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Nunca seré porteño. Ramón Altamirano. Tiempo de Parque Ediciones. Por Pablo Queralt
15.10.2026 06:15 |
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Un legado una declaración poética del donde, el cómo y el porqué, sello y marca de un estilo de ser, que busca su topus en el lugar natal, al fin la patria es el nacer del poema, los versos, las palabras y silencios que hacen la grafía del ser ahí. Se narra un legado del agua, sus plantas, árboles en la escritura cristalina de versos en secretos y anécdotas citadinas de plazas, estaciones de servicio, calles y avenidas, sueños y pensamientos bajo el cielo de Constitución y su salida de trenes, de cara al sur. Por de pronto un zumbido, el movimiento de aguas del riachuelo o la calle Cochabamba, dando una musicalidad de imágenes y sonidos, en una textura de descubrimiento, identificación, que trabaja el registro de heterogénesis forjando potentes bloques de representabilidad. Es en esa propia inmersión en la cosa caos-mica que depende sus posibles conquistas, su acceso a universos mutantes y entrada a sus registros de alteridad. Cartografía de sudestadas, heridas por hachazos a las manzanas por milicos, repiquetear de bombos de piqueteros surcando a orillas de las autopistas. Las sillas de las veredas de parrillas de barrio donde se ve subir la loma de pasados con presentes en un mismo friso que la mente del poeta ofrece, hay un corso e ricorso del imaginario que marca la realidad lirica del poemario que va y viene de los distintos sentires evocados, haciendo sus líneas de sentido. Teatralismos, puntos Zen que pueden encontrarse a contrasentido, lapsus, aporías, o a través de engranajes institucionales y citadinos. Los Domingos y Tuñon se acercan a la mesa entre los árboles, la avenida y su luz, donde no se le niega el plato a ningún descangallado. Se huele tango, milanesa, asado, y chori y birra multi -tienda porteña adquirida al no ser- ser porteño que dibujan su estela. Como la luz de la luna paseándose por la gala porteña que va con el caminante que bordea las imágenes que crecen en su mente de Camaloti. Como podría decir Gramsci es tan fuerte el apego como el desapego como un tango de Carriego desde su umbral viendo a Buenos aires pasar y pasar. La pandemia y Dios presente en este friso de ciudad que es Buenos Aires y no podría ser otra, sus voces oxidadas, sus esquinas, sus colectivos, su 4x 4 tan genuino como un solo de Hendrix o de un zorzal o tango de Charly, donde mira el corazón o donde vive? En esa complexión familiarista remodelando su inmanencia, su territorio. Una reconstrucción narrativa que más allá de lo informático hace una cristalización existencial encarnando roles puntos de vista ¿donde reside la verdad? Es un frente a frente sin inhibiciones en una multiplicidad de otros. Escondites y refugios de vecindad por estas tierras que repartió Garay y las villas que habitó el loco René con su gambeta futbolística, endiablada y voladora por los campos de juego del Globo de Parque de los Patricios, esa miseria compartida que se despliega por sus páginas exploradoras. Casitas del poema que asoman al terraplén entre el basural y los desperdicios y la ciudad cambia pasando su limite a la prolijidad, limpia y bonita, completando la estética del sentido en la linealidad escrituraria. Es el vértigo del cuerpo sin órgano, andar rápido para no enviscarnos con los aspectos de existencia, la extrema pasión. Entre vinilos y entonaciones las disquerías ocupan su lugar, el ruido de la púa en el surco aseguran la idea de época, de eternidad de mundo, la facticidad de ser, su dimensión esencial de finitud. Coagula, implota abismos de angustia en injertos de transferencia del ayer al hoy. Frontera de los versos y de las casa del niño y del yo pisando el patio que da al monte de donde nunca se fue, para no perder el sentimiento vital, modalidades y singularidades de la auto alteridad que hace su danza maquínica en sus focos de enunciaciones para hacer de ello un mundo que se cuida de ir demasiado lejos por mucho tiempo. Arrastra sus pies, sus letras por el barrio de los fernet, paco y sexo de los jóvenes en recuerdos de cuando el perrito perezoso se dormía entre dos, son esas cosas que afirman al ser. Un grafiti que pinta esta constitución de la galaxia llamada libro, polifónica, complejizable, singularizable en sus infinitas texturas, e intensidades.
Nunca seré porteño
nunca seré porteño
aunque he pasado mucho tiempo aquí
alquilando o entrando a
una hipoteca interminable
siendo padre de dos hijos
porteños
y quedándome solo como tantos viejos
porteños
nunca seré porteño
aunque ha pasado tanto tiempo
y sienta que tampoco soy provinciano
nunca seré porteño
en mi cartografía de la ciudad
en vez de monumentos hay árboles
al mirar la 9 de julio no veo
la avenida más ancha del mundo
veo una colonia de ibirapitás
cuando estallan sus copas vestidas de oro
nunca seré porteño
en la Plaza Garay está la escuela de arte de mis niños
pero la vista se me va al sitio
donde el falso caoba retoña cada vez que lo cortan
y en octubre se llena de flores blancas
y hojas con forma de pezuña de vaca
nunca seré porteño
aunque en mi pueblo ya nadie me reconozca
nunca seré porteño
ni en la muerte lo seré
“nacido en Entre Ríos” dirá una etiqueta
pegada en la urna funeraria
que lleve mis cenizas
en mi pueblo se preguntarán
habrá un lugar / un purgatorio / un topos arbóreo
algo
para los que se fueron y
ya no son de aquí.