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Cuento: Furia en la Biblioteca Latinoamericana de Lanús. Por Sebastián Jorgi

08.07.2026 20:00 |  Noticias DiaxDia  | 

A Mabel Fontau, mi cariño y admiración.
Lucila Févola, i.m.

El tano Veltri, que oficiaba de contador en la Swift, había llegado a la Argentina a fines de los años 40, junto con sus padres. La guerra dejó destrozada a Italia y la sumió en una situación de catástrofe económica. Como muchos italianos, migraron a América y se agruparon en comunidades, en donde los “paese” fueron encontrando laburos ya sea como albañiles, zapateros, entre otros.
El tano Veltri pudo terminar sus estudios de Perito Mercantil en la Escuela 18 de Madariaga y José C. Paz, de Lanús Este.

Entre los paese, había entablado amistad con Syria Poletti, escritora que en poco tiempo, después de haber llegado a la Argentina, logró una fama por su obra narrativa. Más que escribir, el tano Veltri leía y leía, a los clásicos, a los narradores europeos y cuando ya estaba en la Argentina, a los escritores del Boom.
Al inaugurarse la Biblioteca Latinoamericana de Lanús, fue nombrado Director de la misma. Todo transcurría en forma normal, hasta que un día un enorme animal en el recinto entró en la Biblioteca Latinoamericana con furia inusitada. ¿El animal se había escapado del Circo de Tres Pistas? Venía haciendo estropicios por toda la ciudad de Lanús. Carteles, árboles, automóviles, cables de luz, cayeron en las calles. La alarma de los Bomberos Voluntarios sonó largo rato. La conmoción se tornaba a cada instante más fuerte. No se trataba de Godzilla ni de King Kong ni del Monstruo de la Laguna Negra.

El tano Veltri llamó al Intendente, quien convocó a la Policía Federal, pero no pudieron detener al decidido animal. Al rato, llamó al Gobernador, quien dispuso la orden de habilitar al Ejército para enfrentarlo.

Ya el gigante animal se agitaba dentro de la Biblioteca Latinoamericana, su lomo y su cabeza se movían de un lado para el otro y el techo cedió. Los libros comenzaron a desparramarse. Volaron títulos como Rayuela, Cien años de soledad, La montaña mágica, Paradiso, El tren pasa primero, La casa y el viento, Gente conmigo, El recurso contra el supremo patriarca y La muerte de Artemio Cruz.

Parecía que el extraño invasor buscaba algo especial, porque insistía en seguir derribando paredes, estanterías, escritorios y enciclopedias. De tanto en vez, su cuello se alargaba y con la cabeza hurgaba, hasta daba la impresión que elegía los libros. Pero, ¿qué era lo que buscaba? Sin duda, una obra determinada.

El tano Veltri, presa de la desesperación, lloraba. No entendía nada.
La gente, sobre todo los curiosos, no hicieron caso de las advertencias de los Bomberos, de la Policía y del Ejército que ya estaba llegando al lugar. De pronto, el Dinosaurio se calmó. Su cara mostraba un estado de satisfacción. Huyó hacia el Riachuelo. Llevaba un libro entre sus fauces, cuyo autor era un tal Monterroso.



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