recorta sobre las ramas sin hojas de los plátanos
y las nubes oscuras del frío
la Plaza Garay ya no tiene el humedal
ahora tiene un moderno sistema de riego
que moja el césped y los arbustos
los dos bebederos que había
antes de la pandemia
fueron clausurados
castigo municipal por ocupar la plaza
los sin techo ahora llevan
agua en botellas de coca
que sacan de una estación de servicios
mis vecinos dicen que
no hay que cruzar de noche por esa plaza
te roban seguro
en la zona de los juegos de niños
protegida por la copa de las tipas
y de un ficus muy verde y potente y de palos
borrachos blancos y rosados
ranchan los sin techo
en su mayoría hombres pero también mujeres
en un rincón protegido por una tapia baja
y asientos de cemento
se tiran en la precaria cama de unos trapos
o sobre un cartón
duermen antes que las brigadas municipales
vengan a sacarlos y a cargar sus pertenencias
y a manguerear el lugar
ellos no se rinden a la persecución diaria
a la pérdida de sus colchones húmedos y sus pocas ropas
retornan siempre
no se rinden a la amenaza
de perderlo todo
o ir presos por invasión al espacio público
el que sí se rindió en Plaza Garay
un 3 de febrero de 1852 fue Juan Manuel de Rosas
ya herido luego de la batalla de Caseros
llegó en su caballo y como los sin techo
apenas tapado con su poncho
sobre los cojinillos se tiró a dormir un rato
luego se acomodó con la espalda apoyada en un árbol
y redactó su rendición
la envió con su asistente
y pidió asilo en la embajada británica
yo supongo que fue bajo esa colonia de hermosos olmos
en Juan de Garay y Presidente Luis Sáenz Peña
ahora que ya ningún Brigadier General
debe tirarse a descansar
y menos aún a escribir una rendición
bajo esa colonia de olmos con frondosa copa
rancha El Gordo con sus dos perros
y un changuito de trasladar sus pilchas
decúbito lateral con parte del culo al aire
el gordo duerme y a su lado
ángeles fieles con potentes dientes
velan el sueño de su amo
nada importa alrededor
el Gordo en su sueño o vigilia
vela el sueño de sus perros
NUNCA SERÉ PORTEÑO
Este es el revirado canto natal que traigo aquí (...)
alguna vez tenemos que acercar la realidad a los papeles
Cesar Fernández Moreno
nunca seré porteño
aunque he pasado mucho tiempo aquí
alquilando o entrando a
una hipoteca interminable
siendo padre de dos hijos
porteños
y quedándome solo como tantos viejos
porteños
nunca seré porteño
aunque ha pasado tanto tiempo
y sienta que tampoco soy provinciano
nunca seré porteño
en mi cartografía de la ciudad
en vez de monumentos hay árboles
al mirar la 9 de julio no veo
la avenida más ancha del mundo
veo una colonia de ibirapitás
cuando estallan sus copas vestidas de oro
nunca seré porteño
en la Plaza Garay está la escuela de arte de mis niños
pero la vista se me va al sitio
donde el falso caoba retoña cada vez que lo cortan
y en octubre se llena de flores blancas
y hojas con forma de pezuña de vaca
nunca seré porteño
aunque en mi pueblo ya nadie me reconozca
nunca seré porteño
ni en la muerte lo seré
“nacido en Entre Ríos” dirá una etiqueta
pegada en la urna funeraria
que lleve mis cenizas
en mi pueblo se preguntarán
habrá un lugar / un purgatorio / un topos arbóreo
algo
para los que se fueron y
ya no son de aquí
LAS CAMPANAS DE LA PROVIDENCIA
todos los días a las 17.45
suenan las campanas de La Providencia
los pobladores del conurbano sur por miles
viajan en los trenes
y desaguan en Constitución
corren a tomar un colectivo o el subte
o mientras esperan
en esa calor que ya no se aguanta
tironean de una chipa
que se ha puesto un poco gomosa
pero ayuda a calmar el hambre
hasta llegar a la obra o a la casa de la señora
donde siempre hay un mate
antes de empezar a trabajar
alguna vez por la tarde cuando van regresando
para tomar el tren
que los devuelve a Temperley / Glew / o Alejandro Korn
han sentido en sus cuerpos esa vibración
que viene del campanario de La Providencia
y que evoca algo sagrado
como aquella invocación a Santa Bárbara
que cortaba la tormenta
la primera comunión sin morder la hostia
para no lastimar a Jesús
aquel entierro que lloró todo el pueblo
o la santa enumeración de lo santo
de Allen Ginsberg
o el último país que inventa el niño de Tuñón
al escuchar las campanas
una señora se santigua
los muchachos apuran la latita de cerveza
que se está calentando
en la esquina de Cochabamba y San José
se ubican el colegio, la iglesia y un centro social
que reparten misas, comida,
remedios y ropas a los pobres
por las noches las campanas duermen
en su torre
entre conventillos /piringundines / albergues transitorios /
y hoteles de mala muerte
al golpear del pesado badajo
la cintura de bronce
se abre en esos labios redondos
y se expande su sonido de rogación
besando a los obreros y obreras
que regresan a sus casas
a las travestis de la calle Pavón
a las putas de la calle Salta y
a los sin techo de la plaza Garay
cuánto amor por ese sonido
que se expande arrastrando el eco /
doblando la potencia adormecida del espacio sonoro
qué amor digo
habrá dominado a aquel metalúrgico primitivo
allá hace más de tres mil años
él llevaba en su corazón
un tañer antiguo que los metales debían lograr
para dejar a la humanidad ese corcovear civilizatorio
que aún llama
a despertar / a rezar / inventar un dios /
o anunciar el fin de una pandemia
¿qué fue primero el cobre o el estaño?
la fragua habrá gritado ¡bronce!
cuando se alearon en esa perfecta forma de campana
en un coito bravío y creador
así como en el poema hay una voz que habla
y otra que susurra el poema
los metales dejaron de ser cobre o estaño
para acontecer
campana / campanario / tañer que se difunde
aún en medio de las heridas urbanas
y repican con el mismo son desde aquella
lejana prehistoria
¿serán las campanadas?
o es el latir del corazón metalúrgico acrisolado
en los metales
el que espanta a las palomas
que en tropel
huyen del campanario
El poeta y editor
Ramón Altamirano nació en Bovril, provincia argentina de Entre Ríos, en 1956. Actualmente reside en Buenos Aires. Asiste a los talleres literarios del poeta Osvaldo Bossi, con quien en 2023 realizó una clínica de obra para trabajar su primer libro de poesía. En 2009 publicó la plaqueta de poesía ilustrada Parque Continuado. Su poema Distancia fue publicado en la Antología NIÑEZ: 100 poemas sobre Infancias. 100 poetas argentinos, Editorial Camalote, 1ra. Ed. compendiada, 2023, Paraná, Entre Ríos. En 2024 el blog Mis poetas contemporáneos, que conduce el poeta Gustavo Tisocco, y la revista digital y editorial Flor de Ave publicaron obras de su autoría