cultura-de-jujuy-a-tierra-del-fuego |
El ángel contemporáneo de Alberto Bocco, ediciones Barnacle. Por Pablo Queralt
19.07.2026 01:36 |
Noticias DiaxDia |
La luz y los colores firmes en las pasiones y la fijeza del ojo como interrogante: amar es amar la luz de una ilusión? Enunciados sucesivos hacen mapas sucesivos, registro del poema, una discursividad que marca la significación en un concierto de flujos y universos de lo que se registra, del devenir, en esa transistancia de versos hacen que los actos, el poema suceda. Se produce el pasaje, la articulación de maquinismos que hacen funcionar el territorio del pathos, caminar por un universo que engloba todos los universos del viaje y el sueño del ángel. Lo sutil, su sabor es la música y el perfume del ángel contemporáneo, en su vis poética, un inteligible que capta el alma de la materia:
“la errancia del ángel contemporáneo
él sabe de su condición material pero
evoca y está convencido que la luz
los rayos enteros están en su interior
viven escondidos a la espera”. En las alas del ángel es el vuelo viendo la legión, su oscuridad, su sombra, su brillo, como una máquina de versos que se articula dando la realidad del alma entre los objetos de ese territorio y los existentes. Una máquina que se encuentra con otra máquina engendrando distintas plusvalías. Este universo creado en los múltiples matices de las miradas en cada vuelta de rueda, haciendo su juego entre lo terrenal y lo celestial, haciendo su configuración, su percepción. En el panóptico del observar y discriminar lo frúctil de lo innecesario y lo vital entre la pesadilla y el sueño que dibuja la luz de una siesta sin tristeza, su mirada inteligilible, sentado en el umbral del vacío entre el pasaje de lo temporal y el sin tiempo, hace nido esta construcción que se adentra atravesando la materia y la forma como un espíritu crítico, agudo y observador. En una luz difícil de llevar, que nubla el mirar, sostener el modelo, un temblar, lo visceral habla y escribe su relato, que hace arder lo que toca, que hace vacilar y llorar. Hay una musicalidad “de penas de bandoneón” por momentos, que hacen ver la película de Wenders, con su sequito de ángeles correteando por estos versos, farfullando la tangedia del ángel: “El ángel contemporáneo nunca llegó a ser un ángel, nunca pudo tampoco alcanzar la talla humana. Es apenas un ente material, no angélico, no humano; su condena: deambular, oír sin escuchar, sin alegría reír, sufrir sin aprender.” La definición de ángel nos dice que es un ser sobrenatural cuya misión es servir a Dios y proteger a los seres humanos, es el mensajero, un intermediario, y contemporáneo es todo lo que sucede, existe a un mismo tiempo que otra, en la época actual, es conciencia de lo temporal y actualidad según Agamben es aquel que no acepta el tiempo que le tocó, se resiste a aceptar la moda actual. Y buscar metáforas y metonimias del brillo que no brilla, de la nube que ha dejado así la mirada, en aladas y ojos que atienden esa lanza del silencio, del odio macerado, -no olvidar ni perdonar lo que los ojos vieron-, para que no sea vana la visita del ángel, la pacifica placidez, el vértigo del alba, aquello que persiste y se traslada porque no mueren los seres comunes, a uno le sigue otro los que mueren son los Einstein, los Buonarotti, Mozart, Borges no hay otros para esos, y si mueren. El ángel contemporáneo bien lo sabe, y cuida de ellos y los que vienen. Entre dos palabras es el infinito de números, el silencio del silencio, la oscuridad que advierte al ángel lo que sucederá, porque hay que tener cuidado con ella: la palabra puede hacer versos libres, como puñaladas, fuera del tiempo y el espacio la voz que nombra la palabra.
Katábasis (pesadilla del ángel)
Investido de nueva carnadura
lo sorprenden las cosas que descubre
hay nuevos animales que padece
que pareciera que estuviesen vivos
mas ocurre que la voz de aquella luz
dibuja sombras donde no se esperan
músicas arrojadas al olvido
son quién sabe de qué oscura tierra
el ángel descubrió que existen sueños
la pesadilla del que no comprende
un tic tac de reloj en una siesta
y una puesta de sol que lo atormentan
difícil de entender son los humanos
no habiendo disfrutado de sus fiestas
de las risas al sol o en la penumbra
sin rendirse jamás a la tristeza
así es de breve la experiencia suya
la carne con el pie sobre la tierra
camina y una ráfaga de frío
sopla fuerte y le pega en la cabeza
sí así sucede siempre y así pasa
el solo miedo es lo que se cosecha
cuando esté para siempre en la llanura
donde crecen los vivos y los muertos
los lobos con sus ojos encendidos
harán allí tronar el escarmiento.
Orden terrenal
Él desconoce algunas cosas
el palabreo musical de los poetas
o las muecas del tahúr
el susurro en los huesos del que hablan
a escondidas aquellos que meditan
Es que parado en las piedras del planeta
no está en sus pies la firmeza de la luz
ahora y aquí ya no es el cielo
y aquella dimensión es un incendio
un calzado varios números más chico
en los pies de su corazón radiante
acaso por eso el ángel contemporáneo
ve latir un temblor en su mano diestra
y un paso vacilante que debe sustraer
a las miradas curiosas de la insidia
¡…y ese ruido! —grita
es el zumbido del enjambre —le responden
pero el desconcierto no se retira y no puede
oír la voz que le dicta en su cabeza
entonces ordena que sus querubines
vuelen en manada y paren el bramido
que se extingan también los aparatos
del aire acondicionado.
------------------------------------------------------
Huéspedes inhóspitos
Se adentra a ciegas como un niño en los
incontables aposentos de la compleja
casa de caramelo de sí mismo. (*)
Thomas Pynchon
Ha recobrado su condición alígera pero
gran pesadez lo retiene anclado
en su sola condición terrena
y unas imágenes desconocidas lo pueblan de voces
—Te has hecho substancia, materia y forma
para la razón y la virtud— escucha
el ángel contemporáneo se convence a sí mismo
—No todo es así…
—… El tercero excluido es un sesgo valioso— dice
—La no contradicción a mi poder
—Lo perfecto y lo inmóvil tienen falla
no son como mis verdades y la luz
todo lo que cambia con la potencia y el acto
en este río que soy que no se detiene—.
—¡Polemos… polemos!...pero
algunas palabras y pensares no congenian
con sus hábitos angélicos
lo han llenado de confusión y además
la figura desagradable del que hace preguntas
y pregunta
y no se detiene y lo llena de miedos
de “esa” cosa (no importa cómo la llamen)
todo se ha vuelto demasiado humano…
Lo despiertan unos ladridos en la cama
bañado en sudor busca tocar sus alas
pero no las encuentra
entre las últimas imágenes un hombre
se aleja en harapos rodeado de perros
lleva una lámpara y ríe con fuerza
tira su escudilla y se pierde
por entre las luces del día
su carcajada es un puñal de la oscuridad
que retumba en la vigilia.
La amenaza (Mnemosine titánide) (*)
Retoza todo ángel fuera del tiempo
y desconoce la voz que nombra la palabra
memoria que se urde con la hebra del tiempo
y los latidos de los muchos corazones
medita el ángel contemporáneo
sumido en su envoltura de carne y transcurrir
no comprende qué son aquellos ruidos
ecos de voces golpeando contra qué piedras
que llegan de tierras que llaman el pasado
son murmullos
fragmentos de palabras que brotan
entre dientes podridos y lo amedrentan
buscan ir por él
voces que cantan en fúnebres tonadas
la partida de Aidos y de Némesis (1)
los clamores por Diké (2) y repiten
que su edad aquella de oro es el retorno
a una era de hierro que la canción quiere
preservar del olvido y que como un sonsonete
para los niños le recuerda
que ahora es de carne y es de huesos
que su tiempo es el movimiento terrenal y allí sentirá que siempre por siempre
habrá de estar solo.
Crepúsculo angelical
Declina el sol y nadie mira la luz hacia el poniente
en la gran ciudad se camina veloz por la rush hour
entre turistas de andar cansino que toman fotografías
con sus aparatos robóticos
pero vos detuviste la mirada en el cielo
el ocaso adivinándolo tal vez en el cambio de los colores
en alguna sonoridad
en un amarillo final
cierto naranja detrás de animosos ruidos
o el rojo en pos del azul demacrado por los avisos de la noche
recordaste que a campo abierto te gustaba verlo hundirse
la última rodaja decías
un punto de brillo apagándose y ahora como aquellos
de la caverna que todo fabulaban por su sombra
vos hiciste igual con los colores y el sonido
con la pura imagen de la luz pero
bajaste la mirada y el mundo en movimiento
el azar… otra vez
en las grandes pesadillas y en las grandes urbes la noche
te dijiste
llega
cae
nadie mira ni te acompaña
una piedra sigilosa golpea
raja el cristal de tu callada vidriera.
------------------------------------------------------
FIN
Sus ojos tienen el brillo nublado de quienes miran sin ver porque su atención está capturada por la sombra de una idea. Sueña que está soñando y esos ojos ven la figura que lo interpela. Le habla pero el soñante no entiende el sentido de las palabras.
Ahora sale del sueño anidado y vuelve al original donde sus alas han caído y se disgregan con el viento en medio de la hojarasca. Con las opacidades reaparece la figura; la voz es firme y las palabras yacen tersas delante de sus ojos, trazan hacia el cerebro una línea de entendimiento, se dibujan en la memoria, estallan en la vigilia, quedan allí.
En el despertar la figura permanece, ahora silenciosa.
En el aire brilla el mensaje: los presuntos eternos nunca comprendieron que los humanos parten de la nada y van en camino de la nada. Desandan el sendero solos, sólo son entre otros, uno con todos.
El soñante ha despertado y entiende pero no puede comprender. Tampoco esa otra realidad que la imagen desde sueños que se enredan martilla en su mirar: nadie es dueño de su segundo siguiente, comprenderlo para vivir como inmortales hasta cruzar la línea de llegada, inamovible, ahí.
El ángel contemporáneo nunca llegó a ser un ángel, nunca pudo tampoco alcanzar la talla humana. Es apenas un ente material, no angélico, no humano; su condena: deambular, oír sin escuchar, sin alegría reír, sufrir sin aprender.