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Roberto  Goijman

Por Roberto Goijman

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Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1953. A los 21 años aparece en las listas de la “Triple A” y pasa a la clandestinidad. Se exilia en 1976 perseguido por la Dictadura Militar.
Organizador de Encuentros literarios, difusor de la Poesía Patagónica. En 1997fue destacado por la provincia del Chubut por enriquecer a las Letras Chubutenses. Director de Ediciones Patagonia.

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Muerto el rey Viva Shakespeare


 

 

Muerto el rey Viva Shakespeare

15.11.2014 08:48 |  Goijman Roberto  | 

Calzarse la corona y caminar a pleno sonido del clarín, de a poco sitiarse ante las obras de Shakespeare. No como simples obras teatrales sino revivir reaccionando en ese van y vienen.

Hoy imperan patriarcas travestidos en la Europa decadente, y a pesar de la revolución francesa, de sus decapitaciones, las aún vigentes monarquías sobrevivientes entre polvo y telas de arañas, se mantienen como una posible salida política para cuando los regímenes presidencialistas, no puedan supuestamente, contener los levantamientos populares. Ellos, desde su sillón, desde sus reyes, desde ese pasado de oro exuberante traficado por piratas a su encargo, esperan retornar lo que la lucha de los pueblos les ha quitado.

Hamlet, no fue cualquiera, ni la leyenda de Edipo tampoco, desde la Atenas o la Esparta desencantada, con sus filósofos y la acumulación de los dioses; o la Roma, otrora imperio de rey de reyes, no pudo sobrevivir; y hoy, sólo quedan apenas sus ruinas. Las creencias podrán mantener la expectativa pero no basta para retornar a ese pasado de la inquisición que nos lego la espada y la cruz, destruyendo lo mejor de las culturas de nuestro continente. Todavía España, esa vieja inquisidora, reivindica esta conquista y su robo, orgullosos se sienten de esas matanzas, aún se creen dueños de esta Ixachilan, y se niegan la Republica, a pesar de los dos millones de votantes de Cataluña que han pedido la ruptura con el centralismo monárquico, como hace ochenta años; la misma cuantía de muertos Republicanos en la guerra civil; y la monarquía que sobrevivió de la mano del fascismo, y las bombas lanzadas por la aviación nazi, antesala de la Segunda guerra, y el surgimiento del oscuro Pio XII.

No todo lo que reluce es oro, “No todo se puede desarrollar a tu orgullo, no todo se puede ver. Hay otro mundo invertido de espaldas al abrazo del útero donde respira el mar”, digo en mi poema que suelo leer siempre acompañado de alguna guitarra o charango. Es una cantata, un canto épico que sobresale al presente, donde uno siente la voz amplificada de nuestros antepasados gritando, enfrentándose a los asesinos que llegaron con sus caballos, y junto a ellos las armas de pólvora. La misma inventada por los chinos en su lejano imperio y que hoy pretenden retomar. Todos se preparan así para una nueva conquista, no sólo de país perdido o isla solitaria sino continental, no les basta entender que no podrán solucionar el hambre, menos les interesa pensar que la riqueza pueda ser equitativa, parten del concepto: El hombre debe ser dominado por el hombre, como la ley de la selva donde sobrevive el más fuerte, de allí que al León le han puesto su corona. México, es el gran ejemplo de la promiscuidad política y económica, pero a cien años de su gran revolución zapatista, a inicios de la Era Maya, la historia de a poco comienza a escribirse de otra manera. La masacre de los estudiantes normalistas no sólo ha generado conmoción en el mundo, su crimen nos traslada a la época de la inquisición y de sus reyes. En su búsqueda aparecieron otros cientos de cadáveres y cuyos dirigentes políticos, alcaldes, gobernadores, forman parte de esa red mundial, económica, esclavista y militar, de la trata y el narcotráfico, que supera al Imperio del opio.

Opiados estamos. Así está todo hoy, reyes, obispos, presidentes, imperios que determinan cómo gobernar la humanidad, aún a costa de su destrucción. Shakespeare no sólo escribió una época, a través de ella pudo reescribir un tiempo, memoria para el presente; pero las huestes existen, los reyes bajo la soltura europea se mantienen, nada es estativo, todo fluye ante la acción y la reacción, la gran revolución, aunque diferente a las del siglo XX, viene marchando. Y rodarán cabezas, de arriba y de abajo. La brutalidad humana llegará a su pico y a su fin. De allí se escribirán las historias del nuevo teatro, y junto a las bandas musicales con sus clarinetes y bombos, guitarras y teclados, trombones y platillos, dejarán atrás este acontecer que no tiene colofón!

 

 

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