Mar 04.Ago.2026 18:11 hs.

cultura-y-comunicacion-  | 

El revólver de Mayakovski. Matthew Dickman por Pablo Queralt

Edición Salta el pez

04.08.2026 16:39 |  Noticias DiaxDia  | 

Una extensión de enumeraciones y lagos de poemas parece componer la estructura de este artefacto El revólver de Mayakovski. En un cierto modo Ginsberg narra el presente de una ausencia, la muerte. Y es el hermano y sus fantasmas que sobreviven en el imaginario poético de un yo que transcurre en ese halo, estela del recuerdo. Como salido del gatillo del revólver de papel dibujado frente al espejo las imágenes del ser querido en la voz áspera del whisky en la garganta entonando un blues del dolor, del olvido y el recuerdo. Un discurso libre, intimista, confesional donde la palabra sigue siendo el medio esencial pero no único en este cortocicuito de ritornelos y cadenas de significaciones, ruptura de sentido, dando conformaciones espaciales y puntos de singularidad. La materia prima privilegiada es la sentimental en sus largas enunciaciones metafóricas de escenas privadas y públicas, como agenciamientos de transferencias existenciales de aquí a allá. Un pegar la oreja de un estado actual de las cosas a un estado anterior, como referencias del sensible en su paso, una escucha en las relaciones no captables, en los modos teritorializados de subjetivación. Y allí lo que puede ser vivido en el tándem binario ser-nada. En la inmediatez de los versos, las representaciones, donde cuerpos sintagmáticamente inertes perfectamente articulados funcionan muy bien en un sistema realidad, pasión, temor, odio, tristexa, alegría, conformando el universo emotivo sensorial del poema. Un desear estar en casa manejando atravesando la ciudad siempre odiada igual que la gente que vive allí, un imaginar en 10 millones de partículas al hermano fuera del cementerio bebiendo su cerveza, su añoranza. Alguien tendrá que atajar el misticismo de su ADN en las cosas que dejó en el alma y el cerebro fuera de las cosas sin importancia como recordar el nombre de quién se amó, es realmente importante? Esa y 200 preguntas más que desencadena la ida de un ser querido en el ser-ahí se perfilan en el devenir de versos. Las horas que estuvo los segundos que duró, son tema, obsesión, la de alguien que se pregunta si puede creer la historia que se cuenta a si mismo. Y en esa plática, con el hombre que va consigo, ver la ropa exactamente de su peso y altura, pila de los recuerdos que se aparecen en este inventario- libro, alrededor de los sentimientos que flotan en su ausencia, territorializando su cuerpo para volver abrazar lo inalcanzable, sin botellas, ni rodillas raspadas, ni curitas, ni navajas suizas, ni piedras del barrio, ni punk, ni rock allí en el cielo. Imágenes disparadas como por un avión que pasara por el cielo, deseadas para imprimirlas en un mundo de donde no se debió salir, donde podría seguir caminando. Rumiando: tal vez estas sean unas vacaciones para su corazón. Escenas cotidianas con detalles alucinantes, así espacios enormes creados como por un pintor minimalista, siguiendo el orden del caos que todos llevamos. Poemas largos casi prosa narrada, que ven desde todos los puntos y vistas al ser perdido, saliendo de una superficie donde la mente crea un mundo que se pone a prueba y desaparece, intimista, obsesivamente. El dolor se queda allí demasiado tiempo o el que necesita para poder entender lo que no se puede, no se quiere y solo murmura “quiero que el suelo donde está enterrado mi hermano sea el mismo campo en que estoy parado, así cuando el viento sople como en Halloween él me escuche decirle ¿sentiste eso, no te dio miedo?” Donde el dolor crece como células y cada uno bien metido en su cuerpo esté para que cada uno se lo saqué del suyo. Este libro es una sensación, de estar en un barco, de ponerse unas zapatillas nuevas, sentir que se puede correr más rápido que nunca la bio, si es que vas a vivir.
































síganos en Facebook