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CARLOS SANTOS: POESÍA Y TRANSPARENCIA, por David Antonio Sorbille

22.03.2026 10:25 |  Noticias DiaxDia  | 

La poesía, más allá de su definición etimológica, es un estado del alma, por el cual nos sensibilizamos ante la realidad externa, y los dictados de nuestro espíritu. En ese afán de transmitir una determinada experiencia, la libre vocación del poeta es insuficiente para describir la totalidad de un tema, pero tiene la virtud de elaborar sentimientos e imágenes que asombran por su contenido. Es así, como la idea y la materia componen el verbo del poeta: es un destino de palabras que se afirman a través de una voz propia y esencial. Esa unidad entre lo real y lo íntimo, tiene en la figura de Carlos Santos, el impulso y la grandeza de una poesía en plenitud estética e ideológica. Su manejo del idioma, la claridad de sus conceptos, el hallazgo de una forma libre para expresar la soledad recreada en pasión y búsqueda, en nostalgia y protesta, en cansancio y música, conforma el canto de un poeta consagrado. Carlos Santos, nació en la Ciudad de Buenos Aires el 13 de septiembre de 1933, y aunque perteneciente a la generación poética del ’60, el desarrollo de su singular lirismo sólo responde a una escuela que rescata el espacio histórico de los juglares. Esa condición fue la que lo distinguió, además de la coherencia de sus convicciones, desde su adhesión al Partido Comunista al que renunció, hasta padecer el ostracismo y la exoneración de su trabajo bancario en los años de la dictadura militar de 1976. Con la vuelta de la democracia en 1983, recuperó su trabajo del que finalmente se jubiló en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, así como fue asiduo visitante de tertulias literarias y centros culturales que reconocieron la originalidad de su obra. Adscrito a un fervoroso humanismo socialista, ha sido crítico de los gobiernos burgueses y respetó con reservas, la experiencia peronista en los albores del ‘45. Compañero de causas justas, mantuvo permanente interés por los derechos humanos y sostuvo un militante antiimperialismo que difundió ampliamente. Carlos Santos, fue contemporáneo del movimiento poético “El Pan Duro” en la década del ‘50, pero no formó parte de ese grupo inspirado en Raúl González Tuñón; por lo tanto, su itinerario no admite influencias visibles, sólo algunas improbables cercanías. En 1973 integra la lista del Movimiento de Escritores por la Liberación en la SADE, junto a Humberto Constantini, Raúl Larra, Roberto Santoro, Armando Tejada Gómez, Lubrano Zas y Héctor Negro, entre otros. Elogiado por poetas como Elvio Romero y Sigfrido Radaelli, Carlos Santos ha sido definido por Gerardo Torres como “Poeta sereno por profundo y no profundo por sereno”. En su poema “Los Adolescentes”, nuestro poeta dice: “Yo no estoy –nunca estuve- / en la superficie engañosa de las cosas”, lo que significa contemplar lo subyacente a partir de la hondura de sus versos que se afirman en una certeza: “y solo un milímetro de tiempo separa / la realidad del sueño”. Autor de “Motivo para un libro” (1954), “El Labriego y su Tierra” (1959), “Apertura a la Alegría” (1974) y “Pura Transparencia” (2000), donde reunió el conjunto de su obra inédita, producto de años de prohibiciones y condenas a los autoritarismos de turno, con los siguientes títulos: Oda a la Pura Transparencia, Miscelánea, El Hermano Invisible, Transfiguración y Muerte de don Antenor Patiño, Adán y Eva y las Tinieblas y Crónica de Tres Amores. En todas estas singulares creaciones, el vuelo de su extraordinaria imaginación nos permite disfrutar la sabiduría de una palabra viva que recorre infinitos caminos, paraísos e infiernos, emocionadas evocaciones, memorias de adolescencia, amores, sueños, frutos, penas, desafíos, camaradas perdidos, alegrías, paisajes, cábalas, profecías y estremecimientos. Lubrano Zas, consideró que: “Santos nos habla de un hombre encendido y escindido, ni protocolar ni neutro, sino vivo y empeñado en adecuarse a la tierra”. Asimismo, conmueve la reencarnación del poeta Roberto Santoro, secuestrado y desaparecido el 1º de junio de 1977 por el terrorismo de estado, en la poesía de Santos como “El Hermano Invisible”, a quien le han roto el corazón pero jamás podrán callarlo. En una nota sobre Santoro publicada el 7 de noviembre de 1973 en el diario Época, Carlos Santos señalará proféticamente: “Cuando nos toque reflejar la realidad que nos oprime, sepamos ver, aun en los momentos más difíciles, más desesperantes, a los anónimos y abnegados luchadores en puja constante con la adversidad, a fin de que ellos estén también en nuestro canto”. Nuestro poeta obtuvo numerosos premios, entre los que destacamos: Primer Premio Sociedad Argentina de Escritores -filial La Plata- en el Certamen Literario “Roberto Themis Speroni”; Segundo premio en el Primer Concurso Latinoamericano organizado por la Revista Literaria “Amaru” en 1977; Primer premio de poesía en el Primer Concurso Literario organizado por la Asociación Bancaria, en 1989; Primer premio de poesía en el Certamen Literario “Almafuerte”, convocado por el Club Atlético Banco de la Provincia de Buenos Aires -La Plata y Primer premio en el Certamen Nacional de Poesía del Banco Nación en 1991. Pero, seguramente, lo que más lo movilizó fue la opinión que le mereció a Raúl González Tuñón en una nota publicada en el Clarín Literario del 29 de noviembre de 1959, que marcó el camino de su notable dedicación: “Hay en este autor una voluntad de canto que se anticipa como ancha y firme promesa. Exultado y exultante a la vez y hondamente preocupado por el destino del hombre. Carlos Santos tiene algo que decir al mundo y cuenta para ello con un instrumento de cualidad incuestionable en lo que atañe al manejo del idioma”. El 7 de agosto de 2004, Carlos Santos falleció en la Ciudad de Buenos Aires, y su aporte a la historia de la poesía es tan auténtico como reconocer la sencillez y honestidad que lo celebran como uno de nuestros mayores poetas contemporáneos.

Bibliografía
Santos, Carlos; Pura Transparencia, Editorial Nueva Generación, Buenos Aires, 2000.


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