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LA POESÍA DE ALICIA MÁRQUEZ, POR DAVID ANTONIO SORBILLE

20.06.2026 00:01 |  Noticias DiaxDia  | 

Alicia Márquez nació en Buenos Aires en 1945. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras, primero Ciencias de la Educación, después Letras. También estudió teatro con Juan Vehil. Es poeta, novelista, guionista, directora teatral, actriz, letrista y creativa publicitaria. Su obra infantil, La Luna de Heliotropo, fue representada durante tres años en diversas escuelas públicas y teatros de la provincia de Buenos Aires. Un tema suyo “Canción sin lágrimas” figura en el CD Aire de familia del año 2015. Fue panelista en el Seminario “Imagen y Participación de la Mujer en los Medios de Comunicación” organizado por las Naciones Unidas y el Consejo Nacional de la Mujer. Fue una de las seleccionadas, entre setenta y cinco mil aspirantes, para figurar en el libro Poesía en el Subte, certamen que organizaron Metrovías y Revista La Nación y que publicó Ediciones La Flor. Tiene dos novelas inéditas y una para niños que resultó finalista entre seis mil participantes en el Certamen de Novela Infantil y Juvenil de Editorial Norma, Colombia. Como guionista, trabajó para México y para la República Dominicana. En México fue guionista de Olocoons, serie infantil, auspiciada por Bimbo, desde 2004 hasta 2008. Integro el grupo literario Las Pretextas, y fue una de las coordinadoras del encuentro anual de poetas y artistas “Abrazo de Voces”. Asistió a los Encuentros de Mujeres Poetas en el País de las Nubes en Oaxaca, México. Dicta talleres de poesía, narrativa y guión, virtuales y presenciales. Recibió diversos premios: 1995 Tercer Premio Poesía en la Bienal Dimensión. 1999 Premio Inclusión en la Antología Poetas de Fin de Siglo. 1999 Primer Premio en el Certamen “Padua es una rosa”. 2000 Mención de Honor en el Certamen “Litterae”. 2000 Primer Premio Categoría Poesía Infantil en el Certamen Poetas de Floresta. 2010 Primer Premio en el Certamen “Colegiales Poesía”. 2010 Mención Especial en el VII Concurso “Macedonio Fernández” de Narrativa y Poesía. 2014 Primer Premio en el Certamen de Cuento y Poesía organizado por la Editorial Ruinas Circulares. 2018 Primer Premio en el VIII Concurso “Paco Urondo”. 2018 Puma de Plata otorgado por la “Fundación Argentina para la Poesía” para el Grupo de Poesía Las Pretextas, y Premio 2024 a la “Trayectoria y Difusión de las Artes Emil García Cabot” otorgado por el Ciclo Cultural “Misterio y Palabra” conducido en la SADE por Graciela Licciardi y David Antonio Sorbille.

Libros publicados de Poesía: Se Vive, Editorial Argenta, 1996; Poesía en el Subte, Ediciones La Flor, 1999: Ronda de Pretextos, Editorial El Mono Armado, 2007; Poemas en Camisón, Edición de Autor, 2013; Sin ir más Lejos, Editorial Ruinas Circulares, 2015; Capricho, Ediciones El Mono Armado, 2017; Palabras al viento, Ediciones GPU, Córdoba, 2018, y Fred Astaire Baila, Ediciones El Mono Armado, 2021.

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La poesía de Alicia Márquez, transmite la admirable dimensión que no sólo define su arte de escribir, sino de compartir el lenguaje del alma. En ese contexto se suman sus libros en donde se le ha dado justa importancia a su forma despojada, sin disfraces ni ambigüedades que eludan el propósito esencial de conmover toda indiferencia. De modo que, la vida misma se desplaza en cada poema producto de la observación y la sensibilidad que hace posible contar con la insustituible complicidad del lector. Y en esta aproximación a su poesía, me referiré en primer lugar, a su libro Palabras al viento (2018), pues nos conduce directamente al centro vital de nuestros sentimientos y tristezas. En este horizonte de versos, encontraremos los presagios que hacen crujir el alma, los monstruos inofensivos y los otros, los reales que nos asustan de verdad y cuentan con la desidia que muchas veces nos hace mirar para otro lado. El recuerdo de mamá, los sueños en la pantalla del cine de barrio y aquella actriz devoradora de hombres que solo terminó siendo imitada en comer medialunas; el espejo roto de la memoria como dice el epígrafe de Gabriel García Márquez y Alicia, esta Márquez tan cercana y tan nuestra, que hurga en lo más recóndito de las pasiones humanas. El exilio, el mar, las metáforas que nos arrullan en una mecedora de imágenes, de gestos, de fotografías, huellas, sonrisas y algunas lágrimas. La pared de la tortura y las basuras periodísticas, el mundo en movimiento debajo de una carpa de circo, los amantes de Pompeya, el miedo que aguarda a la vuelta de una esquina, el perdón, la quema de libros, la historia salpicada de sangre y la vida, siempre la vida. Al releer estos poemas reparo en Leopoldo Marechal a quien le pertenece la siguiente frase: "¿Saben ustedes que durante una tormenta el león da la cara al viento para que su pelambre no se desordene? Yo hago lo mismo: doy la cara a todos los problemas: es la mejor manera de permanecer peinado". Así es Alicia, mejor dicho, es la conducta de un ser íntegro, la que comparte el pan de su hallazgo, la que detesta la injusticia y clama por la paz y los derechos que se pierden, la que conmueve, la que nos habla de los pinos de Roma, el pájaro de fuego, el baile interminable de aquel danzarín de sombrero de copa que nos sacaba la bronca. Palabras al viento, en definitiva, es mucho más que un libro premiado, es una bocanada de aire fresco, un manantial de sensaciones, un eterno gozo que invito a disfrutar en toda su intensidad.
Y concluyo este ensayo refiriéndome a Fred Astaire baila (2021), pues resulta ser un bálsamo en el acto mismo de adentrarnos en el universo de sentimientos que nos ayudan a recobrar la fortaleza interior que a veces no tenemos para afrontar los dilemas de la vida. La tapa del poemario editado por El Mono Armado, se viste de gala con una ilustración a cargo de Santiago Panichelli Márquez, que nos adelanta una de las mejores travesías sobre la nostalgia; y como dice Luisa Irene Ickowicz en la contratapa: Alicia Márquez da su palabra a la niña que la habita: y doy fe que es así, porque nuestra poeta tiene la virtud de acariciarnos el alma con los dones puros de la infancia, porque el resto es memoria, como bien sostiene la cita de Louise Elizabeth Glück; y a partir de este umbral continuamos con el prólogo acertado de Graciela Maglie donde nos invita a transitar el mundo maravilloso creado por Alicia; entonces, qué mejor que recorrer los ya inexistentes pasillos de esos cines de nuestros sueños juveniles, el hogar paralelo del ancho pasado que nos llenó de alegría y también de algunas tristezas; revivir con Alicia cuando su madre la llevaba a presenciar en la pantalla al fantástico Gene Kelly, o sufrían al conjuro de los personajes que interpretaba la memorable Susan Hayward, o incluso su elección por la sugestiva Ruth Roman; luego, la cámara fotográfica del tiempo nos trae el techo que se abría del cine Rosedal y las ilusiones que nutrían la llegada temprana y la salida nocturna; el Real al lado del Maipo y las fantasías de Disney en toda su dimensión; el cine Park enfrente de Plaza Italia, la inolvidable Cantando bajo la lluvia, y después el vampiro negro: Nathan Pinzón, rememorando al increíble Peter Lorre; y llega el neorrealismo italiano de la mano maestra de De Sica y los deseos de la gente pobre se transforman en una realidad sublime, como si los niños huérfanos de amor y alegría viajaran en la alfombra mágica de Milagro en Milán; y también la melancolía tiene lugar en la imaginación cuando da vueltas y vueltas como esa bailarina alrededor de un clown, pero no cualquier clown, sino el magistral Carlitos; y las vacaciones en Roma junto a su galán preferido: Gregory Peck y la hermosa princesa Audrey Hepburn ante la fontana de Trevi; y la voz incomparable de Gardel que no podía faltar a la cita, tampoco el chico Bobby Driscoll paralizado de miedo en La ventana, y Nubes de Humo en el tronar del imbatible Alberto Castillo desflecando a los pitucos, lamidos y shushetas, y después Tita: la extraordinaria Merello; y la temporada seguía debajo del agua con Esther Williams, o danzando con las cubanas Amelita Vargas y Blanquita Amaro; y James Dean, aquel Adán supremo del cine y su muerte inesperada; y Miguel de Molina y los ecos trágicos de la guerra civil española; la visita al imponente cine Ópera, la anécdota de sus zapatos enormes y la interminable película japonesa; las aguas que seguían bajando turbias y el gran Hugo Del Carril levantando a la pueblada; la fantástica escenografía de Las zapatillas rojas, la presencia de la diosa Zully Moreno frente al mendigo y millonario Arturo de Córdoba en el gran melodrama de los 40’; y llega Picnic y el erotismo pega fuerte con William Holden y Kim Novack, y luego la vejez agónica de Gloria Swanson, y Lolita Torres sin besar pero cantando siempre, la tristeza del globo rojo, las series clásicas en el Gran Norte: Tarzán y El llanero solitario, y también Laurel y Hardy, los cinco grandes del buen humor, Marcelino, Niní Marshall: la fabulosa, y después Gilda: la irresistible Rita Hayword cruzada por un cachetazo del resistido Glenn Ford, y Marilyn, desaforada belleza, subiendo y bajando las cataratas del Niágara como su vida, y las Violetas Imperiales, Romy en Sissi, el recuerdo de los queribles Danny Kaye y Jerry Lewis, el susto contenido al ver a Vincent Price haciendo de bueno, la lucha de Steve McQueen contra una gelatina invasora, la ternura personificada en Lili, la voz de Mario Lanza, el otro Caruso, el presagio de un amor crecido en la violencia sin barreras, las películas de romanos y hercúleos galanes del matiné, la Edad Difícil con Rovito y Alicia que quería ser Bárbara Mujica para consolarlo, Las Lluvias de Ranchipur entre castillos y odaliscas, El último perro de las soledades eternas, las máscaras de la Bella y la Bestia amenazando desde la boca del escenario, las variedades y el infaltable noticiero, el llanto infinito provocado por La Strada con Gelsomina y Zampanó y la tristeza colmando el atardecer, pero llegan Las Diabólicas y su endemoniado plan, aunque al final nadie bailó ni bailará como él, nadie como Fred Astaire, nada como estos poemas que nos emocionan en continuado, se abren paso en las tinieblas, nos convocan con violines que resuenan en la espesura del tiempo de las mariposas, nos alivian al deslizarnos a través de las estrellas y los sones de una infancia que se mantiene intacta en el espíritu de Alicia, y de todos nosotros lectores amigos, al tener la dicha de disfrutar este libro, esta bocanada de aire fresco, tan necesario e insoslayable como los versos del inolvidable Marcos Silber cuando escribió: “La poesía no se escribe, / -hija del asombro- se alumbra”.



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